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Muere Maricarmen

El César quiere lo que es suyo, lo que no le pertenece, lo de Dios y lo del pueblo.

Tocan tambores de elecciones, estamos casi entiempo de campaña electoral. El evangelio de hoy nos da materia y oportunidad para pensar en estas cosas.

01.  Una pregunta trampa, como siempre

La pregunta que le dirigen a Jesús lleva dinamita y los fariseos y herodianos tratan de encender la mecha, como siempre…

¿Hay que pagar o no los impuestos al César?

  • Si Jesús dice que sí, que hay que pagar al César, le considerarían a Jesús como anti-nacionalista, antipopular, sería un buen herodiano: colaboracionista de Roma y un mal judío. Por tanto los fariseos tendrían motivos para despreciarlo y condenarlo.
  • Si Jesús dice que no hay que pagar, Jesús sería un independendista y revolucionario, lo cual le haría objeto de las iras de los herodianos y del status político de Israel en ese momento.

Se trata, pues, de una pregunta trampa del estilo de aquella que se lanzaba no hace mucho tiempo a los cristianos comprometidos en política, en el mundo del trabajo, sindical, los estudiantes, el mundo rural, etc.[1]: ¿Un cristiano puede entrar en política? ¿Se puede ser cristiano y marxista?, ¿los curas pueden entrar en la vida política activa? etc.

Son preguntas trampa, llevan la lapa pegada por debajo.

02. ¿Separación de poderes?

El relato evangélico que hemos escuchado ha sido utilizado para justificar que la Iglesia no ha de entrar en la vida pública, en política, así como para defender dos esferas “independientes”: la vida pública y la vida religiosa, Iglesia y Estado.

Comúnmente se piensa que la Iglesia se ha de ocupar de sus liturgias y procesiones, mientras el Estado, el César se encarga de la vida pública, del poder, la economía, la sanidad, la educación, etc.

Así -y como consecuencia- se sugería que ni los laicos ni los curas entraran en cuestiones políticas, etc. (Aunque después hayamos visto y veamos maridajes entre jerarcas de la Iglesia y determinados poderes políticos)

Pero la cuestión que aquí, desde este evangelio, se plantea no es la distinción de competencias entre el César y la Iglesia.

Ni el César ni la Iglesia son Dios.

03. Dad a Dios lo que es de Dios.

Dad a Dios lo que es Dios significa, en primer lugar, que no todo es del César, es decir que el poder del estado, de los gobiernos no es absoluto aunque tengan mayorías absolutas.

+     Desde la perspectiva política el poder proviene del pueblo, el poder radica en el pueblo, Pero no es un poder absoluto

Cuando dentro de algunas semanas votemos, alguien obtendrá el poder, pero no un poder absoluto, aunque obtengan la mayoría absoluta.

+     Desde la perspectiva religiosa, en nuestro caso cristiana, los poderes del Estado y en general cualquier poder está limitado por la soberanía de Dios, que es quien ha creado al hombre a su imagen y semejanza.

Yo soy el que soy, (Gn 3,14) le dice Dios a Moisés y el faraón, el César, no.

Así lo expresa también el profeta Isaías en el texto que hemos escuchado: "Yo soy el Señor y no hay otro dios; fuera de mí no hay dios".

Dios, el Absoluto, es la negación de cualquier otro poder que pretenda presentarse como absoluto. Sólo hay un Dios, todos los demás no son Dios.

04. Hay cuestiones en la vida que escapan al César, al poder político.

       El poder político no puede no es capaz de afrontar las cuestiones fundamentales de la vida. El poder político no aborda las cuestiones últimas:

Al poder del César no le interesa la Verdad, sino “su verdad”, la verdad que le va bien a su ideología. Pensemos en Ceuta, “Maricarmen”, Gaza, Ucrania-Rusia, el hambre en el mundo...

Al poder político del César tampoco le interesa el Bien, le interesa lo que es bueno para su partido-ideología.

El César no aborda las cuestiones últimas como el sentido de la vida, ni tan siquiera le interesa el bien y el mal, la ética, le interesa lo que conviene al “partido". El César, los parlamentos legislarán, crearán leyes conforme a su ideología, pero no conforme a la moral. El bien y el mal no están en manos del César, de las ideologías.

