Sembrar es esperar (esperanza)

01.  La Palabra es como la lluvia, como la nieve.

       El profeta Isaías emplea una preciosa metáfora para hablar de la Palabra. La Palabra es como la lluvia, como la nieve que empapa la tierra y torna al cielo después de haberla fecundado…

       ¿Y qué somos nosotros sino un puñado de barro, de tierra? Dios y la vida nos han hecho de barro (Génesis), de la madre tierra, y ha depositado una semilla llena de vida

02. La semilla es humilde.    

       Un grano de trigo es una semilla humilde, pequeña, pero llena de vida. Un humilde grano de trigo es poca cosa, pero es vida, dará espigas y una cosecha abundante de trigo para el pan que nos alimenta

La vida de la semilla es callada, silenciosa, paciente: va creciendo poco a poco: duermas o veles, de día o de noche la semilla sigue creciendo, desarrollando toda su vitalidad. Aunque nos olvidemos de la semilla, esta sigue creciendo.

La vitalidad de la semilla no depende –al menos no depende solamente- del trabajo humano, de los esfuerzos humanos. La semilla está llena de vida en sí misma. La vitalidad la da Dios, no nosotros.

       Cuando la semilla cae en tierra y es fecundada por la Palabra, por la lluvia, el agua de vida.

       ¿Leo y acojo la Palabra en mi vida?

       

03. La semilla es la Palabra. Valor de la palabra.

       El comienzo (prólogo) del evangelio de San Juan es un canto a la Palabra y a la vida. En el principio existía la Palabra y la Palabra era la vida y la luz de los seres humanos.

       La Palabra es luz, ilumina la vida. Desde niños vamos escuchando la Palabra, palabras del pueblo, tradiciones culturales, palabras de fiesta, palabras de trabajo, palabras de amor, palabras de dolor, de muerte, Palabra de fe. Todo ello va alumbrando guiando nuestra vida. Somos Oyentes de la Palabra , (K Rahner).

       Para nosotros, los católicos, la Palabra ha quedado un poco en un segundo plano. Decía YM Congar (1904-1995) que los católicos perdimos la Palabra (la Biblia) allá en el siglo XVI (Reforma – Contrarreforma) y no la hemos recuperado hasta el concilio Vaticano II (Dei Verbum).

       

El Concilio terminó por decir que la Palabra es “como un sacramento” que tiende a realizar lo que significa.

04. Sembrar es esperar

Sembrar es un acto -una actitud- de esperanza.

El labrador siembra porque espera la cosecha. Nadie siembra por sembrar o para pasar el rato. Se siembra para crear y cosechar vida.

Toda siembra supone que hay que saber esperar (esperanza) con calma y paciencia.[1]

Quizás podríamos caer en una cierta desesperanza al ver cómo va la sociedad, la educación, los medios de comunicación, etc. Tal vez nos haría bien recordar-nos lo que decía Martin Luther King: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol".

Noble tarea sembrar en la vida.

Pero sembremos vida, no fósiles.

Cuesta tiempo que un grano de trigo vuelva a ser espiga y pan. Cuesta mucho tiempo y dedicación sembrar, a veces incluso con sufrimiento. No tengamos prisa. Llegará el momento, la cosecha en la que  el grano de trigo vuelva a ser espiga y pan.

Hay un salmo (125) que puede servirnos para recoger estas cosas de semillas, siembras y cosechas:

Los que siembran entre lágrimas, cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla.

Al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas.

       

Sería -es- una dejación no sembrar palabras sensatas, valores nobles en las nuevas generaciones. No es bueno ni hace bien a nadie dinamitar de los planes de educación la filosofía, el pensamiento, la poesía, la contemplación, el arte, la música, la fe, la teología, la ética.

Quien siembra con lágrimas, recoge entre cantares

Sembremos vida.


[1] La siembra es el paso del Paleolítico al Neolítico: es el tránsito de la caza a la agricultura, que requiere espera y esperanza entre la siembra y cosecha.

También te puede interesar

Lo último

stats