La relación 'singular' de la sociedad uruguaya con la fe no impide la alegría general por la confirmación del viaje del Papa
Uruguay recibirá a León XIV con una historia diferente de la de buena parte de sus naciones vecinas latinoamericanas. El sociólogo Néstor da Costa analiza la singularidad religiosa uruguaya, donde la creencia en Dios convive con una débil pertenencia institucional
(Sebastián Sansón Ferrari/Vatican News).- Uruguay se prepara para recibir a León XIV en un contexto singular dentro de América Latina. En un continente donde la fe cristiana conserva una notable visibilidad social y cultural, el país rioplatense presenta una realidad diferente: una larga tradición de secularización, una marcada separación entre la Iglesia y el Estado y una vivencia religiosa que, con frecuencia, permanece al margen de las instituciones.
Sin embargo, detrás de las estadísticas y de la imagen de Uruguay como uno de los países más secularizados de la región, existe una realidad menos visible: muchas personas continúan creyendo en Dios, aunque no participen habitualmente en una comunidad religiosa ni se identifiquen con una Iglesia.
La próxima visita apostólica de León XIV, la tercera de un Pontífice al país después de las dos visitas de Juan Pablo II en 1987 y 1988, vuelve a situar estas cuestiones en el centro de la conversación pública. Para Néstor da Costa, doctor en Sociología y Ciencias Políticas, profesor de la Universidad Católica del Uruguay e investigador especializado en sociología de la religión, el viaje puede convertirse en una ocasión significativa para comprender mejor el lugar de la fe en la sociedad uruguaya.
"Desde el primer anuncio de la posibilidad de la visita, se fue extendiendo progresivamente la expectativa, sobre todo en el mundo católico, pero también hacia otros sectores de la población", explica a Vatican News. La confirmación del viaje, añade, ha generado una importante movilización y un clima de alegría que trasciende los límites de la comunidad católica.
Una secularización con raíces históricas
Para comprender la particularidad uruguaya es necesario remontarse a los siglos XIX y XX. Da Costa señala que la composición demográfica del país, marcada por la llegada de numerosos inmigrantes europeos, contribuyó a configurar una sociedad diferente de la de otros países latinoamericanos. A ello se sumó un proyecto político y cultural influido por el racionalismo y el pensamiento francés, que buscó modernizar las instituciones y desplazar la religión del centro de la vida pública.
El proceso tuvo consecuencias concretas. Los cementerios pasaron de la administración eclesiástica a la estatal; se estableció que el matrimonio civil debía preceder al religioso y, en 1918, la separación entre la Iglesia y el Estado quedó formalizada constitucionalmente.
También cambió el lenguaje de la vida cotidiana. El 25 de diciembre pasó a denominarse oficialmente Día de la Familia; el 6 de enero, Día de los Niños, y la Semana Santa, Semana de Turismo. Asimismo, numerosas localidades sustituyeron sus nombres de origen religioso por denominaciones seculares.
Más allá de las reformas jurídicas, Da Costa subraya la consolidación de una mentalidad cultural que tendió a considerar la religión como un asunto privado, ajeno al espacio público. "Había un proyecto cultural de que lo religioso era atraso y sumisión, y había que hacerlo desaparecer de las bases de Uruguay", afirma.
El sociólogo distingue, en este sentido, entre la necesaria separación institucional entre la Iglesia y el Estado y una interpretación más restrictiva de la laicidad, según la cual las expresiones religiosas deberían quedar excluidas de la vida pública. Aunque reconoce que esta mentalidad ha perdido parte de su rigidez, advierte que todavía persiste en determinados sectores de la sociedad.
La controversia que acompañó la permanencia de la cruz levantada durante la celebración de san Juan Pablo II en 1988 es, a su juicio, un ejemplo de las tensiones que puede suscitar la presencia de símbolos religiosos en los espacios comunes. Incluso iniciativas de diálogo entre el Estado y las comunidades religiosas pueden generar resistencias cuando hacen visible esa colaboración.
Creer sin pertenecer
La secularización uruguaya no puede comprenderse únicamente a partir de la disminución de la práctica religiosa o de la pertenencia institucional. Uno de los aspectos que Da Costa considera más relevantes es la distancia que puede existir entre las creencias personales y la participación en una Iglesia.
"Hay una cantidad de creyentes que están lejos de las instituciones religiosas, pero que siguen creyendo en Dios", explica. Esa realidad permite entender por qué la llegada del Papa puede despertar interés y emoción también entre personas que no se consideran católicas practicantes.
El fenómeno se manifiesta de distintas maneras. En algunos casos, la fe se expresa mediante la visita a santuarios marianos, como los dedicados a la Virgen de Lourdes o a la Virgen de los Treinta y Tres. En otros, permanece en el ámbito íntimo, sin mediación institucional ni participación regular en celebraciones comunitarias.
La visita puede convocar a quienes encuentran en la Iglesia una comunidad de pertenencia, pero también a quienes mantienen una relación más personal con Dios y reconocen en el Pontífice una figura de referencia espiritual
Da Costa denomina a esta dimensión "religión vivida": la manera concreta en que las personas incorporan las creencias, la espiritualidad y la búsqueda de trascendencia a su vida cotidiana. Desde esa perspectiva, la realidad religiosa del país es más compleja que la que ofrecen los indicadores de afiliación.
