León XIV: "Encomendemos a todos los santos a aquellos que sufren todas las guerras"
Los santos "son mansos frente a la violencia y recompensados por el Padre. Hambrientos de justicia y saciados en lo más profundo de su conciencia. Dispuestos al perdón y abrazados por la misericordia. Desarmados en el corazón, pero protegidos por Dios. Constructores de paz, a quienes Dios llama por su nombre. Perseguidos y ofendidos, pero fuertes en la fe y en la caridad"
Festividad de Todos los Santos en el Vaticano. Desde la ventana del Palacio Apostólico, León XIV reza el último Angelus antes de viajar a Uruguay, Argentina y Perú. Con la mirada puesta en esta travesía, la más larga de su pontificado, Prevost reivindica a "esa innumerable familia de hombres y mujeres" que, antes que nosotros, "anhelaron el océano del amor infinito".
Una "muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas", aquellos a los que "la Iglesia ha reconocido" como santos, pero "también a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce". "Pobres de espíritu, pero ricos en el amor de Dios", con "rostros surcados por las lágrimas, pero consolados en la oración", recordó el Papa.
"Son mansos frente a la violencia y recompensados por el Padre. Hambrientos de justicia y saciados en lo más profundo de su conciencia. Dispuestos al perdón y abrazados por la misericordia. Desarmados en el corazón, pero protegidos por Dios. Constructores de paz, a quienes Dios llama por su nombre. Perseguidos y ofendidos, pero fuertes en la fe y en la caridad", glosó.
Son 'todos' porque, entre otras cosas, "la santidad no se puede reducir a ningún cálculo, porque así es el bien que todos los santos han difundido a su alrededor en el mundo". ¿Qué simbolizan en el mundo, y la Iglesia, de hoy? "Los santos y las santas son el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene; es más —como enseña Jesús—, que ya está entre nosotros", subrayó el pontífice.
Una "multitud bienaventurada" que "abarca los más variados orígenes, culturas y situaciones de vida", pues "la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos". "Este es el mensaje lleno de esperanza de la fiesta de hoy: Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso", finalizó el Papa, quien rogó a la Virgen y a los santos "para que no nos cansemos de construir la paz, tanto en los hechos más importantes como en los más sencillos de la vida cotidiana".
En sus saludos posteriores, León XIV saludó la beatificación, en Georgia, de Pedro De Corpa y cuatro compañeros, frailes menores, asesinados por odio a la fe, en 1597, que dieron su vida como "misioneros del Evangelio". Así, agradeció el trabajo humanitario en Ucrania. "Espero que este necesario gesto de humanidad haga crecer la voluntad de diálogo, y lleve a nuevas iniciativas de paz". "Encomendemos a todos los santos a aquellos que sufren todas las guerras".
También, intercedió por los Juegos Olímpicos Juveniles de Dakar, "el primer evento olímpico organizado en el continente africano", un "signo de esperanza que viene del mundo del deporte". También recalcó que el 15 de noviembre tendrá lugar la Operación por los pobres en Roma, una iniciativa de los franciscanos "que pone a los pobres en el centro". Asimismo, recordó la celebración, mañana, del Día de los Difuntos, "la inmensa familia de hermanos y hermanas que nos han precedido (...). Recemos por los difuntos, especialmente por aquellos a los que nadie recuerda".
