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La verdadera religión
"La expresión 'voto católico', además de inadecuada, está fuera de contexto"
No hace mucho refiriéndose a una encuesta sobre las elecciones generales, una revista titulaba en portada: “Los católicos apuntalan al cambio de gobierno”. Las distintas colaboraciones matizan aspectos importantes. Pero hay dos constataciones significativas. Primera, “la economía es la cuestión que más influirá en la elección entre los creyentes”. Segunda: “seis de cada diez católicos votarán sin que su credo les condicione”. En seguida se agolpan los interrogantes: ¿Qué tipo de economía está cuestionando a los creyentes católicos? ¿No debe influir para nada su credo en el discernimiento para elegir o no elegir un determinado partido político?
La expresión “voto católico”, además de inadecuada, está fuera de contexto. Inadecuada porque la Iglesia no es un partido político ni debe identificarse con ningún partido político, si bien los cristianos como ciudadanos, según su análisis de la realidad social, pueden optar por un partido. Y fuera de contexto, porque ya estamos en una sociedad laica donde la misión que Cristo encomendó a la Iglesia no es directamente política; es religiosa; y la fe cristina no se impone sino con la fuerza de la misma fe que seduce a las personas.
Pero esta fe o experiencia cristiana conlleva el empeño y el compromiso por construir la fraternidad que solo es posible en la gestión política que sirve al bien común. En consecuencia esta fe debe influir en el discernimiento de los católicos antes de ir las urnas.
Y desde esta fe cristiana ¿es suficiente para un cristiano preocuparse solo de su seguridad económica? La fría lógica del mercado no solo puede corromper la política. Puede prostituir a la misma comunidad cristiana. Mientras que la persona individualista vive obsesionada pensando solo “qué será de mi”, el verdadero creyente también piensa y actúa pensando qué será del otro que sufre la injusticia y la miseria.
La fría lógica del mercado, sin espacio para la gratuidad, se ha impuesto en nuestra cultura. Se puede sospechar que la preocupación de muchos cristianos por la economía no supera esa visión individualista. En esta sociedad que es la nuestra los cristianos debemos aportar en las necesarias mediaciones políticas la compasión eficaz imprescindible para crecer en humanidad.
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