Diez años después de Amoris Laetitia, el Papa pide "afrontar con honestidad las pruebas y dificultades que aún persisten" en la Iglesia
León XIV se reúne con los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para analizar los desafíos de la familia, especialmente en los contextos de "fragilidad", y reclama "una escuela de escucha" al Pueblo de Dios para aplicar la exhortación apostólica de Francisco en distintos contextos
"Que el Señor nos conceda la libertad de escucharnos unos a otros, la sabiduría para reconocer su obra entre su pueblo y el valor para seguirle adonde nos guíe, para que, cada día, el Evangelio se convierta cada vez más plenamente en buena nueva para las familias de todo el mundo". El Papa León XIV, acompañado por los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, así como por los testimonios de familias y agentes pastorales procedentes de los cinco continentes, abrió esta tarde un encuentro con motivo del décimo aniversario de 'Amoris Laetitia', la exhortación apostólica de Francisco que puso esperanza en millones de creyentes de todo el mundo, situados hasta entonces en los 'márgenes' de la Iglesia por sus situaciones afectivas.
Reunidos en el Aula del sínodo, en mesas redondas, los participantes escucharon las reflexiones del pontífice, quien Subrayó cómo “la familia siempre ha ocupado un lugar importante en la preocupación pastoral del Sucesor de Pedro y de los obispos”. Hace una década, “Francisco volvió a situar a la familia en el centro de un proceso sinodal, reconociendo la necesidad de continuar el discernimiento de la Iglesia ante los profundos cambios que afectan a un ámbito tan estrechamente vinculado a su misión en el mundo actual”.
De ese diálogo compartido surgió Amoris Laetitia, que “marcó una etapa importante”, siendo acogida “en diferentes culturas y contextos pastorales”, al tiempo que “ha acompañado la vida concreta de las familias y ha inspirado iniciativas y procesos”.
“La Iglesia ha pasado estos diez años acogiendo Amoris Laetitia y acompañando a familias en circunstancias muy diversas”, recordó el Papa, quien animó a los presentes a contar las “historias de lo que Dios ha hecho entre nosotros”. “Historias de conversión, de frutos inesperados y de las relaciones que Dios ha tejido dentro de las familias mientras nuestras comunidades han tratado de acompañarlas, junto con las dificultades a las que nos hemos enfrentado, las preguntas que han surgido y lo que hemos aprendido por el camino. Nos dan confianza al comenzar nuestro trabajo juntos”, apuntó, invitando a “tomarnos en serio esta vocación y esta responsabilidad” para las familias.
“Como pastores, hemos recibido la responsabilidad, a tiempo y a destiempo, de proclamar la belleza del plan de Dios para el matrimonio y la familia, así como su llamada al amor y a la ternura”, subrayó Prevost, quien recalcó el desafío de “acompañar a las personas en su intento de vivir su vocación en las circunstancias concretas de sus vidas”. Para ello, es imprescindible “una escuela de escucha” al Pueblo de Dios, que llega “a través de nuestra fe común, que ilumina a todas las familias, incluidas aquellas situaciones marcadas por las dificultades, la soledad y, a veces, incluso por un aparente fracaso”. Y es que, pese a todo, “sin duda tenemos mucho que aprender de las familias”.
“En muchos contextos, ha surgido una distancia creciente entre las formas en que se viven la sexualidad y la intimidad y la visión cristiana del matrimonio” incidió el Papa, recalcando algunos desafíos, como “la inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y otras formas de fragilidad emocional también determinan las decisiones que toman las personas y las posibilidades que pueden imaginar para su futuro”.
Preguntas para el debate
“¿Qué buscan realmente las personas bajo estos cambios culturales? ¿Qué nos revelan sus alegrías y esperanzas, sus penas y sus inquietudes? ¿En qué aspectos nuestro lenguaje y nuestras prácticas pastorales logran abrir un camino, y en cuáles no logran llegar al corazón de las personas ni apoyar sus esfuerzos por hacer el bien? ¿Qué nos enseña la experiencia vivida de las familias —una experiencia de la que aún no hemos aprendido plenamente? ¿Qué podemos ofrecer como formación para una vida familiar sana y santa? En particular, ¿qué podemos aprender de los padres que tratan de acompañar a sus hijos e hijos jóvenes en tales contextos?”, son algunas de las cuestiones que el Papa pidió hacer a lo largo de esta semana de debates, que tendrán conclusión, a modo de documento final, a partir del 14 de octubre.
En especial, en “la experiencia de la fragilidad” que “plantea la cuestión de si somos capaces de permanecer cerca unos de otros cuando la vida ya no se corresponde con lo que se había esperado, y de si podemos reconocer la obra de la gracia incluso en situaciones marcadas por límites, heridas y aparentes fracasos”.
“Todos conocemos la brecha que existe entre el bien que deseamos y lo que somos capaces de vivir. Necesitamos gracia, perdón y nuevos comienzos para cumplir la voluntad de Dios, y aprendemos que la fidelidad es en sí misma una gracia que hay que recibir y un camino que hay que renovar gradualmente”
En este punto, el Papa pidió escuchar “la experiencia de las familias”, pues “la fragilidad forma parte de nuestra condición humana común y, por tanto, también de la vida de la Iglesia”.
“Todos conocemos la brecha que existe entre el bien que deseamos y lo que somos capaces de vivir. Necesitamos gracia, perdón y nuevos comienzos para cumplir la voluntad de Dios, y aprendemos que la fidelidad es en sí misma una gracia que hay que recibir y un camino que hay que renovar gradualmente”, planteó. “¿Qué tipo de Iglesia, entonces, encuentran las personas precisamente cuando se sienten más frágiles?”, volvió a preguntar. “¿Les ayudan nuestras comunidades a descubrir que todavía tienen un lugar, una responsabilidad y dones que ofrecer? ¿Puede encontrarse la verdad que proclamamos a través de la paciencia, la cercanía y la misericordia de nuestra presencia pastoral? ¿Cómo podemos anunciarles la plenitud de la enseñanza del Evangelio sobre la familia?”.
“Descubramos cómo la misericordia de Dios y la gracia salvífica de Cristo pueden llegar a nuestras familias hoy, especialmente en su debilidad y resiliencia, en sus esperanzas y decepciones, en su anhelo de comunión y en su búsqueda de sentido”, invitó León XIV, quien pidió a los participantes no sólo interpretar las realidades, sino “dejar que nos interroguen y motiven nuestra responsabilidad pastoral, para que la Iglesia pueda encontrar formas renovadas de proclamar el Evangelio, ofrecer las gracias sacramentales, acompañar a las familias y hacer visible la ternura con la que Cristo sigue caminando entre su pueblo”.
El Papa pidió “libertad evangélica” para hablar, y escuchar, “la diversidad de situaciones” para que “el Pueblo de Dios pueda acompañar nuestro trabajo mediante la oración y la reflexión sinodal”.
“Pido al Señor que nos ayude a reunir los frutos que Amoris Laetitia ha dado en nuestras Iglesias locales, para que puedan nutrir a toda la Iglesia”, reivindicó, reconociendo la necesidad de “afrontar con honestidad las pruebas y dificultades que aún persisten”, lo que “ayudará a las Iglesias locales a reconocer nuevos caminos y a involucrar más profundamente a todos los bautizados en el camino sinodal de la Iglesia”.
Junto a la libertad de debate, León XIV también pidió a los presentes que “mantengamos la discreción y la confidencialidad que exige este tiempo de escucha y discernimiento”, antes de que se cerraran las puertas y comenzara el encuentro en privado.
