La fe es seducción del Señor, no doctrina ideológica

La primera lectura del profeta Jeremías tiene un gran encanto y una fuerza muy viva: Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir… Nos hará bien leer hoy leer la Palabra desde el profeta Jeremías.

       El eje central de hoy pudiera ser: Sigamos a Cristo porque nos ha sobrecogido, nos ha seducido.

01.  seguimos al Señor porque nos ha seducido / seducir

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir, hemos escuchado al profeta.

Seducir[1] significa una fuerte atracción que llama o invita a “salir de uno mismo hacia otra persona, hacia otra realidad”. Seducir es embargar o cautivar el ánimo, el alma. Seducir es ejercer sobre alguien o dejarnos embargar por una gran fascinación y atracción.       

Hay realidades en la vida que ejercen una gran atracción, una gran encanto y seducción: la belleza física y espiritual, el arte (la emoción estética), el sentimiento de pertenencia a una cultura-nación (donde uno ha nacido), la sexualidad, la vocación religiosa, la “llamada” al matrimonio o a la vida religiosa, la fe, los valores de algunas personas, etc.

Jeremías se sintió fascinando y seducido por el Señor.

¿Me siento llamado, seducido por JesuCristo?

01.  La fe es una pasión infinita.

       La fe es el acto (actitud) que embarga toda la personalidad. La fe es una seducción y si no, se convierte en la mera aceptación de una doctrina, de una ideología.

La fe no es una parte, una zona o un momento del ser humano, sino que la fe implica y atrapa toda la personalidad, toda la vida y por eso es el elemento fundamental integrador de la persona humana.

La fe es el acto más central de la existencia humana.

       La fe confiere unidad y sentido -dirección- a todas las preocupaciones y actividades de la persona humana. Uno vive "por" y “para” algo o “por” y “para” alguien. Uno hace las cosas "por algo" que para él es muy valioso, absoluto.

Este modo de entender la fe es en el fondo un comentario a Dt 6,5: Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

02. Fe y Religión

        De ahí que no sea lo mismo fe que religión 

Decía el obispo anglicano, JAT Robinson,[2] que la religión es una parcela delimitada de la vida. La religión es una parte de nuestra vida, pero no embarga toda la vida. La religión es una “provincia delimitada” en la vida del ser humano.

En nuestras actividades cotidianas funcionamos sin echar mano de la fe: familia, trabajo, opciones políticas, diversión, compras, viajes, etc., pero el domingo aplicamos la religión y vamos a Misa; y lo mismo hacemos en algunos otros momentos de la vida: ante un nacimiento: bautismo; ante una muerte: funeral etc. En la vida cotidiana funcionamos “perfectamente” sin fe y con un poco de religión más bien “a ratos”.

Sin embargo La fe es un acto -actitud-  que se produce en el eje vital y constituye el centro de la persona.[3] La fe es una pasión infinita en la gracia y amor de Dios.

       La fe es el acto más central y personal de la mente y del corazón. Cuando uno cree (fe), esa fe impregna toda su vida, todo su pensar y toda su actividad. El creyente (fe) ve y vive toda su vida desde JesuCristo: la vida, la muerte, la enfermedad, la familia, etc…

¡Cuántos casos de fe cristiana absoluta se han dado en la historia! San Pablo en el camino de Damasco (de la vida), S Agustín, Ignacio de Loyola, tras el accidente militar de Pamplona en su larga convalecencia llega a la fe y esa fe cambió radicalmente el sentido de su vida y su modo de vivir. Francisco Xabier, así como también, seguramente, vosotros.

Carácter pasivo de la fe.

Por eso la fe no es una conquista del ser humano que se adquiere como quien obtiene un título académico.

La fe no es algo activo, no es una actividad del hombre... La fe tiene un  “carácter receptivo y pasivo”. Acogemos la fe en nuestra vida.

Algunos ejemplos.

+     ¿Qué hacen -actividad- una joven -o no joven- pareja para encontrarse, enamorarse y quererse? "No hacen nada" sino acoger esa enorme fascinación, ese “tsunami”, esa seducción que les sobreviene en forma de belleza, encuentro, afecto, amor... Ya sabemos que luego habrá que organizar ese tsunami, pero en principio se acoge lo que nos sobreviene.

+     ¿Qué ha hecho -actividad- un joven, cuando descubre su pertenencia a un pueblo, una etnia y decide entregar su vida a tal causa socio.política y patriótica? Su vida ha quedado impregnada de esa realidad: la patria. (Lo hemos conocido ampliamente).

+     Mil veces hemos pasado indiferentemente ante la hermosa Iglesia románica o renacentista de nuestro pueblo y un buen día caemos en cuenta de que es un espléndido "icono" que nos habla de un inmenso mundo cristiano con un universo de sentido lleno de valor. ¿Qué hemos hecho para que se produzca esa "revelación"? Nada sino acoger lo que nos sobreviene, (absténgase turistas y guiris).

+     Cuando san Pablo “cayó del burro”, más que del caballo, quedó seducido por Cristo, lo mismo tantos otros en la historia.

+     ¿Qué hemos hecho -actividad- para que un atardecer, cuando oteamos el horizonte, o una noche profunda nos hablen y nos llamen?

+     Cuando un enfermo terminal ve en su mesilla la imagen de la Virgen de su pueblo o mira su alianza matrimonial, uno se abre y asume infinitos recuerdos, vivencias, que, probablemente, evocan más paz que todas las teologías de la historia.

Quien entiende las pasividades del enamoramiento, del sobrecogimiento del arte, la fuerza arrebatadora de la naturaleza, comienza a entender la fe. Quizás por esto resulte difícil ser creyente en una civilización tan frívola como la capitalista. Todo lo que toca el capitalismo lo hace objeto de consumo, pero no de admiración ni de mística.

Así pues, la fe es el estado de encontrarse poseído (seducido) por una preocupación fundamental.[4]

       La fe no es un voluntarismo acerca de lo que yo voy o quiero creer. La fe es hallarse poseído por el Espíritu, en lenguaje de K. Rahner, por la ultimidad. Creer es sentirse abarcado y embargado por Dios,

Seducción

La seducción es una fuerza “no racional” que “arrastra” al ser humano. “Irracional” no significa que no sea valiosa y buena, mucho menos quiero decir que lo no racional sea algo malo, sino que quiero decir que la fe no depende, al menos no depende exclusivamente de la razón sino de la seducción.

03  Seguir a Cristo es dejarse embargar y seducir por su bondad, por su salvación.

La seducción cristiana es quedar embargado por la gracia, la justificación y la serenidad profundas que nos vienen del Señor JesuCristo.

La seducción del Señor proviene de la acogida del misterio último de la vida, del sentido de todo esto que la vida nos pone en nuestras manos, del amor, de la entrega, de la oración y contemplación.

En la vida, sobre todo a ciertas edades, nos hace bien sentir y vivir en la llamada seductora del Señor. Poco más podremos hacer y nos hace bien vivir según dice el profeta Jeremías:

Tu Palabra era en mis entrañas fuego ardiente, (Jeremías 20,9)

que algo tiene de la calidez de Emaús.


[1] Seducir viene del latín: seducere: se- (que significa «aparte» o «fuera») y ducere (o «conducir»). Su sentido original era «llevar a alguien aparte». La seducción nos lleva “fuera de nosotros mismos” y esperamos, que hacia algo o Alguien positivos.

[2] JAT Robinson, Sincero para con Dios, Barcelona, 1968.

[3] Tillich, P. Dinámica de la fe, 10

[4] Tillich, P. Dinámica de la fe, 99.

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