La confianza vence al miedo
19º domingo del tiempo ordinario
La confianza vence al miedo
Evangelio: Mt 14, 22-33
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despidió a la gente y subió al monte a solas para orar.
La barca en que iban los discípulos sin Jesús fue sacudida por las olas, alborotadas por el viento huracanado. Los discípulos, vieron a Jesús andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Cuando Jesús subió a la barca, el viento amainó y llegó la calma.
Par meditar:
“Después que se sació la gente”. Ha tenido lugar la multiplicación de los panes. La gente quiere hacer rey a Jesús, y sus discípulos piensan como la gente: ¡qué bien! éste nos va a dar de comer sin trabajar. Quieren quedarse allí pues el éxito ya está asegurado. Pero Jesús les “apremia” que vayan a la otra orilla.
“ El despidió a la gente y se fue al monte a orar solo”. En la conducta de Jesús se ha revelado el rostro humano de Dios: no soporta que el pueblo pase hambre, se compadece. Pero noactúa con populismo ni triunfalistamente, no busca los votos para que le nombren jefe; él se retira. Jesús, como hombre, tuvo la tentación del poder, y para superarla hace oración.Pero ¿qué pasa con los discípulos que se han ido solos en la barca sin Jesús y con sus sueños de triunfo y de éxito como los grandes y poderosos de este mundo? Pues que al llegar la tempestad, las contrariedades y los fracasos, se encuentran perdidos y atemorizados. La figura de Jesús caminando sobre las olas alborotadas da un respiro de confianza. Pero ¿no será un fantasma o imaginación ilusoria? El re-encuentro personal con Jesucristo disipa la duda.
Cada una y cada uno estamos en el grupo de aquellos primeros discípulos: con nuestras noches oscuras, nuestras dudas y nuestras crisis. Una y otra vez salta el interrogante de quienes aún caminamos por el desierto:¿está o no está Dios con nosotros? Según nuestra fe, Jesucristo es el sí definitivo de Dios a su Presencia de amor en favor nuestro. Pero esta fe tiene que actualizarse continuamente para que los alborotos de la vida no logren sepultarnos en la desconfianza y el miedo. La espiritualidad cristiana es crecimiento en esa experiencia mística que llamamos fe.