"Dadles vosotros de comer"
Domingo 18ºdel tiempo ordinario
“Dadles vosotros de comer”
Evangelio: Mt 14:13-21
“Jesús vio una gran multitud con heridas y con hambre. Movido a compasión, curó a muchos enfermos, y dijo a sus discípulos: Dadles vosotros de comer”.
Para meditar:
”Pobres siempre tendréis con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis”. El reinado de Dios o fraternidad sin discriminaciones no es utopía ilusoria porque se hace ya realidaden la historia como fermento en la masa; pero sigue siendo tarea pendiente. Lo que verdaderamente nos hace crecer en humanidad no es solo y tanto las ayudas que aportemos a quienes las necesitan, cuanto la compasión que inspira esas ayudas y suscita el deseode entregar la propia vida para que todos puedan vivir con dignidad.
En su primera Exhortación el papa Francisco invitó: “salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo”. Lo peculiar de esa vidafue ser totalmente para los demás, saliendo continuamente del egocentrismo. En esa perspectiva evangélica se comprende: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”. Y la Iglesia no es entidad etérea, es la comunidad de bautizados que caminamos en el tiempo como parte de la humanidad.
La compasión dolorida viendo el descarte y la exclusión que tantas personas sufren; y la compasión indignada por la codicia insaciable que nos deshumaniza, son inseparables de la fe o experiencia cristiana como empeño de ofrecer a todos la vida o conducta de Jesucristo. Poner en práctica ese estilo de vida es la única forma de transmitir el Evangelio. Es la propuesta del papa Francisco:”No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: ¡Dadles vosotros de comer! “