El Papa pide a los fieles "no vivir la fe con un espíritu de contraposición u hostilidad hacia el mundo"

En su audiencia general desde la plaza de San Pedro, León XIV reivindica el papel de la Iglesia en la promoción de la cultura porque "es un bien en sí misma y un servicio al ser humano y al cumplimiento de su vocación en la tierra"

El Papa saluda a los fieles al comienzo de la audiencia general
El Papa saluda a los fieles al comienzo de la audiencia general | RD/Captura

"El Concilio Vaticano II no podía dejar de hablar de la cultura y de sus relaciones con la fe cristiana". Lo reconoció esta mañana en la audiencia general el Papa, y a ese tema le dedicó su catequesis, centrada en esta ocasión en el segundo capítulo de la segunda parte de la Constitución pastoral Gaudium et spes (GS), documento al que ha venido consagrando sus últimas alocuciones Robert F. Prevost.

Comenzó el Pontífice recordando que "la Iglesia católica siempre se ha preocupado por acompañar la predicación del Evangelio con la creación de escuelas de todo tipo, destinadas a promover la formación humana, cultural y espiritual de hombres y mujeres de los cinco continentes".

Parejas de recién casados escuchan al Papa durante la audiencia general
Parejas de recién casados escuchan al Papa durante la audiencia general | RD/Captura

"La Iglesia –prosiguió– promueve la cultura porque esta es un bien en sí misma y un servicio al ser humano y al cumplimiento de su vocación en la tierra. Por esta razón, Gaudium et spes exhorta a la comunidad internacional a procurar que todos puedan acceder a los bienes culturales fundamentales, superando el analfabetismo y la falta de instrucción".

Expresó el papa Prevost que "la fe es una realidad encarnada, entretejida con la cultura en la que está inmersa" y que "está llamada, asimismo, a hacerse cultura, es decir, a llegar a la persona en su entorno vital, constituido por palabras humanas, tradiciones, sentido religioso, arte y poesía, pensamiento y ciencia", remarcando que "la fe puede encarnarse en cualquier cultura, porque no se identifica de manera específica con ninguna de ellas", sino que "habita en ellas y las configura desde dentro según la «forma» de Jesucristo, es decir, mediante la caridad, el servicio y el reconocimiento filial de la paternidad de Dios".

El Papa bendice a dos niños en la Plaza de San Pedro
El Papa bendice a dos niños en la Plaza de San Pedro | RD/Captura

En este punto, el Papa recordó que Gaudium et spes "nos recomienda no vivir la fe con un espíritu de contraposición u hostilidad hacia el mundo, la cultura y sus expresiones humanas" y que "alcanzar una síntesis madura y responsable entre la fe y la cultura es, en efecto, una condición necesaria para perseverar en la vocación cristiana, pero también un requisito indispensable para dar testimonio de la fe ante el mundo y comunicarla a los demás de manera creíble". 

A la hora de los saludos a los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa, recordando la proximidad del mes de noviembre, donde la Iglesia intercede de manera especial por los difuntos, invitó a rezar por ellos. Y a pocos días también de la solemnidad de Todos los Santos, invitó "a dirigir la mirada hacia esa inmensa multitud de hombres y mujeres que se presentan ante nosotros como un signo profético de la vida futura; una vida que tiene ya su comienzo en el compromiso y el testimonio cristiano de nuestra existencia terrenal".

Los fieles abarrotan la plaza de San Pedro en la audiencia general
Los fieles abarrotan la plaza de San Pedro en la audiencia general | RD/Captura

Texto de la Audiencia General 

¡Hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos! 

El Concilio Vaticano II no podía dejar de hablar de la cultura y de sus relaciones con la fe cristiana. Lo hace en el segundo capítulo de la segunda parte de la Constitución pastoral Gaudium et spes (GS). 

La Iglesia católica siempre se ha preocupado por acompañar la predicación del Evangelio con la creación de escuelas de todo tipo, destinadas a promover la formación humana, cultural y espiritual de hombres y mujeres de los cinco continentes. Las universidades medievales nacieron, como sabemos, del seno de la Iglesia y contribuyeron de manera decisiva al desarrollo de la civilización occidental. Al mismo tiempo, el progreso de la cultura y de los conocimientos plantea interrogantes siempre nuevos y más profundos, que estimulan a los creyentes a dar razón de su fe (cf. 1 Pe 3,15-17). Por último, en cuanto expresiones de la dimensión espiritual del ser humano, las diversas manifestaciones de la cultura contribuyen a abrir las mentes a las preguntas permanentes sobre el sentido del mundo y de la existencia humana, preparando así el camino para acoger el Evangelio de Jesucristo. 

