El Papa lanza a los jóvenes "con Cristo, luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza"
"Testifiquemos cada día que amar es hermoso, que las mayores alegrías, en cualquier ámbito, provienen de saber dar y de entregarnos a los demás, especialmente cuando nos inclinamos hacia los más necesitados"
En el estadio de Bata, abarrotado de jóvenes, que cantan, bailan y vibran con el Papa, incluso cuando llueve torrencialmente, León XIV les agradece "su cálida bienvenida y su entusiasmo, que manifiesta la alegría de su fe". Por eso, el Pontífice reconoce que "Guinea Ecuatorial es un país rico en historia y tradiciones". Y ese, según el Papa, "es el legado luminoso y desafiante al que ustedes, queridos jóvenes, están llamados, en la fe, el fundamento de su futuro y el de esta tierra", mientras en el estadio suena el ya clásico eslogan juvenil: "Ésta es la juventud del Papa".
Para ir al encuentro de ese futuro prometedor, el Papa invitó a esa juventud s a "reflexionar sobre la importancia del compromiso fructífero y la necesidad de promover siempre la dignidad de todo ser humano" y a valorar a sus familias, porque "ellas son la tierra fértil en la que el árbol, fresco pero frágil, de su crecimiento humano y cristiano echa raíces". y el Santo Padre concluyó deseando que "Cristo, crucificado y resucitado, luz de Guinea Ecuatorial, de África y del mundo entero, nos guíe a todos hacia un futuro de esperanza".
Palabras de Acogida del Obispo Administrador Apostolico, encargado de la pastoral juvenil de la Conferencia Episcopal de Guinea Ecuatorial
Santidad,
¡bienvenido a Guinea Ecuatorial!
¡bienvenido a la Diócesis de Bata!
Hoy le hablamos con el corazón en la mano.
Somos la Iglesia joven que camina en esta tierra africana
y estamos felices de tenerle aquí con nosotros.
Guinea Ecuatorial es un país joven, lleno de energía, de preguntas, de ganas de vivir. No todo es fácil, tenemos retos y luchas, pero hoy decimos alto y claro que Cristo es nuestra Luz, la luz que nos levanta, nos orienta y nos empuja hacia un futuro mejor.
Aquí estamos, Santo Padre, los jóvenes de este país:
estudiantes, trabajadores, jóvenes familias, consagrados y laicos.
Traemos nuestras preguntas, nuestras luchas
y, sobre todo, nuestro deseo de vivir con autenticidad y fe.
Le entregamos el corazón de nuestra juventud:
con sus alegrías y sus miedos, con sus ganas de cambiar las cosas
y de caminar junto a la Iglesia. Es lo que expresarán ellos mismo y a su manera en este encuentro que apenas iniciamos.
Queremos escucharle, aprender de su magisterio y construir con Cristo un futuro de esperanza, de fraternidad y de paz para Guinea Ecuatorial.
Muchas gracias.
Testimonios de los jóvenes
1.Testimonio de una joven trabajadora
Santidad, soy una joven trabajadora, nombre es ALICIA IKIMO IPO. Cada día salgo de casa muy temprano para cumplir con mi responsabilidad y aportar, con mi trabajo, al bien de mi familia y de mi país.
No siempre es fácil vivir la fe en el ambiente laboral. Muchas veces nos enfrentamos a la tentación de la mentira, de la búsqueda de la apariencia, del conformismo que invita a “hacer como todos”.
Y, además, como mujer, el camino suele ser más exigente: a veces cuesta que nos tomen en serio, otras veces tenemos que demostrar el doble para que se reconozca nuestro esfuerzo, y no faltan situaciones de falta de respeto.
Pero he aprendido que Cristo es luz también en el trabajo: en la oficina, en el mercado, en el taller, allí donde cada día luchamos por salir adelante con honestidad; que ser cristiana no es solo ir a misa. Es trabajar con dignidad y tratar a todos con respeto.
Por eso yo sueño con un país donde los jóvenes, hombres y mujeres, no busquemos el éxito fácil, sino que elijamos la cultura del esfuerzo, de la disciplinade, del trabajo bien hecho y que esto sea valorado.
Santo Padre, ayúdenos a ser una generación limpia de corazón, fuerte en valores, capaz de construir una sociedad más justa, donde la fe se viva también en el trabajo de cada día.
Testimonio de un matrimonio joven
Santo Padre, nosotros somos un matrimonio joven, yo soy Purificación NNTONGONO NGUEMA y mi esposo Jaime Antonio NDONG. Hemos decidido fundar nuestra familia sobre la fe en Jesucristo.
Hoy no es fácil defender el amor fiel, la apertura responsable a la vida y la educación cristiana de los hijos, en un contexto social marcado por rápidos cambios y por discursos que a menudo confunden y desorientan. Durante mucho tiempo, dar el paso hacia el sacramento del matrimonio no ha sido sencillo para nosotros, no solo por las dificultades económicas, sino también por los juicios, prejuicios y estereotipos socioculturales que lo presentaban como una opción anticuada o poco realista. Sin embargo, hemos descubierto que el matrimonio cristiano no es una carga, sino un camino de amor verdadero, de libertad y de esperanza para las personas y para la sociedad.
