Formación litúrgica para el pueblo de Dios y fidelidad a los ritos de la Iglesia, el mensaje del Papa al Dicasterio para el Culto Divino
León XIV anima a buscar caminos de formación para sacerdotes y laicos y destaca la eucaristía dominical como una de las principales escuelas de vida litúrgica, en un mensaje al Dicasterio para el Culto Divino, reunido en la abadía benedictina de Mount Angel, en Oregón
(Patricia Ynestroza/Vatican News).- El Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos reúne del 14 al 19 de agosto en la abadía benedictina de Mount Angel, en Oregón, a cardenales, obispos y laicos de diferentes procedencias y experiencias eclesiales para reflexionar sobre la formación litúrgica del Pueblo de Dios. El encuentro, promovido en continuidad con la Carta apostólica Desiderio desideravi del papa Francisco, se lee en el comunicado, busca avanzar hacia propuestas concretas y operativas para la formación de ministros ordenados y fieles laicos.
La iniciativa da continuidad a la reflexión de la Asamblea Plenaria del Dicasteriocelebrada del 6 al 9 de febrero de 2024. En aquella ocasión se abordó precisamente la necesidad de encontrar nuevos caminos de formación litúrgica. Ahora, se lee en el texto, el Dicasterio ha querido trasladar esa reflexión a un encuentro desarrollado en un contexto de oración y vida monástica.
En el comunicado se explica que la elección de la abadía benedictina de Mount Angel tiene un significado particular. Según explica el Dicasterio, el objetivo es que los participantes puedan dejarse «formar por la liturgia», siguiendo la perspectiva planteada por Francisco en Desiderio desideravi. Por ello, más que un congreso académico, el encuentro pretende ser un tiempo de discernimiento espiritual para continuar el camino trazado por Sacrosanctum Concilium.
El Papa anima a los participantes a buscar caminos concretos para la formación litúrgica en todos los niveles del Cuerpo de Cristo
León XIV: la formación litúrgica concierne a todo el Pueblo de Dios
Con motivo de la reunión, León XIV envió un mensaje al cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El Papa expresa su cercanía a los participantes y les anima a reflexionar sobre «el importante tema de la formación litúrgica del pueblo de Dios».
El Pontífice retoma una de las ideas centrales de Desiderio desideravi: la necesidad de una formación litúrgica «atenta y permanente» tanto del clero como de los laicos para revitalizar la vida litúrgica de la Iglesia universal. Esta formación no debe convertirse en una especialización reservada a unos pocos. León XIV recuerda las palabras de Francisco durante la Plenaria del Dicasterio de febrero de 2024, cuando señaló que la formación litúrgica «no es una especialización para unos pocos expertos, sino más bien una disposición interior de todo el Pueblo de Dios».
Desde esta perspectiva, el Papa anima a los participantes a buscar «caminos concretos para la formación litúrgica en todos los niveles del Cuerpo de Cristo».
Una responsabilidad especial para los ministros ordenados
Esta llamada dirigida a todo el Pueblo de Dios no elimina, sin embargo, una responsabilidad particular de los ministros ordenados.
León XIV recuerda que debe existir una prioridad en la formación de quienes, en virtud del sacramento del Orden, están llamados a ser mistagogos, es decir, a «tomar de la mano a los fieles y acompañarlos en el conocimiento de los santos misterios». La tarea del sacerdote, por tanto, no se limita a presidir la celebración. También está llamado a acompañar a los fieles en la comprensión de lo que la Iglesia celebra y a ayudarles a entrar progresivamente en la profundidad espiritual de la liturgia.
Al mismo tiempo, debemos «no excluir una prioridad en la formación de aquellos que, en virtud del sacramento del Orden, están llamados a ser mistagogos, es decir, a tomar de la mano a los fieles y acompañarlos en el conocimiento de los santos misterios». Las primeras oportunidades prácticas para la formación litúrgica tienen lugar en nuestra práctica habitual de reunirnos cada domingo para celebrar la Eucaristía. Estas celebraciones están ancladas en el ritmo anual del año litúrgico, con el Misterio Pascual en su centro
La eucaristía dominical como escuela de formación
Para León XIV, la eucaristía dominical es una de las principales oportunidades de formación litúrgica y debe ser una celebración «profundamente formativa», centrada en el Misterio Pascual. En este contexto, destaca la importancia de una comprensión cada vez más profunda de la ars celebrandi, el arte de celebrar. Esta no corresponde únicamente al sacerdote que preside, sino que debe expresarse también en toda la asamblea.
La finalidad es que, mediante una educación adecuada y un culto celebrado con reverencia, los católicos puedan ser formados «para la liturgia» y «por la liturgia».
Fidelidad a los textos y a los ritos aprobados
El mensaje de León XIV aborda también una cuestión concreta: la necesidad de respetar los textos y las instrucciones aprobados para la celebración de los santos misterios. El Papa subraya la importancia de la fidelidad a los ritos promulgados y recuerda, en particular, el respeto que deben mostrar quienes preparan las celebraciones, «y los sacerdotes en particular», hacia los ritos promulgados por san Pablo VI y san Juan Pablo II.
En mis recientes catequesis sobre la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, he llamado la atención sobre el respeto que todos aquellos llamados a preparar la celebración de los misterios divinos, y los sacerdotes en particular, deben mostrar hacia los ritos promulgados por el Papa San Pablo VI y el Papa San Juan Pablo II
León XIV vincula esta fidelidad con una actitud espiritual. El respeto a los ritos no debe proceder únicamente de la obligación de cumplir unas normas, sino que ha de «nacer de una actitud interior de apertura y confianza en Dios», manifestando «humildad ante su grandeza y sincera fidelidad a la comunión eclesial». De este modo, la fidelidad litúrgica aparece estrechamente relacionada con la comunión de la Iglesia y con la actitud interior de quien celebra.