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Transmitir el Evangelio en nuestra sociedad
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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.
Para meditar:
En nuestra sociedad postcristiana nuestro lenguaje religioso ya resulta muy manido. En muchos ciudadanos, incluso bautizados, hay prejuicios, historias, experiencias y vivencias más o menos negativas acerca de a Iglesia, del clero y de la moral católica. Más aún en la indiferencia religiosa no faltan quienes nada quieren saber de Dios ni de nuestras prédicas sencillamente por no les interesan ¿Cóm transmitir el Evangelio?
“Vosotros sois la luz” No dice podéis o debéis; sois. El bautismo significa iluminación; es una profesión pública de la fe cristiana. Y toda la existencia del cristiano es bautismal; su condición y su vocación es ser luz, iluminar. Es misionero no echando sermones e inventando argumentos racionales que convenzan, sino siendo fiel a sus promesas bautismales; con su forma o estilo de vivir; libre de los ídolos o falsos absolutos – tener, poder, aparentar y gozar a cota de lo que sea y de quien sea- que alimentan el egocentrismo individualista.
“Siendo sal”. En un antiguo ritual del bautismo, el ministro depositaba en labios del nuevo cristiano un poco de sal bendecida. Simbolizaba la incorrupción, el buen sabor, la sabiduría que debe ofrecer el bautizado en su conducta. Si le falta ese buen sabor es como la sal amontonada junto al mar Muerto, que la pisotean los viandantes. Pero la sal tiene que mezclarse con los alimentos. No quedar por encima de, ni junto a, ni mucho menos en contra de los alimentos, sino dentro de ellos haciéndolos sabrosos. Por eso la vocación cristiana en nuestra sociedad es ser luz, siendo sal. Es el camino adecuado la transmitir el Evangelio.
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