Nuestra esperanza es que Guinea Ecuatorial avance con familias unidas, reconciliadas, abiertas al diálogo y al perdón; familias sólidas, fundadas en el matrimonio tal como la Iglesia lo enseña y lo custodia: la unión fiel y abierta a la vida entre un hombre y una mujer, como camino de amor, de entrega mutua y de educación humana y cristiana de las nuevas generaciones.
Rece por nuestras familias, para que nunca se apague en nuestros hogares la luz de Cristo.
Canto….
Testimonio de un joven seminarista
Santo Padre, soy el joven seminarista, me llamo FRANCISCO MARTIN NZE OBIANG que siente en su corazón el llamado a la vida sacerdotal.
Durante mucho tiempo tuve miedo. Pensaba que decir “sí” al Señor significaba renunciar a mis sueños.
Pero he descubierto que cuando Cristo llama, no quita nada, sino que lo da todo.
En la oración comprendí que mi vida puede ser luz para otros si la entrego totalmente a Dios.
En un mundo que busca el éxito rápido y la comodidad, yo quiero elegir el servicio, la pobreza evangélica y la alegría de pertenecer solo a Cristo. No sé todo lo que el futuro me pedirá, pero confío.
Pido su bendición para mí y para todos los jóvenes que sienten el llamado al sacerdocio y a la vida consagrada. Que nunca tengamos miedo de responder con generosidad.
Testimonio final – Preadolescente resiliente
Santo Padre, soy VICTOR ANTONIO NGUEMA NGUEMA ESENG. Tengo 13 años. Crecí viendo a mi, joven mamá sola, porque mi papá nos dejó cuando yo era muy pequeño. Al principio fue muy difícil, me sentí muy triste y asustado, y a veces le preguntaba a mi mamá porqué la llamaban ‘madre soltera’, como si eso resolviera todo.
Sé que no soy un caso único en nuestra sociedad. Somos miles de niños que sufrimos esto en silencio, en nuestras familias, donde nuestras madres son a la vez padres, y nuestras abuelas la mejor protección. A veces, la falta de orientación paterna hace que cometamos errores que podrían evitarse.
Hoy le recibimos como misionero de nuestro tiempo, y queremos que recuerde a nuestra juventud la importancia de respetarnos, cuidarnos y vivir nuestra vida con responsabilidad. Que aprendamos que traer una vida al mundo no es algo que se haga sin pensar: es un acto muy serio que necesita amor, compromiso y cuidado.
El discurso del Papa
Queridos jóvenes, queridas familias, ¡la paz sea con ustedes!
Con gran alegría los saludo y agradezco al Obispo sus amables palabras. Les agradezco a todos su cálida bienvenida y su entusiasmo, que manifiesta la alegría de su fe. Su Excelencia describió Guinea Ecuatorial como un país «joven, lleno de energía, preguntas y entusiasmo por la vida», y a la vez deseoso de hacer de Cristo su luz. Esto hace referencia al lema de esta travesía —Cristo, luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza—, así como a su logotipo, dominado por la imagen de una cruz dorada. Pero, sobre todo, ¡su presencia lo confirma! La luz más brillante aquí es la de sus ojos, sus rostros, sus sonrisas, sus cantos, en los que todo da testimonio de que Cristo es alegría, sentido, inspiración y belleza para nuestras vidas.
Guinea Ecuatorial es un país rico en historia y tradiciones. Lo vimos hace un momento, en las danzas, los trajes y los símbolos con los que cada grupo expresó su identidad, haciendo que nuestra presencia conjunta sea aún más evidente y conmovedora. Trajeron objetos sencillos y cotidianos —un palo, una red, la reproducción de una isla, un bote, un instrumento musical— que hablan de su vida y de los valores antiguos y nobles que la animan, como el servicio, la unidad, la hospitalidad, la confianza y la celebración. Es el legado luminoso y desafiante al que ustedes, queridos jóvenes, están llamados, en la fe, el fundamento de su futuro y el de esta tierra.
San Juan Pablo II los recordó cuando, a su llegada a este país, al encontrarse con una Iglesia tan vibrante y dinámica, dijo a los fieles presentes para darle la bienvenida: «Den siempre ejemplo de armonía entre ustedes, de amor mutuo, de capacidad de reconciliación, de respeto efectivo por los derechos de cada ciudadano, de cada familia, de cada grupo social. Respeten y promuevan la dignidad de todas las personas en su país, como seres humanos y como hijos de Dios» (Discurso a su llegada a Guinea Ecuatorial, Malabo, 18 de febrero de 1982). Estas son palabras que aún guían nuestros corazones y deben iluminar tu camino mientras te preparas para las responsabilidades que te esperan en el futuro.