El Papa saluda a los fieles en la plaza de San Pedro
El Papa saluda a los fieles en la plaza de San Pedro | RD/Captura

La relación entre la fe y la cultura encuentra su fundamento principal en la Encarnación: si la Palabra divina se hizo carne y habitó entre nosotros (cf. Jn 1,14), también la fe es una realidad encarnada, entretejida con la cultura en la que está inmersa. La fe está llamada, asimismo, a hacerse cultura, es decir, a llegar a la persona en su entorno vital, constituido por palabras humanas, tradiciones, sentido religioso, arte y poesía, pensamiento y ciencia. Como solía repetir san Juan Pablo II: «Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida». 

La fe puede encarnarse en cualquier cultura, porque no se identifica de manera específica con ninguna de ellas. Habita en ellas y las configura desde dentro según la «forma» de Jesucristo, es decir, mediante la caridad, el servicio y el reconocimiento filial de la paternidad de Dios. Así, la Iglesia descubre en las diversas culturas todo lo que hay en ellas de bueno, bello y verdadero, para encarnar y transmitir el mensaje del Evangelio. Al mismo tiempo, puesto que ha sido «enviada a todos los pueblos de cualquier tiempo y lugar, no está ligada de manera exclusiva e indisoluble a ninguna raza o nación, a ningún modo particular de vivir, a ninguna costumbre antigua o reciente. Fiel a su propia tradición y consciente, al mismo tiempo, de la universalidad de su misión, puede entrar en comunión con las diversas formas de cultura; comunión que enriquece tanto a la propia Iglesia como a las diferentes culturas» (GS, 58). 

La Iglesia promueve la cultura porque esta es un bien en sí misma y un servicio al ser humano y al cumplimiento de su vocación en la tierra. Por esta razón, Gaudium et spes exhorta a la comunidad internacional a procurar que todos puedan acceder a los bienes culturales fundamentales, superando el analfabetismo y la falta de instrucción. Todos aquellos que tienen capacidad para acceder a los estudios superiores —afirma con valentía el Concilio— deben contar con las condiciones necesarias para poder hacerlo efectivamente. Además, es «deber de todos procurar que se reconozca y promueva la participación propia y necesaria de la mujer en la vida cultural» (GS, 60).

Además, Gaudium et spes sostiene la necesidad de orientar la enseñanza hacia cierta unidad del saber, aunque las condiciones de vida, al haber cambiado, puedan hacer más difícil esta tarea (cf. GS, 61). Los cristianos son los primeros que deben esforzarse por realizar esta unidad sapiencial, ante todo en sí mismos. Aunque hayan recibido de la Revelación las respuestas a las grandes preguntas de la existencia, esto no los dispensa de una paciente formación intelectual y cultural. Por el contrario, sus conocimientos humanos y científicos deben avanzar al mismo paso que los contenidos de su fe, que han de profundizar continuamente a medida que avanza su edad y según el nivel de sus estudios. 

El Concilio dirige una exhortación particular a los teólogos: «Quienes se dedican a las ciencias teológicas [...] empéñense en colaborar con los hombres versados en las otras materias, poniendo en común sus energias y sus puntos de vista. La investigación teológica, mientras profundiza en la verdad revelada, sin perder ccontacto con su tiempo, a fin de facilitar a los hombres cultos en los diversos ramos del saber un más pleno conocimiento de la fe» (GS, 62). 

Hermanos y hermanas, la Constitución Gaudium et spes nos recomienda no vivir la fe con un espíritu de contraposición u hostilidad hacia el mundo, la cultura y sus expresiones humanas. Al contrario, nos exhorta con estas palabras: «Vivan los fieles en muy estrecha unión con los demás hombres de su tiempo y esfuércense por comprender su manera de pensar y de sentir, cuya expresión es la cultura» (GS, 62). 

Alcanzar una síntesis madura y responsable entre la fe y la cultura es, en efecto, una condición necesaria para perseverar en la vocación cristiana, pero también un requisito indispensable para dar testimonio de la fe ante el mundo y comunicarla a los demás de manera creíble. 

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