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Todo el viaje del Papa a Francia, #primeroRD

De Babel a Pentecostés, el Papa defiende en la Unesco la sagrada igualdad de todo ser humano: “Todos nacemos desnudos y necesitados”

“La más terrible de las ‘obras humanas’ es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar” clama León XIV, quien insiste en que “la paz no puede construirse sólo con tratados” sino sobre la base de la justicia

El Papa, en la sede de la Unesco

“No es la dominación de Babel, sino la paz de Pentecostés, la que hace posible la comunión entre todos los pueblos. Cada cultura alcanza su más alta sabiduría cuando busca la paz y el bien de todos, dando testimonio del auténtico significado de nuestra humanidad”. El Papa León XIV trazó una hoja de ruta para la paz y la sagrada igualdad de todos los seres humanos durante un histórico discurso en la sede de la Unesco.

Un discurso importante, por lo que dijo Prevost, y por la decisión de hacerlo en la sede del organismo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que a las puertas del 75 aniversario de la entrada en el mismo de la Santa Sede se ve amenazado por los recortes que Donald Trump quiere implementar y que ponen en serio riesgo su continuidad. El Papa, que llegó como “testigo de la paz”, reivindicó el trabajo de la Unesco como “un interlocutor privilegiado al servicio del bien común” y a un objetivo globl: “construir juntos un mundo justo”.

Y es que la justicia, junto a la paz y a la promoción de la igualdad de todos fueron los ejes de la intensa alocución del pontífice, que constituye el proyecto original de este viaje a Francia.

El Papa riega un árbol en la sede de la Unesco

Tras renovar “el compromiso de colaboración de la Santa Sede” con la Unesco, invitó a considerar a la institución como “un lugar donde la humanidad reflexiona sobre sí misma, sobre su historia y sobre su futuro” puesto que “es imposible promover la educación, las ciencias y la cultura sin promover la vida del hombre y de la mujer, quienes son sus protagonistas”.

¿Qué significa ser humano?

Así, Prevost hizo suyo el proyecto del “pacto educativo global” lanzado por Francisco, y animó a explorar “¿Qué significa ser humano?”, una “pregunta fundamental” especialmente “ante las tragedias que, lamentablemente, se repiten incluso hoy en día”. 

“Ante todo, la persona humana es alguien que es concebido y nacido; por lo tanto, ser humano significa, en primer lugar, ser un hijo. Ninguno de nosotros eligió serlo. Nadie decidió de quién, cuándo o dónde nacer. Esta verdad evidente arroja luz sobre algo que no es meramente biológico, sino ético: como hijos, todos somos hermanos y hermanas. Desde el principio, nuestra humanidad es un don y una prueba, una promesa y una responsabilidad”, subrayó el pontífice, quien recordó que “todos nacemos desnudos y necesitados. Somos pobres por nacimiento: necesitados de pan y de palabras, de cuidados y de afecto; es decir, de todo aquello que nutre el cuerpo y el espíritu”.

Todos nacemos desnudos y necesitados. Somos pobres por nacimiento: necesitados de pan y de palabras, de cuidados y de afecto; es decir, de todo aquello que nutre el cuerpo y el espíritu

“Lo sabemos bien; y, sin embargo, al volvernos adultos, corremos el riesgo de olvidarlo”, señaló León XIV, quien advirtió que “olvidar las circunstancias de nuestro nacimiento oscurece la idea misma de la vida humana, porque separa la vida de la historia que todos compartimos”. Entonces, “esta vida ya no se entiende como un don, sino como un producto. Deja de verse como una llamada al cuidado y a la responsabilidad y se convierte en un producto susceptible de explotación”, lamentó.

La Unesco recibe al Papa

Belleza, verdad y justicia

Junto a ello, el Papa recordó que “mantener viva la memoria de nuestra humanidad común es reconocer su grandeza —es decir, su inmenso potencial—, aunque se vea menoscabada por tantas formas de maldad e injusticia”. Frente a ello, abogó por defender “la belleza de nuestra libertad”, una belleza que “tiene un nombre: justicia”.

