"Horizonte para un nuevo año" Jesús Espeja: "Todos hermanos"

"Todos hermanos"
"Todos hermanos"

"¿Dónde fundamentar el compromiso por esa "fraternidad abierta" sin discriminaciones que propone la encíclica 'Todos hermanos'?"

"En el documento se apuntan algunas claves para emprender ese camino, siguiendo el esquema ver, juzgar y actuar"

"Ver que, a pesar del retroceso humano provocado por el descarte mundial; la pandemia lo ha visualizado colocando la economía sobre las personas, hay signos positivos para mirar confiadamente al porvenir"

"Pensar un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas". Este objetivo exige avivar dos categorías fundamentales: amor y fraternidad abierta

"La fraternidad se fragua en 'la amistad social y el amor político', actuando con el corazón abierto al mundo"

Según la encíclica 'Todos Hermanos', la fraternidad es la clave para la esperanza. El empeño por construir un “nosotros tan amplio como el mundo” debe ser horizonte de nuestra nuestro caminar en el nuevo año. ¿Pero dónde fundamentar el compromiso por esa “fraternidad abierta” sin discriminaciones?  No faltan quienes acuden a un “humanismo heroico”. Según la fe cristiana, ese compromiso se  inspira en una Presencia de amor que a todos nos hermana.

Para emprender ese camino en la encíclica se apuntan algunas claves siguiendo el esquema ver, juzgar y actuar.

VER: Realismo y esperanza

La pandemia nos ha enseñado que somos frágiles. Amenazados por la muerte, a pesar de nuestros avances técnicos, somos como Prometeo encadenado porque pretendió robar el fuego de los dioses. También nos ha enseñado que todos somos miembros de la misma familia y que nos necesitamos unos a otros. Pero esa desgracia también pone al descubierto “las sombras de un mundo cerrado, sin un rumbo común”.

En una cultura “vacía, inmediatista y sin un proyecto común, los sueños de unión se rompen a pedazos, se acentúan muchas formas de individualismo sin contenido. La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos pero no más humanos, unifica al mundo pero divide a las personas. Aumentan las distancias entre nosotros, y la marcha dura y lenta hacia un mundo unido y más justo sufre un nuevo y drástico retroceso, por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al ser humano”.

“Si bien nos cautivan muchos avances, no advertimos un rumbo realmente humano. En este mundo masificado, que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia, partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites. No se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si todavía no son útiles.

“Hay un descarte mundial que se expresa de múltiples maneras, su objeto no es solo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos”. El papa llama la atención sobre la esclavitud actual de muchas personas, sobre la discriminación de las mujeres “que sufren exclusión, maltrato y violencia”, y de los migrantes “considerados no suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro. Mientras nuestro sistema social produzca una sola víctima y haya una sola persona descartada, no habrá una fiesta de fraternidad universal”

Hay signos positivos para mirar confiadamente al porvenir. La mejor manera de apagar el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es “sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Pero a pesar de estas sombras densas que no conviene ignorar, Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida”.

Sembrar
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JUZGAR: "Soñemos con una única humanidad"

“Un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas”. Este objetivo exige avivar dos categorías fundamentales: amor y fraternidad abierta.

“Las personas humanas hemos nacido del amor y nuestra vocación es amar. Hechos para el amor, hay en cada uno de nosotros una ley de éxtasis: salir de sí mismo para hallar en el otro un crecimiento de su ser. La altura espiritual de una vida humana está marcada por el amor que rompe las cadenas que nos separan, y nos permite construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en casa. El amor nos pone en tensión hacia la comunión universal. En su dinámica el amor reclama una creciente apertura, mayor capacidad de acoger a otros en una aventura nunca acabada que integra todas las periferias. Dios ha creado a todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos·

La otra categoría, fraternidad abierta, “tiene algo positivo que ofrecer a la igualdad y a la libertad. La igualdad no se logra definiendo en abstracto que todos los seres humanos somos iguales sino que es el resultado consciente y pedagógico de la fraternidad. El ejercicio de la libertad no es dar rienda suelta a las propias ambiciones”; exige ver al otro como hermano y hacer  lo posible para que él también sea libre.

Amor universal y fraternidad abierta “que permiten reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite. “Los grupos cerrados y las parejas auto-referenciales que se constituyen en nosotros contra todo el mundo, suelen ser formas idealizadas de egoísmo y de mera auto-preservación”.

ACTUAR: "Ser buenos samaritanos"

1º. Un corazón abierto al mundo: “Ser hermanos con una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz. Hay que  generar procesos de encuentro que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias”.

“Podemos buscar juntos el verdadero diálogo en la conversación reposada o en la discusión apasionada. Es un camino perseverante hecho también de silencios y de sufrimientos, capaz de recoger con paciencia la larga experiencia de las personas y de los pueblos”.

“El futuro no es monocromático, sino que es posible si nos animamos a mirarlo en la verdad y en la diversidad de lo que cada uno puede aportar ¡Cuanto necesita aprender nuestra familia humana a vivir juntos en armonía y paz, sin necesidad de que tengamos que ser todos igualitos! Hay creyentes que piensan que su grandeza está en la imposición de sus ideologías al resto, o en la defensa violenta de la verdad, o en grandes demostraciones de fortaleza”

Opción por los pobres. Como ejemplo, el buen samaritano. “No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Ante la situación del mundo no cabe la indiferencia como única respuesta posible”.

Al ver al hombre asaltado y tirado junto al camino, “algunos pasaron a su lado pero huyeron; eran personas con funciones importantes en la sociedad que no tenían en su corazón el amor por el bien común. Uno se detuvo, le regaló cercanía. Le curó con sus propias manos, puso también dinero de su bolsillo y se ocupó de él; sin conocerlo, lo consideró digno de dedicarle su tiempo. ¿Con quién te identificas?”.

“Hay periferias que están cerca de nosotros, en el centro de la ciudad o en la propia familia. Y también hay un aspecto de la apertura universal del amor que no es geográfico sino existencial. Es la capacidad cotidiana de ampliar mi círculo, de llegar a aquellos que espontáneamente no siento parte de mi mundo de intereses, aunque estén cerca de mí”.

La fraternidad se fragua en “la amistad social y el amor político”. La conducta samaritana exige el compromiso para que “la sociedad se encamine a la prosecución del bien común y a partir de esta finalidad, reconstruya una y otra vez su orden político y social, su tejido de relaciones, su proyecto humano”.

3º En la constancia paciente. “El bien, como también el amor, no se alcanza de una vez para siempre, han de ser conquistados cada día; pero es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos”. Se trata de un proceso en continua conversión a la fraternidad universal o reinado de Dios.

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