Alicia, en este sentido, nos habló de la importancia de ser fiel a los deberes y de contribuir, mediante el trabajo diario, al bien de la familia y la sociedad. Compartió con nosotros su sueño de una tierra «en la que los jóvenes no busquen el éxito fácil, sino que elijan la cultura del esfuerzo, la disciplina y el trabajo bien hecho, y que esto sea valorado». Dijo que ser cristiano significa, además de participar en la celebración eucarística, trabajar con dignidad y tratar a todos con respeto, recordando también el reto de ser mujer en el mundo laboral. Esto nos invita a reflexionar sobre la importancia del compromiso fructífero y la necesidad de promover siempre la dignidad de todo ser humano.
Francisco Martín testificó lo mismo, refiriéndose a la vocación sacerdotal. Nos abrió una ventana a la hermosa realidad de tantos jóvenes que se entregan totalmente a Dios por la salvación de sus hermanos y hermanas. Él no ocultó que le costaba encontrar el valor para decir su sí, pero en sus palabras todos comprendimos que encomendarnos a la voluntad de Dios trae alegría y profunda serenidad. Una vida entregada a Dios es una vida feliz, renovada cada día en la oración, en los sacramentos y en los encuentros con los hermanos y hermanas que el Señor pone en nuestro camino. En la comunión de corazones y en la acción solidaria hacia los necesitados, se renuevan los milagros de la caridad. Por lo tanto, si sienten que Cristo los llama a seguirlo por un camino de consagración especial —como sacerdotes, religiosos y religiosas— no teman seguir sus pasos: como Él mismo aseguró —y yo también quiero decírselo con firmeza hoy aquí— recibirán «cien veces más y [...] la vida eterna» (Mt 19,29).
Queridos hermanos, han venido a este encuentro con sus familias. Ellas son la tierra fértil en la que el árbol, fresco pero frágil, de su crecimiento humano y cristiano echa raíces. Por lo tanto, los invito a agradecer juntos al Señor por el don de sus seres queridos y, como nos dijeron Purificación y Jaime Antonio, a encomendarse a Él para que sus familias crezcan en unidad, acojan la vida como un don que se debe atesorar y se eduquen en el encuentro con el Señor, el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6). Muchos de ustedes se estarán preparando para el sacramento del Matrimonio. Ser esposos y padres es una misión apasionante, una alianza que se vive día a día, en la que nos encontramos siempre renovados el uno para el otro, promotores, junto con Dios, del milagro de la vida y constructores de felicidad, para ustedes y para sus hijos. Prepárense para vivir esta vocación como un camino.
Un viaje de amor verdadero, que crece en libertad; un camino de esperanza que nace de la certeza de que Dios no te abandona; un camino de santidad que siempre busca el bien y la felicidad de los demás.
Agradezco profundamente a Víctor Antonio la sinceridad y la valentía con que compartió su historia con nosotros. Sus palabras nos ayudan a comprender aún más profundamente el valor de lo que hemos dicho. Caen como una roca entre nosotros, pero no para destruir. Son palabras que deben animarnos a construir un mundo mejor, fundado en el respeto a la vida tal como nace y crece, y en un sentido de responsabilidad hacia los niños. Víctor Antonio nos recordó que acoger la vida requiere amor, compromiso y cuidado, y estas palabras, de sus labios adolescentes, deben hacernos reflexionar seriamente sobre la importancia de proteger y valorar la familia y los valores aprendidos en su seno. Cultivémoslos, vivámoslos y demos testimonio de ellos, incluso cuando ello requiera sacrificio, o cuando, como dijeron Jaime Antonio y Purificación, los juicios, los prejuicios y los estereotipos intenten menoscabar su valor. Una familia que sabe acoger y amar es luz y calidez. El Papa Francisco nos dejó hermosas palabras al respecto: «La pareja formada por padre y madre», escribió, «con toda su historia de amor [...], la pareja que ama y engendra vida, es la verdadera "escultura" viviente [...], capaz de manifestar a Dios Creador y Salvador» (Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, 9.11).
Queridos jóvenes, padres y todos los aquí presentes, dejémonos inspirar por la belleza del amor; ¡seamos testigos del amor que Jesús nos dio y nos enseñó! Testifiquemos cada día que amar es hermoso, que las mayores alegrías, en cualquier ámbito, provienen de saber dar y de entregarnos a los demás, especialmente cuando nos inclinamos hacia los más necesitados. La luz de la caridad, cultivada en los hogares y vivida en la fe, puede transformar verdaderamente el mundo, incluso sus estructuras e instituciones, para que cada persona encuentre respeto y nadie sea olvidado (cf. FRANCISCO, Mensaje para la Jornada Mundial de la Alimentación, 14 de octubre de 2022). Hagamos de esto una firme resolución, un compromiso gozoso, para que Cristo, crucificado y resucitado, luz de Guinea Ecuatorial, de África y del mundo entero, nos guíe a todos hacia un futuro de esperanza.
