Ecumenismo: la unidad no requiere uniformidad
01. Unidad de los cristianos
Hoy, día 25 de enero, fiesta de la conversión de San Pablo, concluye el octavario por la Unidad de los cristianos.
El movimiento ecuménico se inició en el ámbito de la iglesia anglicana a finales del siglo XIX. El octavario por la unidad de los cristianos comenzó a celebrarse en Estados Unidos en 1908 promovido por Watson, sacerdote episcopaliano, que posteriormente se convertiría al catolicismo.
Hoy es un buen momento para pensar sobre el ecumenismo.
Ecumenismo (oikoumene) es un término que proviene del griego “oikos”: hogar y significa: la humanidad conocida. Era usado en el Imperio Romano para referirse a la totalidad de las tierras y pueblos supuestamente civilizados (la humanidad conocida), que coincidía, más o menos, con los pueblos en torno al mar Mediterráneo)
02. que todos sean uno, (Jn 17,21)
En el evangelio de San Juan Jesús muestra ya su deseo de la unidad en la Iglesia: que todos sean uno… Lo cual refleja que ya desde el comienzo sufrieron tensiones e incluso rupturas. Se dieron enfrentamientos y expulsiones entre cristianos de origen judío y de origen pagano (gnosticismo). En la segunda lectura (1ª Corintios) hemos escuchado las disensiones que ya se estaban produciendo en la Iglesia de Corinto: unos eran de Apolo, otros de Pablo, otros de Cefas…
03. Rupturas en la Iglesia.
En la historia de la Iglesia se han producido muchas rupturas, (en el Consejo ecuménico de las Iglesias en Ginebra están federadas más de 300 iglesias). Pero se puede decir que dos son las más importantes:
A. Oriente – Occidente: la iglesia ortodoxa
Es la gran ruptura entre Oriente y Occidente, Roma y Constantinopla, el latín y el griego, dos culturas. Tanto la iglesia oriental (ortodoxa) como la occidental (Roma) ha seguido su camino desde el año 1054 en que se produjo esta ruptura. Oriente siguió su tradición, su teología y concepción diversa a la nuestra (latina) de no pocas cosas: la cristología, la Iglesia, el primado; cultivaron y mantienen una espléndida liturgia en su -sus- idiomas ya desde el siglo XI.
Los latinos (Roma) seguimos otra andadura con nuestros dogmas, nuestra concepción cristológica, eclesiológica, nuestra hierática liturgia, el latín, una concepción diversa del primado, etc.
B. Norte - Sur.
En el siglo XVI se produce la fragmentación de la Iglesia (y de Europa) Norte – Sur.
Lutero (1483-1586), monje agustino, al leer el Evangelio, san Pablo y la Teología desde otros acentos y perspectivas se sintió justificado por Cristo y no por las obras. De ahí surgió la llamada Reforma protestante, que daría lugar a la multiplicidad de Iglesias que irán surgiendo desde el siglo XVI. Son los que, más o menos, conocemos como protestantes: luteranos, que derivar en otros muchos grupos: calvinistas, anglicanos, evangélicos, baptistas, adventistas, hasta más de trescientas iglesias. La Biblia, es la piedra angular de la Reforma con sus principios: sola Fe, sola Escritura, sola Gracia.
03. Hacia la unidad: la unidad no requiere uniformidad
La unidad no reclama uniformidad. Se puede ser uno, vivir unidos en una pluralidad de expresiones teológicas, litúrgicas, morales. La uniformidad, las “unas formas y uni-formes” son más bien propios de otros ámbitos: deportivos, militares, del mundo del espectáculo, etc., pero no del humanismo, ni del cristianismo.
Podemos vivir unidos en la fe en una pluralidad y diversidad teológica, litúrgica, jurídica, etc…
En una futura y deseada unidad cada cual será cristiano en y desde su propia tradición.
La unidad no requiere, pues, uniformidad. H Küng lo expresaba muy bien en un texto que dice:
La Iglesia de Cristo, según el Nuevo Testamento, no es una Iglesia de unitarismo centralista e igualitarismo –y menos totalitario-. No conoce la uniformidad, sin alegría ni libertad, de una organización única o de tipo único de unidad. No entra en la esencia de la Iglesia ni el culto uniforme, ni la disciplina uniforme, ni la teología uniforme. Apoyándose en Efe 4,4-6 se podría más bien afirmar lo contrario.
Pluralidad en el culto: un solo Dios, un solo Bautismo, una sola Eucaristía, pero pueblos distintos, comunidades distintas, lenguas distintas, ritos y formas de piedad distintas, cantos y ornamentos distintos, distintas oraciones y, en este sentido, iglesias distintas.
Pluralidad también en la teología: Un solo Dios, un solo Señor, una sola fe y una sola esperanza, pero distintas teologías, distintos sistemas, distintos estilos de pensar, aparatos conceptuales y terminologías, distintas escuelas, tradición y tendencias en la investigación, distintas universidades y distintos teólogos y, en este sentido, una vez más, distintas iglesias.
Pluralidad finalmente también en el orden eclesiástico: un solo Dios, un solo Señor, un solo Espíritu, un solo cuerpo, pero diversas ordenaciones de vida, diversas estructuras de derecho, diversas naciones y tradiciones, diversos usos y costumbres y sistemas de administración y así finalmente, también en este sentido, distintas iglesias.[1]
Si somos amplios de mente y de corazón, podemos pensar y admitir de buen grado que se puede ser cristiano en las diversas tradiciones cristianas.
Si algún día llegamos a la unidad habremos de pensar que cada uno seguirá siendo cristiano en y desde su propia tradición ortodoxa, reformada o romana.
04. Ecumenismo hacia dentro.
No menos importante es trabajar por un ecumenismo hacia dentro de la misma Iglesia católica, hacia una unidad plural y diversa conforme a las varias tradiciones, culturas, idiomas, modos de pensar, etc.
¿O no se está repitiendo hoy en la Iglesia católico-romana lo que pasó en la comunidad de Corinto. Yo soy de Cefas, yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de tal cardenal o de la tendencia de tal grupo de obispos?
¿No habremos de volver a una unidad plural y respetuosa centrada en JesuCristo?
[1] KÜNG, H. La Iglesia, 329.