“Sí, la libertad es hermosa cuando se orienta hacia el bien y la verdad; se desfigura cuando degenera en arbitrariedad, violencia o sed de poder”, glosó el Papa, quien recordó que “ser humano implica, entonces, una responsabilidad ante la historia”.

Debemos reconocer que la más terrible de las ‘obras humanas’ es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar

“Debemos reconocer que la más terrible de las ‘obras humanas’ es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar”, denunció León XIV, quien recordó, echando mano del preámbulo de la Unesco, que “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”.

“Los Estados fundadores de la UNESCO entendieron que los tratados son necesarios, pero no suficientes por sí mismos. Requieren una cultura de paz y un compromiso compartido con la paz, que los sustenten”, resaltó el pontífice, quien añadió que “la paz no puede construirse sólo con tratados, ni con compromisos entre fuerzas opuestas. La paz es auténtica cuando brota de la virtud de la justicia y no de un simple contrato, de una voluntad recta más que de un equilibrio inestable de intereses”.

Aplausos a León en la Unesco

Inteligencia y humanidad

Las amenazas, o desafíos, a la educación o la ciencia, vienen hoy de la tecnología, con el reto de la Inteligencia Artificial como eje. “Nuestros esfuerzos en este ámbito deben garantizar que las nuevas tecnologías sigan estando al servicio de la persona humana, en lugar de convertirse en un instrumento más de dominación e injusticia”. 

En este ámbito, abundó el Papa, “la paradoja resulta cada vez más evidente: mientras se atribuye ‘inteligencia’ a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas”.

“El ser humano es, sin duda, aquel que nace, pero también aquel que muere. Nuestra dignidad no se ve destruida por la enfermedad ni por el sufrimiento, ni depende de nuestras capacidades. Al contrario, exige un cuidado amoroso en cada etapa de la vida”, recordó, en la misma línea de la defensa de la vida apuntada en su primer discurso en Francia. 

“Como hombres y mujeres de ciencia, están llamados a cooperar incansablemente en nombre de nuestra historia común, para que, desde una diversidad de perspectivas, surja una convergencia de visiones y, de esa convergencia, una armonía en la acción”, apeló directamente a la audiencia, reividicando la armonía en torno a dos imágenes contrapuestas: la Torre de Babel y la plaza pública de Pentecostés.

El director general de la Unesco y el Papa, con el libro de la paz

Babel: el poder de la dominación

En primer lugar, “la Torre de Babel representa una unidad impuesta mediante la dominación”, que se refleja “en el sufrimiento y la injusticia causados por el despotismo, así como en formas de explotación que hieren tanto a la sociedad como al medio ambiente”.

“Como enseña la historia, muchos imperios se han dejado llevar por su poder antes de ser consumidos por él y derrumbarse como una torre. El resultado de esta soberbia, primero exaltada y después abatida, es la dispersión” que llevó a que “en vez de alcanzar el cielo, como pretendía, la Torre de Babel se derrumbó”.

“Hoy contamos con medios capaces de conectar a las personas y a los continentes de manera instantánea; sin embargo, al mismo tiempo, somos testigos de nuevas formas de aislamiento, de pobreza material y espiritual y de abandono”, advirtió Prevost, quien incidió en que “sin un fundamento ético compartido, los numerosos canales de comunicación corren el riesgo de multiplicar la información falsa y dar vigencia a palabras desprovistas de significado, lo que obstaculiza el diálogo en lugar de fomentarlo”. 

Discurso del Papa en la Unesco

“La inteligencia artificial amplifica este problema”, reconoció, aplaudiendo la iniciativa de la Unesco en torno al programa de Alfabetización Mediática e Informacional, “que promueve el uso responsable de los medios y las herramientas digitales”.

Junto a la justicia y la educación, la verdad. Sin ella, apuntó el Papa, “el lenguaje queda sometido a la lógica de la violencia y a la voluntad arbitraria de los poderosos”. Así, “se excluye a otros en nombre de la ganancia, y se mata a inocentes en nombre de la libertad”.

