SE TRATA DE SALVAR, NO DE CONDENAR AL HERMANO






01. LA VIDA COMUNITARIA Y SOCIAL, LA IGLESIA NO SON FÁCILES.

Las personas somos seres sociales, comunitarios. Todas las dimensiones de nuestra existencia las vivimos socialmente: en familia, pueblo, Iglesia, ideologías, etc. Desde que nacemos hasta que morimos, somos con los demás en el mundo.
Nos nace nuestra madre, nos va haciendo la familia, hemos asistido a la escuela, crecemos en el pueblo que nos transmite y nos impregna de una cultura, vivimos la fe en y con una comunidad.
Ahondando en estas cosas relacionales: amar significa otra, otras muchas personas junto a mí en la vida; la sexualidad en el fondo es un diálogo de amor; la fe nos abre al Otro, a Dios, a la comunidad; las fiestas suponen una vida celebrativa común, etc., el trabajo y la cultura son cuestiones comunitarias.
Por nuestro modo de ser y de pensar, por los problemas que van surgiendo en la vida, lo comunitario y social es una cuestión difícil. Con todo y con eso, somos seres comunitarios.

02. ¿QUÉ HACER CUANDO UNO HACE MAL, CUANDO HACEMOS O NOS HACEN DAÑO?
El problema está siempre presente en la historia, también en la Iglesia y en el mismo Evangelio (comunidad) de Mateo.
Mateo hace referencia al menos en tres ocasiones a este problema:
+ Mt 7, 1ss No juzguéis y Dios no os juzgará
+ Mt 5, 23-26 Si cuando vas a “Misa”, te acuerdas que estás enemistado, primero reconcíliate
+ Mt 13, 24-30 Una cierta convivencia entre el trigo y la cizaña.
El texto de hoy es una tradición, un modo de resolver los problemas en la cultura judía: repréndele a solas, llama a dos o tres y si no hace caso considéralo pagano o publicano.
La diferencia es que el sentido en que Jesús emplea este modo de actuar es diferente al del AT y a la legislación política habitual.
El punto central de este relato (de la corrección fraterna) es ganar al hermano. Jesús trata de salvar siempre lo que estaba perdido. La finalidad de JesuCristo no es condenar o castigar o encarcelar, sino ganar al hermano, encontrar la oveja perdida, acoger al hijo perdido, recibir en el Reino al buen ladrón.





03. CORRECCIÓN FRATERNA.

Corrígele a solas, si no, llama a dos o tres y si no lo tratas como a un pecador o publicano.
La corrección es un signo de gran y delicado amor.
En una comunidad cristiana, como en la familia, todos somos acogidos con nuestras limitaciones y con nuestro pecado, pero en la comunidad cristiana, si es comunidad y si es cristiana, no somos juzgados si nos equivocamos, somos absueltos cuando somos culpables, somos buscados cuando nos perdemos, somos perdonados cuando pecamos.
La corrección fraterna no es condenar o castigar o expulsar, sino insinuar las limitaciones sin odio, sin espíritu de crítica, sin venganza, sin rencor.
El objeto de la corrección fraterna no es decir que yo tengo razón y tú estás equivocado y además de tonto, eres malo. El objeto de la corrección no es sancionar para que escarmientes. El objeto de la corrección fraterna es ganar al hermano.
El hermano está muy por encima de las ideologías eclesiásticas y políticas. El amor y la caridad son muy superiores a una justicia entendida desde intereses eclesiásticos y políticos.
o No pocos obispos y curas condenan, castigan y expulsan desde una ideología religiosa, pero no con el Evangelio del Señor. Hay obispos que manejan el báculo como si fuese un bate de béisbol de los skinhead.
o Por otra parte no es lo mismo una lectura política de la realidad y del mal, que una lectura cristiana. Robar no está bien, pero Jesús no le dijo al ladrón en la cruz: eres un ladrón, sino: hoy estarás conmigo en el paraíso. (¿El problema de la pacificación de nuestro pueblo, lo estamos llevando desde el Evangelio y desde la sana corrección fraterna?)
o Me coincide que estas semanas estoy leyendo el libro de Fernando Aramburu: “Patria”, en el que de una manera histórico novelada hace una descripción del problema vasco. Podría decir que es un libro antítesis del evangelio de hoy. Es una lectura de la realidad impregnada de amargura, produce escozor y no hará bien a nadie, ni a las víctimas ni a quienes causaron las muertes. Una lectura que no transmite paz ni pacificará a nadie.







04. TRÁTALO COMO A UN PAGANO O PUBLICANO.
A primera vista parece como que Jesús está descartando y expulsando a estas personas que hacen, hacemos, el mal considéralo como un pecador y un publicano.
Más bien -desde el Evangelio de Jesús- considerar a uno como pagano y publicano no significa excomulgar a uno de la Iglesia, “echarlo a patadas”. ¿Quiénes eran los preferidos de Jesús sino los publicanos y pecadores? Tratar a una persona como pecador o publicano no es considerarlo como un proscrito, sino como un hijo pródigo.
Este texto da pie para preguntarse hasta qué punto es evangélica la actitud de condena, de excomunión, de descalificación.
Jesús está cerca de los pecadores, para curar enfermos físicos y mentales, para sanar los corazones afligidos. Jesús ha venido liberar a los cautivos, no a retenerlos per omnia saecula saeculorum.
La corrección de Cristo es la redención. Jesús no echaba en cara, acogía, curaba, perdonaba:

o Jesús reconoce con la samaritana que no es feliz porque con tanto “devaneo de cabeza” (cinco maridos) es difícil ser feliz, pero no se lo echa en cara, (Jn 4).
o Jesús no le echa en cara nada a Zaqueo, le hace ver que “hoy” ha entrado la salvación a tu casa, a tu vida, (Lc 9,1-10). , Y esa es la corrección. Corregir cristianamente es acoger y ayudar.
o Cuando le presentan y le acusan te Jesús a aquella mujer, Jesús se incorpora y le dijo: «Mujer, ¿dónde están los que te acusan? ¿Nadie te ha condenado? Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: TAMPOCO YO TE CONDENO.
o Jesús le corrige al “buen ladrón” con la promesa de que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lc 23,43).

Desde el Evangelio de Jesús tratar a un hermano como pecador y publicano es quererle más hasta recuperar la condición de hermano.
Una comunidad fraterna se caracteriza por dar acogida y calor al pecador, al débil.
Podíamos preguntarnos si Jesús está en nuestra asamblea, en nuestra comunidad, familia, parroquia, etc. y si, estando, nos dejamos guiar por Él.

De lo que se trata no es de tener la razón, sino de que nos reunamos en nombre del Señor PARA QUE CRISTO ESTÉ EN MEDIO DE NOSOTROS.

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