La Ilustración, el siglo de las luces nos ha dejado a oscuras

01.  Saber vivir sabiamente.

La primera lectura (Eclesiástico) nos habla de la sabiduría que estaba ya presente en los orígenes de la creación. La Palabra el sentido de todo estaba ya presente en el “big bang” de los comienzo. Antes de los siglos Dios me creó… y mandó a la sabiduría poner su tienda, acampar en la tierra, en la casa de Jacob… Y la Palabra acampó entre nosotros.

En el evangelio hemos escuchado por segunda vez en Navidad escuchamos el solemne prólogo del evangelio de san Juan: En el principio existía la Palabra y la Palabra era luz, vida y creación.

El evangelio de San Juan no sigue el modo de narrar de Mateo y Lucas. Por eso en Juan no hay relatos de la infancia: Anunciación, Encarnación, Nacimiento de Jesús, Belén, pastores, huida a Egipto, Magos…

San Juan se centra en la Palabra, que es JesuCristo: Palabra de Dios: En el principio existía la Palabra y la Palabra se hizo carne, ser humano.

       En las dos lecturas de hoy podemos observar como tiene un punto en común. Las dos nos hablan de la Sabiduría, que no es otra que la Palabra: JesuCristo. La Palabra, la sabiduría, JesuCristo están en el origen de la creación y de la vida. La Sabiduría y la Palabra acampan entre nosotros…

Nuestra palabra.

02.  La Ilustración (el siglo de las luces).

Los occidentales, los europeos estamos muy condicionados por el siglo XVIII, el siglo de la Ilustración, el siglo de las luces. Inconscientemente vivimos con una fe inquebrantable en la razón, en la ciencia, en el progreso, en la tecnología, etc. Es verdad y valioso lo que es demostrable por la razón, por la ciencia.

Es evidente que la razón ha logrado y ha desarrollo para los pueblos y las personas un gran progreso con infinidad de medios tecnológicos que hacen la vida más llevadera.

Ahora bien, ¿la Ilustración -luz-, la sola razón es capaz de iluminar, de ser logos de la existencia humana y de dar respuesta a las grandes cuestiones de la vida y a la complejidad de sus problemas?

       La razón es una extraordinaria facultad del ser humano, es lo que nos constituye en personas: persona es el individuo de naturaleza racional, (Boecio, siglo VI).

En la historia de la evolución, somos los primeros que nos pusimos en pie, con nuestro kilo y medio de sustancia gris (tenemos “dos dedos de frente”), donde radica la inteligencia y el  pensamiento; somos la consciencia del universo, somos creadores de cultura

       ¿Pero nos bastamos solamente con la razón?

Los ilustrados, que somos todos nosotros, piensan que el bienestar, la salud, la felicidad, saldrían de la escuela, de la Universidad, de la ciencia, de la tecnología, etc.

¿Esto es verdad?

Creo yo que el siglo de las luces nos ha dejado a oscuras. El desarrollo tecnológico, económico, político no ha llevado paralelamente el desarrollo personal y humanista.

Sabiduría viene de saber y saber no es meramente almacenar unos conocimientos más o menos científicos, sino que significa saber vivir, y vivir bien, saborear la vida, gozar de la vida, que no es solamente lo somático, sino lo personal...

La Sabiduría no es meramente técnica. Podemos tener la casa y la vida llena de “trastos tecnológicos” y no saber vivir.

  • Hay científicos, universitarios, eclesiásticos, políticos, periodistas cuya vida pueda ser científica, pero no saben vivir, por lo que tampoco sabrán enseñar a vivir.
  • Tampoco la sabiduría viene del esfuerzo moral. Podemos ser unos “titanes” de la ascética, pero no acertamos a vivir. Vivir aplastados por una moral que agobia y no logra nada, no solamente no es sabio, sino que es necio.
  • La Sabiduría viene de la profundidad de la Palabra, de Cristo, de la hondura de Dios. La sabiduría viene de la profundidad de la vida, viene de Dios.
  • La sabiduría radica en la profundidad de la vida: donde se despliega lo mejor de nosotros mismos. Mi existencia no se resuelve en un coche último modelo, ni en la informática, ni en las vacaciones, sino en la profundidad del sentido de la vida, en la honradez, en el trabajo y en la entrega.
  • Hay personas sencillas, seguramente que la mayor parte de la humanidad sin estudios, sin ciencia, pensemos en labradores, pescadores, padres y madres de familia, que son sabias, saben vivir, estructurar sabiamente la vida.
  • La sabiduría viene de Dios: Cuando nuestra vida descansa en la profundidad de la existencia nos situamos ante Dios,  descansamos definitivamente en Dios y ese encuentro infunde esperanza, motiva para seguir luchando a pesar de los pesares, impulsa el corazón, todo encuentra sentido, incluso el pecado y la muerte. Y hallamos una paz y una serenidad profundas, una alegría sin gritos estentóreos de publicidad y marketing.

03.  La sabiduría es Cristo.

       En la profundidad de nuestro ser nos encontramos con el Logos, con la Palabra, con la Sabiduría de Cristo, transparencia y sacramento de Dios.

       Agradezcamos los esfuerzos y logros de los científicos en tantos campos: medicina, medios de comunicación, medios de transporte, tecnología doméstica, industria, etc.

Pero vivamos y enseñemos vivir sabiamente desde la profundidad de la vida, desde la Sabiduría de Dios.

Quizás hoy vivimos en una superficialidad “científica” que no nos permite adentrarnos por los caminos de la Sabiduría de Cristo.

La sabiduría es que Dios “me creó, y nunca más dejaré de existir” (Eclesiástico)

Que la Palabra, acampe también entre nosotros.

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