"Construir un dique contra la deshumanización", el antídoto del Papa contra una época de guerras
En la audiencia concedida a la Fundación Centesimus-Annus Pro Pontifice, León XIV recuerda la importancia de la doctrina social de la Iglesia, que ocupa un lugar central en la encíclica 'Magnifica humanitas'
(Isabella Piro/Vatican News).- La búsqueda de la verdad, la libertad como relación y el diálogo: son las tres reflexiones que León XIV ofreció a los miembros de la Fundación Centesimus Annus - Pro Pontifice, recibidos en audiencia esta mañana, sábado 30 de mayo, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano. Asistieron unas cuatrocientas personas, incluidos quienes participaron en la Asamblea General y en la Conferencia Internacional de 2026 de la propia Fundación.
Esperanza de humanidad común
En su discurso, pronunciado en inglés, el Pontífice se remite a la reciente encíclica Magnifica humanitas para subrayar la importancia de la doctrina social de la Iglesia en la sociedad contemporánea. Es un tema que «me toca especialmente el corazón», explica, ya que «constituye una parte esencial de la misión de la Iglesia en el mundo». De la encíclica brotan, pues, las orientaciones ofrecidas por el Papa. En primer lugar, la reflexión sobre la «humanidad común»:
Vivimos en una época caracterizada por las guerras y una polarización creciente, así como por divisiones culturales y sociales. Sin embargo, en medio de la fragilidad surge una nueva esperanza. Aunque las divisiones parecen crecer, emerge un denominador común que indiscutiblemente nos une a todos: nuestra humanidad común
La búsqueda de la verdad y la sed de Dios
Ante las adversidades, el hombre está llamado a replantearse una pregunta fundamental, a saber, qué rumbo elegir como «comunidad humana». Se trata —explica el Papa— de una pregunta crucial:
Estas preguntas son una clara manifestación de la búsqueda de la verdad por parte de la humanidad y dan lugar a un deseo de algo más, una sed de Dios y un sentido duradero
Las democracias y el multilateralismo en crisis
En el corazón del hombre, prosigue el Pontífice, habita también el deseo de libertad, entendida no como «capacidad de hacer lo que se quiere» o absolutismo, sino como «dimensión relacional», «don de sí mismo y apertura a los demás». Este tipo de libertad —subraya de nuevo el Papa— remite a la Ciudad de Dios descrita por san Agustín: «fundada en el amor a Dios hasta el don de sí mismo y en el cultivo de las relaciones», ella «hace realmente posible construir una civilización del amor».
Desde esta perspectiva, podemos descubrir que lo que se esconde tras la crisis de las democracias contemporáneas y el debilitamiento del multilateralismo es, de hecho, una crisis antropológica que deriva de haber olvidado en gran medida al Creador
Tener siempre presente la dignidad de cada individuo
A pesar de todo —es el aliento del Papa—, no hay que ceder a la desesperación, sino construir un dique contra la deshumanización poniendo en práctica «una suma de pequeñas y tenaces fidelidades» y, sobre todo, practicando el diálogo «fundado en la verdad que reconoce y aprecia la humanidad común de cada persona»:
Tener presente la dignidad innata de cada individuo permite superar el egoísmo y los intereses particulares en favor del bien común. Esta misma dignidad proporciona también el contexto en el que podemos hablar de un pluralismo sano que reconoce la riqueza de las aportaciones que provienen de personas de orígenes diversos y que conduce a la coexistencia pacífica
La actividad de la Fundación
La audiencia con el Pontífice concluyó, de hecho, dos momentos destacados para la actividad de la Fundación Centesimus Annus - Pro Pontifice: la Asamblea General, celebrada el 28 de mayo en Roma sobre el tema «El pensamiento social católico afronta los desafíos a la libertad y al pluralismo en una economía y una sociedad desordenadas. Renovar la visión de Centesimus Annus»; y la conferencia internacional celebrada ayer en el Vaticano y titulada «Un mundo fragmentado en busca de espiritualidad: libertad y pluralismo a través de la doctrina social de la Iglesia».