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En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.
Para meditar:
A veces nos imaginamos a Jesucristo como una divinidad caída del cielo que pasó por el mundo haciendo prodigios como un profeta itinerante. Pero olvidamos que fue alguien de nuestra raza humana; en todo igual a nosotros; y verdadera realización de nuestra condición humana pues no sucumbió al egocentrismo que también anida en esa condición. Jesùs de Nazaret ante todo y finamente fue un mistico. Su experiencia fundamental proclamada en su bautismo y en momentos cruciales de su existencia, es traída con distintas versiones, en los cuatro evangelio: “este es mi Hijo predilecto”. Jesùs experimento que Dios es “Abba”; se sintió amado, enviado y acompañado por esa Presencia de amor en la que todos y todo habitamos. Esta experiencia mística es la clave para interpretar su vida y su muerte.
Siempre corremos el peligro de reducir el cristianismo a una religión –conjunto de ritos y cumplimientos- olvidando la experiencia mística. Cuando Jesús propone la conversión a la llegada del reino de Dios o fraternidad sin discriminaciones. no amenaza con castigos. Pide que despertemos a esa Presencia de amor que continuamente actúa no slo en el mundo sino en el más profundo centro de nosotros mismos. Ser cristiano significa sobre todo y finalmente participar y vivir en lo cotidiano esa experiencia mística de Jesús. Lo más importante en la Iglesia no son las paredes y torres de los templos, sino las personas que viven esa experiencia mística y se convierten al Evangelio.
Vender todo “con alegría” para conseguir la perla de gran valor. En la espiritualidad cristiana no hay dos caminos: mística y ascesis. Sólo nos humaniza de verdad la experiencia mística. No es un camino de rosas, consuelos extraordinarios. y milagros sobrenaturales sin dificultades ni conflictos. La verdadera experiencia mística prueba su verdad superando las tentaciones, y pasando noches oscuras. Conlleva mortificaciones y sacrificios no porque Dios, “Abba”,Presencia de amor, los necesite o exija, sino como expresión existencial de esa fe o experiencia mística que continuamente inspira nuestro crecimiento en nueva humanidad. Ese fue el camino abierto en la conducta de Jesucristo: pasó por el mundo respirando la intimidad con el “Abba” y siendo totalmente para los demás: curando heribas, incluyendo a los excluidos y combatiendo a las fuerzas malignas que atropellan la dignidad de las personas.
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