“En lugar de respetar la ley, quienes están en el poder la invocan cuando les conviene y la ignoran cuando les limita, tratando incluso a la justicia misma como si fuera una mercancía que se puede comprar y vender”, subrayó.

La paz de Pentecostés

En este sentido, el Papa animó “a toda la comunidad internacional a prestar especial atención a la protección de los niños y los jóvenes”, para lograr que “la corrupción de la cultura” encuentre “su redención en la plaza pública de Pentecostés”, momento en el que el mundo lograba “celebrar la paz que sana toda ofensa contra la persona humana”. Una paz diversa, pues “la comunión no suprime en absoluto la diversidad. Más bien, permite que la diversidad florezca en la armonía de las voces y los rostros”.

El Papa firma en el libro de honor de la Unesco

“En el anuncio de la paz, la riqueza de las culturas se convierte en portadora de una verdad universal”, abundó León XIV. “No es la dominación de Babel, sino la paz de Pentecostés, la que hace posible esta comunión entre todos los pueblos. Cada cultura, por tanto, alcanza su más alta sabiduría cuando busca la paz y el bien de todos, dando testimonio del auténtico significado de nuestra humanidad”.

“Quienes se dedican a la educación saben que sólo la verdad nos hace libres”, añadió el Papa, quien pidió a todos recordar “que hay una sola Tierra para todos y una naturaleza humana común” y que “no se puede comprender al ser humano separando lo que forma parte de un todo”.

El cuidado que prestamos a los más pequeños y a los pobres: los niños en el vientre de sus madres y en los distintos escenarios de guerra; las personas con discapacidades físicas e intelectuales; los adultos mayores; los migrantes y los refugiados; y todos aquellos a quienes la arrogancia excluye por considerarlos improductivos

Cultivar la cultura

“No es casualidad que toda cultura, según la propia etimología de la palabra, se refiera al acto de cultivar”, sugirió León XIV quien renovó “la llamada de mis predecesores a cuidar juntos de la persona humana y de la creación”, comprometiéndose especialmente con “el cuidado que prestamos a los más pequeños y a los pobres: los niños en el vientre de sus madres y en los distintos escenarios de guerra; las personas con discapacidades físicas e intelectuales; los adultos mayores; los migrantes y los refugiados; y todos aquellos a quienes la arrogancia excluye por considerarlos improductivos”.

“Ellos son la verdadera prueba de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana”, proclamó el pontífice, quien recordó: “Donde prevalece la paz social, los pueblos prosperan en justicia”.

Volviendo a la Unesco, el Papa incidió en que, “ante las numerosas y complejas urgencias de nuestra época, el mundo mira a las instituciones internacionales con sentimientos encontrados”, que pasan por “una crisis de eficacia”. En este punto, “la Santa Sede desea infundir esta confianza en la UNESCO, al igual que en las demás organizaciones internacionales, consciente de que cada pueblo posee una riqueza que compartir en la búsqueda del progreso auténtico que solo la paz puede garantizar”.

El Papa, con el director general de la Unesco

“Cada niño que nace trae consigo esperanza. Cada hombre y cada mujer que dedica su vida a la búsqueda de la verdad realiza un acto de esperanza”, concluyó el Papa, haciendo un llamamiento para que “la UNESCO dé testimonio de esta esperanza al promover el entendimiento entre las naciones, a través del diálogo entre sus respectivas culturas”.

Porque “si todos nos dedicamos con coherencia a nuestra magnífica humanidad, la paz podrá finalmente florecer”. Un trabajo en el que “las tradiciones religiosas desempeñan un papel culturalmente necesario e insustituible, y las religiones expresan nuestras inquietudes ante el origen de la vida y su fin”.

“Cuando los hombres y las mujeres de buena voluntad orientan sus acciones hacia Dios, el pluralismo de las culturas no se dispersa en el caos de Babel”, finalizó el Papa, agradeciendo a todo el personal de la Unesco en su misión de “edificar la paz mediante el cultivo de todas las ciencias y todas las artes del ser humano”.

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