+     Del César es prohibir las cenas / comidas solidarias, de Dios es “dar comer al hambriento”. (Mt 25)

+     De los Césares es delimitar fronteras pasaportes, permisos y “papeles”, de Dios es “fui forastero y me acogisteis”, Mt 25,35)

+     De los faraones de este mundo es delimitar patrias y “Ceutas”, de Dios es “no maltratarás ni oprimirás al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”. (Ex 22,21).

+     De los soberanos son las guerras, de Dios es el “bienaventurados los que trabajan por la paz”. (Mt 5).

+     El César, el poder de este mundo busca naciones y patrias grandes, imperios fuertes y poderosos. De Dios es dar sentido a la vida hasta la plenitud de la vida en la patria celestial

Los parlamentos, gobiernos, ayuntamientos, el poder de los césares de este mundo legislarán sobre la eutanasia, el aborto, las migraciones, las fronteras, la vivienda, las cenas solidarias, la educación, etc… tendrán poder, pero las actitudes y criterios de fondo de esas cuestiones y problemas son de Dios y no pueden quedar en manos del César.[2] El Sinaí, el Decálogo, la moral no provienen del César.

El César, el estado no puede erigirse en valor absoluto; ningún poder político: romano o no, cristiano o no, puede arrogarse derechos que están en manos y en el corazón de Dios.

Las monedas de todos los tiempos y las de hoy llevan grabadas la imagen del César. Pues al César lo que es del César: dinero, escaños y poder.

05. La fe es “ineficaz”.

La fe en Dios “sirve de poco” para las tareas de este mundo. Para gestionar la sociedad hay que recurrir a los poderes políticos. Para llevar adelante la sanidad, Osakidetza, para ordenar la educación, para construir una casa de cultura, una ikastola, un polideportivo la fe es “ineficaz”, hay que recurrir a las mediaciones de poder: al Ayuntamiento, al gobierno autonómico, a Madrid…

La fe es muy humilde, pero la fe en JesuCristo tiene otra eficacia enormemente crítica, pues se planta ante las ideologías de poder. El cristiano entra críticamente en la vida sociopolítica, trabaja desde las mediaciones, pero no cree ni en los ideólogos, ni en el poder.

La fe es la instancia crítica última que pone en crisis las tesis del César y ejerce en el creyente una doble función:

  1. Por una parte la fe ilumina el camino de la existencia humana, le confiere sentido, esperanza y horizonte.
  2. Por otra parte la fe es enormemente crítica con lo que supone el “César” para la vida, para la sociedad

El César, el presidente de gobierno, el banquero, el Obispo tienen poder, incluso eficacia, pero mi fe está no está en ellos, está en Dios, no en el César.

El creyente trabaja en la vida desde una ideología, quizás desde un partido, pero no cree ni en Marx, ni en la ideología-partido político, ni en un movimiento eclesiástico determinado… Cree, yo creo en Dios, en JesuCristo, no en el César.

No adoréis nunca al César, al poderoso. A los “césares” echadles -dadles- lo que os piden: votos, escaños, poder, tarjetas opacas, dinero, “Moncloas y Ajuria-eneas” pero no deis al Cesar lo que es de Dios.

La preocupación de Cristo es ante todo salvaguardar en toda situación política las cosas de Dios y de las personas, sobre todo las de los más débiles.

06. Para terminar

Naturalmente que entre los políticos hay gente honesta y honrada, pero a pesar de lo decía que papa Francisco: que la función política es muy digna ya que puede fomentar el bien de la sociedad y una caridad y justicia fraterna /Evangelii gaudium, 205), tengo muy en cuenta lo que la Biblia dice en algunos momentos:

  1. En el libro de los Hechos S Pedro y los apóstoles dicen a las autoridades que les prohibían anunciar el evangelio: “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres”. (HH 5,29).
  1. Mucho había visto, vivido y padecido el salmista cuando escribía ¡y oraba!:

Es mejor es fiarse de Dios que fiarse de los hombres.

Es mejor confiar en el Señor que confiar en los hombres.

(Salmo 118, 8-9)

       Siempre y en todo mejor fiarse de Dios que fiarse de los hombres.

  1. La moneda, los “euros” de todos los tiempos y países llevan la imagen del César. Los cristianos llevamos la imagen de Dios: a imagen de Dios nos creó (Gn 1,27).

Somos de Dios, no del César…


[1] Aquellos movimientos: JOC, HOAC, JEC, etc. desaparecieron en gran medida por el miedo de la jerarquía eclesiástica a estas cuestiones de tipo sociopolítico.

[2] Entre paréntesis: Creo que la vida, la complejidad de la vida es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos”

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