"La piedad popular se manifiesta más allá de los límites de lo que las instituciones religiosas pretenden o quisieran, porque forma parte de la vivencia de la gente", observa.
Esta distinción resulta especialmente importante para interpretar la recepción del Papa. La visita puede convocar a quienes encuentran en la Iglesia una comunidad de pertenencia, pero también a quienes mantienen una relación más personal con Dios y reconocen en el Pontífice una figura de referencia espiritual.
La paz, la justicia y la acogida
La expectativa ante León XIV tampoco se limita a su condición de líder religioso. Da Costa destaca la repercusión favorable que pueden encontrar en Uruguay sus llamamientos a la paz, así como su atención a los pobres, la justicia y la acogida de los demás.
En un mundo atravesado por guerras y conflictos, el compromiso del Papa con la paz puede resonar más allá de las fronteras confesionales. "No es solo un asunto de los católicos", sostiene el sociólogo, quien percibe una disposición favorable hacia la llegada del Pontífice entre distintos sectores de la población.
El viaje no solo permitirá observar la respuesta de los católicos, sino también cómo una sociedad plural recibe a un Papa y qué aspectos de su mensaje pueden suscitar preguntas, adhesiones o nuevas formas de diálogo
La visita representa, además, una oportunidad para que la sociedad uruguaya se encuentre con una expresión pública de la fe que habitualmente ocupa un lugar discreto en el debate colectivo. Su impacto, considera Da Costa, podría ser significativo precisamente por el contraste entre la cultura laica del país y la presencia de una figura religiosa de alcance mundial.
En ese sentido, el viaje no solo permitirá observar la respuesta de los católicos, sino también cómo una sociedad plural recibe a un Papa y qué aspectos de su mensaje pueden suscitar preguntas, adhesiones o nuevas formas de diálogo.
Encontrar caminos de encuentro y acompañamiento que no partan de la presunción de una pertenencia previa
El desafío de hablar a las nuevas generaciones
La Iglesia católica uruguaya afronta, al mismo tiempo, desafíos importantes en la transmisión de la fe. Da Costa advierte sobre las dificultades para conectar con los jóvenes, especialmente en los sectores populares, donde la presencia juvenil en algunas comunidades parroquiales es reducida.
El problema no consiste únicamente en comunicar mejor una doctrina, sino en comprender una generación cuya búsqueda de sentido y trascendencia se desarrolla en condiciones culturales distintas de las de sus predecesoras.
La existencia de creyentes alejados de las instituciones interpela a la Iglesia a encontrar caminos de encuentro y acompañamiento que no partan de la presunción de una pertenencia previa. La visita del Papa podría contribuir a fortalecer ese vínculo, aunque el sociólogo evita anticipar resultados: la relación entre la fe, las generaciones jóvenes y las instituciones es demasiado compleja para ofrecer respuestas inmediatas.
También recuerda que el diálogo de la Iglesia con la sociedad no comienza con este viaje. Las comunidades católicas desarrollan obras sociales, colaboran con organismos públicos y mantienen una presencia cotidiana, especialmente en el interior del país. Lo que continúa generando controversias, explica, es la expresión pública y formal de esa contribución.
Hacia una laicidad más abierta
De cara al futuro, Da Costa identifica una posible evolución en la manera de entender la laicidad uruguaya. No se trataría de cuestionar la separación entre la Iglesia y el Estado, sino de avanzar hacia una cultura que permita reconocer la aportación de las religiones a la sociedad sin convertirlas en instituciones privilegiadas ni imponer sus creencias a los demás.
El sociólogo observa señales de este cambio en las iniciativas de cooperación entre las autoridades públicas y las comunidades religiosas, particularmente en ámbitos como la prevención de las adicciones y el acompañamiento a las personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Estas experiencias, aunque no están exentas de críticas, abren espacios de colaboración que hace décadas habrían resultado más difíciles de imaginar.
Uruguay recibirá a León XIV con una historia diferente de la de buena parte de sus naciones vecinas latinoamericanas
"Si la venida del Papa León contribuye a una articulación mejor de lo religioso en el seno de la sociedad y a un mayor respeto cultural hacia ello, sería un enorme logro", afirma.
A esa expectativa añade el fortalecimiento de las iniciativas de servicio a los más pobres, una dimensión que considera particularmente significativa en el programa de la visita. El testimonio de una Iglesia cercana a quienes sufren podría ofrecer una contribución concreta a la sociedad y renovar, al mismo tiempo, la vida de las propias comunidades católicas.
Uruguay recibirá a León XIV con una historia diferente de la de buena parte de sus naciones vecinas latinoamericanas. Su tradición secular no elimina la búsqueda espiritual, del mismo modo que la creencia personal no se traduce necesariamente en pertenencia religiosa. Entre ambas realidades se abre un espacio de encuentro que la visita puede ayudar a iluminar.
