Una Iglesia sin Cristo: encerrada, con miedo y triste

01.  Contexto del texto

Jesús no estaba en el grupo de discípulos, en la iglesia naciente; por eso aunque había amanecido la mañana de Pascua, se encontraban al anochecer, encerrados y con miedo a los judíos. Son los contrastes del evangelio de S Juan.

¿No nos podríamos aplicar la situación también a nuestra iglesia? Todavía mantenemos reciente el espíritu del papa Francisco. Su audacia abrió puertas y ventanas, pero los miedos eclesiásticos las fueron tapiando.

02.  JesuCristo resucitado confiere paz, alegría y espíritu, aliento vital

       Poco testimonio de resurrección daba aquella comunidad naciente: aquellos “Diez” (porque faltaban Judas y Tomás), y, sobre todo, faltaba Cristo. Por eso estaban -vivían- con las puertas cerradas y con miedo, tristes, sin paz.

Si el Señor no está presente ni en mi vida, ni en la Iglesia, estamos al atardecer y bien cerrados.

       Cuando el Señor se hace presente en la vida nos confiere paz (paz a vosotros),  se llenaron de alegría (se llenaron de alegría) y espíritu (recibid espíritu santo), que es el aliento vital que Dios infunde al barro humano en el Génesis. Y así llegaron a ser vivientes.

       

La presencia de Xto resucitado impregna, pues,  la vida de paz, alegría y espíritu.

Nos hará bien abrir nuestra vida, nuestra mentalidad al resucitado. Encontremos al Señor en el camino de la vida. Cristo resucitado nos llena de paz, de serenidad y de esperanza, de aliento vital o, más coloquialmente, de ganas de vivir.

03.  Tomás. (Vivir a descampado es difícil. ¿imposible?)

       Tomás no estaba en el grupo.

        El ser humano es un haz de relaciones, no somos islotes en el Atlántico. Somos seres sociales y vivimos en grupo, en familia, amigos, pueblo, en ideologías, en iglesia, en comunidad, etc.

Cuando una persona sale, rompe o le echan de su grupo natural: familia, pueblo, iglesia, ideología, etc., la vida se torna difícil. Cuanto más profunda es la relación que se rompe mayor es el sufrimiento.

Tomás se ha marchado, no cree ya en Jesús con quien había convivido. No cree en el resucitado.

       Pero vuelve al grupo, a la iglesia naciente y llega a la fe: ¡Señor mío y Dios mío!

       Por los más diversos motivos muchas personas han marchado o nos hemos marchado de la Iglesia, del grupo y es muy difícil mantenerse en pie a “descampado” si no vivimos arropados por la familia, los amigos, la sociedad es difícil sobrevivir. Por otra parte nos hace falta en nuestro caso un transfondo cristiano, aunque esta sea pobre.

04.  Tomás vuelve al grupo.

       Al tiempo, a los ocho días,[1] Tomás se reincorpora al grupo. Son “los otros discípulos” los que le comunican: hemos visto al Señor.

       La educación, la fe, la cultura en sentido amplio nos la transmiten siempre “los otros”, la familia, el pueblo, la sociedad, la iglesia. Es muy difícil vivir siempre sólo y al margen.

No se puede ser “cristiano por libre”, como no se puede ser familia por libre o no se pertenece a un pueblo si no es con un cierto sentido comunitario.

       

En la comunidad familiar, social, eclesial pueden darse diferencias, discrepancias incluso enfrentamientos. Pensemos en nuestra propia familia y en la Iglesia de siempre y en la actual: las discordancias son notables.

       Habremos de intentar que el Señor presida nuestra Iglesia. Él y solamente Él es quien confiere paz, alegría y aliento vital.

Se puede vivir en un pluralismo y diversidad eclesial sin maltratar y despreciar al que no piensa como yo.

Cuando Cristo está presente en nosotros, en nuestra memoria eclesial de Cristo nos sana y ayuda a vivir en paz, la ilusión (espíritu), en esperanza y la misericordia.

Decía San Agustín:

"En lo esencial, unidad; en las cosas dudosas, libertad; en todo, caridad (amor)". ("In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas").

       Y como Tomás, solamente a Cristo le decimos:

Señor mío y Dios mío


[1] Y aquí cada cual podemos poner nuestro tiempo personal.

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