Gratitud hacia la "pequeña iglesia local".

Una reflexión por el día de la Iglesia diocesana
Una reflexión por el día de la Iglesia diocesana

01   ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?

y vosotros ¿Quién decís que soy yo?

Las expectativas del pueblo sobre cómo habría de ser el Mesías que tenía que venir eran varias. Algunos esperaban un mesías sacerdotal que restaurase el esplendor del templo de Jerusalén; otros intuían un Mesías parecido a un monje, que se retirara al desierto para llevar una vida contemplativa, tipo Qumrám. Los fariseos esperaban un Mesías que restaurase la ley y el sentimiento nacional; los zelotas soñaban con un mesías político-militar, que expulsara de Israel a los romanos.

Jesús provocó no pocas expectativas entre la gente de su tiempo. Sus contemporáneos se preguntaban ¿quién es este?,  quién era aquel hombre tan libre y polémico con los fariseos, sacerdotes, saduceos, con la ley, con las instituciones, con el Templo, etc…

A los contemporáneos de Jesús no les resultó sencillo creer que aquel hombre, Jesús, que convivía con ellos, que discutía con fariseos y sacerdotes, que arremetía contra el Templo, fuese expresión, palabra, sacramento de Dios, Mesías e Hijo de Dios.

¿Y vosotros quién creéis que soy yo? ¿Quién era y quién es JesuCristo?

02. Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Unos decían que Jesús era Juan Bautista, otros que Elías o algún profeta. Hoy en día también hay discusión sobre quién tiene que la verdad de Cristo, unos dicen que tal línea ideológico-religiosa, otros que tal movimiento eclesiástico, determinados obispos van por una línea, otros por otra, etc.

Solamente Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Los discípulos de Jesús comenzaron la andadura de la Iglesia después de Pascua: es entonces cuando empiezan a ser la comunidad creyente en JesuCristo.

La respuesta de Pedro, así como la fe los primeros cristianos, fue fruto de muchas dudas, desilusiones, discusiones, oración: Magdalena, Tomás, los Once, los dos de Emaús, Pedro y el Discípulos amado…

El relato de la Transfiguración de Jesús[1] (Lc 9,28.-36) refleja bien este tránsito en la fe de Jesús (hombre) a Cristo (expresión-sacramento de Dios).

La Iglesia nace y se fundamenta en el Señor resucitado; Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo.

Nuestra vida y la de la Iglesia tienen como piedra angular la fe en el Señor, en Cristo Jesús. El fundamento de la Iglesia es JesuCristo.

       

03. v 18 Sobre ti edificaré mi Iglesia.

Una nota previa a este punto:

Nosotros no tenemos propiamente una eclesiología, sino una “jerarcología”. Cuando decimos Iglesia, propiamente no decimos Iglesia, Pueblo de Dios, sino que decimos: jerarquía, Obispos, Roma, etc. Cuando preguntamos ¿qué dice la Iglesia acerca de tal cuestión o problema?, no estamos preguntando por lo que dicen las comunidades cristianas, el Pueblo de Dios, sino por lo que dice Roma, tal dicasterio, Congregación, etc... cuando decimos Iglesia, decimos “Roma”.

En los tiempos conciliares, cuando se decía Iglesia, se hacía referencia más bien al pueblo de Dios (Lumen Gentium 9), a a la Iglesia local.[2]

Ekklesía: Ekklesia: significa en griego asamblea.

Jerarquía: (gobierno sagrado: ieros: sagrado / arxo: mandar): potestad sagrada

           

       El evangelio que hemos escuchado hoy es considerado como el fundamento de la Iglesia, porque es el fundamento del primado. Quizás por ello luego todo ha derivado hacia la jerarquía y no hacia la asamblea, hacia el pueblo de Dios.

04. La fe en el Señor Jesús  es la que fundamenta -funda- la Iglesia.

       La Iglesia surge de la respuesta a la pregunta: ¿Quién soy yo?

Hay Iglesia donde se cree y se vive el Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Lo realmente decisivo es que todos los que formamos la comunidad eclesial, creamos que Cristo es el Hijo de Dios y lo vivamos. Una comunidad es cristiana cuando sus miembros creen firmemente que JesuCristo es el Mesías, Hijo de Dios.

Y este es el contenido y mensaje, de la Iglesia: JesuCristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado.

¿Quién decís vosotros que es el Hijo del Hombre?

 

05. ¿quién es Cristo para nosotros?

       El cristianismo no es una ideología, ni una doctrina. El cristianismo es una relación personal, comunitaria y siempre amable con JesuCristo.

       Muchos cristianos somos o estamos en la Iglesia pero como quien va a la “farmacia de guardia” o al “Ocaso”.

Ser cristiano es una experiencia profunda con el Señor. Luego se plasmará en la vida como buenamente se pueda. Pero somos cristianos porque tenemos una relación personal con Cristo, el hijo de Dios vivo. La dimensión comunitaria de esta relación con Cristo será la Iglesia.

06.  Vivir en agradecimiento.

       El evangelio de hoy puede ayudarnos a recordar agradecidos la pequeña iglesia en que nacimos: la parroquia de nuestro pueblo, de nuestro barrio, que es nuestra iglesia local. Podemos evocar la educación cristiana recibida en la familia: allí recibimos la fe, allí nos enseñaron y aprendimos a rezar. Igualmente podemos despertar nuestra memoria agradecida a aquellos buenos curas sencillos, catequistas, maestros, profesores que nos transmitieron la fe que ha configurado y alienta nuestra vida.

       A veces pensamos que la Iglesia tiene que progresar, modernizarse… Todo lo que recibimos ya está desfasado, hace falta una iglesia de última generación “como los móviles”… Sin embargo la fe la recibimos en la vida sencilla de casa, del pueblo, de la parroquia…

       Nosotros recibimos la fe cantando villancicos y comiendo turrón en familia en torno al Belén en Navidad. Recibimos la fe en la Misa mayor de la Parroquia del pueblo, en la fiesta del santo patrono, en la oración sencilla del rosario en casa, cuando rezábamos a la muerte de algún ser querido o algún vecino… (allí había sentido y esperanza)…

Nuestras generaciones recibimos aliento vital en la Iglesia de los tiempos del Concilio Vaticano II. Fue un Pentescostés, un Éxodo liberador, y en ese espíritu eclesial podemos seguir viviendo.

Esa ha sido nuestra iglesia y nuestra vida. Todo ello ha configurado y da sentido a nuestra existencia.

A la hora de pensar en la Iglesia, tal vez nos haga bien recordar otras palabras de Jesús: Donde estéis dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo, (Mt 18,20).


[1] Celebrábamos la fiesta de la Transfiguración el pasado día 6 de agosto.

[2]No sin cierto cinismo se decía en los ambientes curiales al finalizar el Vaticano II: los obispos se van pero la curia permanece.

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