Última hora:
Vox rompe con la Iglesia

Es de mucho consuelo vivir la enfermedad con buenos samaritanos y con Dios

Jesús y la samaritana
Jesús y la samaritana

01.  salud y enfermedad.

Algunas consideraciones sobre nuestra condición de enfermos.

       Celebramos hoy la Pascua del enfermo, que nos puede ayudar a tomar conciencia de nuestra condición de seres débiles y enfermos, así como de configurar nuestra existencia como buenos samaritanos.

       No es fácil pensar y hablar de estas cosas de la enfermedad, enfermos, en la situación de huelgas  y conflictos médico-sanitarios que estamos viviendo estos meses. Pero los enfermos “están -estamos- ahí”.

Cuando gozamos de buena salud (“sanos”) vivimos en una cierta armonía y en las actividades que nos son propias: familia, trabajo, fiestas, etc.

Vivir es un cuidado continuo ante la enfermedad.

Quizás se podría decir que la vida es una continua lucha contra la enfermedad y contra la muerte. La alimentación, el sueño, el vestido, la vivienda, las ciencias son en último término una lucha contra la enfermedad.

02.  Cuerpo y alma.

       El ser humano es uno, una unidad compleja, que en nuestra tradición filosófico-teológica hemos dado en llamar: cuerpo y alma: soma y psyje.

       Hay enfermedades somáticas, del cuerpo, y “enfermedades del alma, del espíritu” (psíquicas). El sujeto de la enfermedad es él mismo, todo el ser humano

       Siempre se da un influjo e interacción entre soma y psyjé (cuerpo y alma). Probablemente no hay enfermedad somática que no influya en el alma, en el espíritu y no hay estado de ánimo que no afecte al cuerpo. Al fin y al cabo el alma es la totalidad de ser “por dentro”, y el cuerpo es la totalidad de ser vista “hacia fuera”, el cuerpo es la expresión del alma, del “yo”.

La psiquiatría y la psicología tienen algo que decir en este campo, si bien no todo lo suficiente.

03.  La enfermedad nos sitúa en lo más íntimo de nosotros mismos. Enferma todo el ser humano.

La enfermedad es una gran crisis (crisol) que se nos puede presentar en la vida y puede cambiar la perspectiva y orientación de la existencia.

       En la enfermedad el ser humano está “muy cerca y muy dentro de sí mismo”. Seguramente durante la enfermedad no falta la compañía de la familia, de los amigos, de la asistencia médico-sanitaria, pero el enfermo vive la enfermedad sólo en su intimidad. Es uno quien vive su propia interioridad enferma, dañada.

Cuando estamos enfermos, no está enfermo un órgano o un sistema de mi organismo. Es todo “mi yo” el que está enfermo y afecta a todas las dimensiones de mi vida: al cuerpo, al estado de ánimo, a las “ganas de vivir”, a las capacidades, a la creatividad, a las relaciones, etc. No es que esté enferma esta parte o aquel órgano del cuerpo, soy yo, todo mi yo es quien está enfermo. La enfermedad “acontece” no solamente en un órgano de mi cuerpo, sino en lo más íntimo de mi ser.

       

04.  El enfermo es un paciente, que no es lo mismo que ser cliente de osakidetza: médicos y hospitales.

       Paciencia y paciente vienen del griego: pathos: padecer. El enfermo sufre, padece. Los padecimientos son diversos en la enfermedad: dolor físico, sufrimientos morales, padecimiento por la decrepitud de la vida que se va o que no está en plenitud de energías y facultades.

La enfermedad nos sume en un mundo de preocupaciones, de incertidumbre ante el futuro que se nos presenta y su posible desenlace: ¿Qué será de mí?, ¿Qué será de mi familia, los hijos, etc.? ¿Qué será el “más allá”? ¿Habrá más allá”?.

       La enfermedad no es solamente una cuestión médica.

Es evidente que las ciencias contribuyen mucho a sanar o paliar la enfermedad; pero nos hará bien afrontar la enfermedad (y la muerte) también con valor, con afecto, con fe, con esperanza.

Y nos será de mucha ayuda y consuelo afrontar la vida, la enfermedad con Dios.

El enfermo no es solamente el usuario pasivo de una serie de servicios sanitarios. El enfermo es sujeto activo. El enfermo es el protagonista de su proceso.

A pesar de su condición sufriente, el enfermo puede ser adulto y tener una madurez en su enfermedad con una cierta serenidad y paz, características de una personas saludables. Puede parecer una contradicción, pero se puede saber vivir sanamente enfermos.

05.  Jesús pasó su vida sanando enfermos.

       Jesús pasó toda su vida sanando dolencias. Jesús cura ciegos, leprosos, neuróticos – epilépticos (endemoniados), a la mujer hemorroísa, paralíticos, ciegos etc.       ¡Cuántas veces Jesús sintió compasión, lástima ante el sufrimiento humano!

Confiar en el Señor es una gran ayuda y consuelo en la enfermedad. La fe y la esperanza ayudan a sobrellevar la enfermedad y, cuando llegue la hora, la muerte.

06.  Buenos samaritanos.

       Siempre en la vida, pero más en las situaciones de sufrimiento físico o moral seamos buenos samaritanos.

       Acerquémonos en silencio al enfermo con simpatía. Simpatía significa exactamente “padecer con”: “compadecer” con calma y amor, en discreción y respeto.

Las personas: familiares, amigos, el pueblo, la Iglesia nos acompañamos en la salud, en el trabajo, en la fiesta, también en el dolor y la enfermedad. Ayudémonos mutuamente en la esperanza.

    No abandonemos a los débiles de la tierra.

Veamos a Cristo en los enfermos.

También te puede interesar

Lo último

stats