TRANSFIGURAR, CAMBIAR LA VIDA

Tabor

  1. relatos de luz y revelación.

La luz nos es necesaria y embarga nuestra vida.

         Nos nacen: nos dan a luz.

         Este relato de la Transfiguración es muy semejante al del Bautismo de Jesús: en ambos relatos se abre el cielo, son textos llenos de luz, vestidos resplandecientes, se oye: “Este es mi Hijo, escuchadle”. La nube, Dios, cubre la escena.

         En la vida nos hace falta luz para vivir, nos hace falta ver.

         En el transcurrir de la vida necesitamos que la luz nos ilumine el camino, los problemas e intuir el horizonte y, por nuestra parte hemos de ser lúcidos.

  1. La Transfiguración: un acontecimiento de luz y oración

No les fue sencillo ni a aquellos primeros discípulos, ni a nosotros ver en Jesús, un hombre como nosotros, ver en Él a Cristo, al hijo de Dios.

         Creyente e inteligentemente el papa Benedicto decía en el primero de sus libros sobre Jesús que la Transfiguración es un acontecimiento de oración.[1]

         Este relato es el descubrimiento y encuentro en la fe de los primeros creyentes con JesuCristo. (San Juan lo dice de otra manera: Yo soy la luz del mundo, Jn 8,12).

Los montes.

La Transfiguración acontece junto a Dios (monte) y en oración.

         Las montañas son los lugares más cercanos al cielo, por eso eran consideradas como el lugar de la máxima cercanía con Dios. Jesús está cerca de Dios, Jesús es Palabra de Dios, Jesús es Hijo de Dios.

         Los grandes “acontecimientos” de JesuCristo acontecen en un monte. Estas cosas acontecen cerca de Dios (monte) y en la oración.

  • o Jesús subía y pasaba largas noches de oración en la montaña.
  • o Jesús fue tentado en lo alto de un monte.
  • o Su gran predicación aconteció tras la noche en oración en el monte de las bienaventuranzas.
  • o Jesús toma conciencia de su mesianismo y los creyentes (representados por Pedro, Santiago y Juan) en el monte de la Transfiguración.
  • o Jesús llega a la angustia de muerte en la oración del monte de los Olivos.
  • o Jesús es crucificado en el monte
  • o Jesús llega o vuelve definitivamente a Dios desde el monte de la Ascensión.

         Jesús está cerca de Dios: desde el principio la palabra estaba en Dios, era Dios (Jn 1,1-2) y la cercanía, la luz  de Dios ilumina y orienta toda su vida, la muerte y resurrección de JesuCristo.

         La cercanía de Dios en el silencio de nuestra vida, dejándonos embargar por la nube y la luz de Dios, ilumina y trasfigura nuestra vida.

  1. transfigurar la vida.

         La materialidad de la realidad es importante y valiosa, pero se trata de transfigurar la vida cotidiana.

  • o El ser humano transforma, transfigura los minerales y la energía nuclear en medicina y quirófanos, etc.
  • o Hombres y mujeres lúcidos transforman y transfiguran la biología y psicología en afecto, amistad y familia.
  • o Padres de familia tratan de transfigurar a sus hijos en hombres y mujeres cercanos a Dios: van “sacando de ellos” el homo absconditus: la persona escondida en su interior.
  • o El trabajo humano con su inteligencia y trabajo transforma, transfigura la naturaleza en cultura.
  • o El campesino transfigura el grano de trigo en harina y la mujer sigue amasando el pan en la vida.
  • o Artistas, poetas y cantantes transfiguran la madera, el hierro, la piedra, la palabra, los sonidos en arte, poesía, música transcendente.
  • o La vida de silencio y oración anticipa y transfigura el claustro terrestre en la Jerusalén celestial.
  • o El monte de la Transfiguración transforma las oscuridades humanas en caminos de luz y esperanza, el odio en fraternidad.

Por qué no pensar que es una noble manera de vivir: transfigurar la existencia.

Una vida, una cultura que no transfigura, que no transciende la existencia y sus contenidos, se vuelve intranscendente.

Creer en la Trasfiguración es esperar que esta vida no termina, se transforma. No sabemos científicamente, per esperamos la transfiguración definitiva.

  1. La luz vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron.

Es un texto inquietante, que se repite con frecuencia a lo largo de la historia:         La luz vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron, (Jn 1,11).

         Muchas veces vivimos en tinieblas. Lo vemos en los parlamentos, en la situación de crisis económica, en la corrupción.

Las mismas estructuras y actividades eclesiásticas no transfiguran nada. Repiten palabras, hacen ritos, emanan disposiciones, pero en lo eclesiástico apenas hay luz, ni cercanía de Dios, ni tan siquiera hay un poco de amor.

         Hemos de seguir luchando como buenamente podamos hasta que lleguemos a aquello que intuía Isaías: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz, (Is 9,2) y, de nuevo como en el Génesis, la ciudad, la convivencia social y política, las estructuras eclesiásticas no necesitarán ya ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la luz de Dios, Ap 21, 23

         Como en la Transfiguración, también resuena para nosotros.

Éste es mi Hijo, escuchadle.

[1] J. Ratzinger – Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Primera parte. Desde el Bautismo a la Transfiguración, Madrid, Ed La Esfera de los Libros, 2000, 361.

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