Hilos de esperanza en las cárceles de Perú ante la visita de León XIV: "Nos sentimos hermanos y hermanas de nuestro Papa peruano"
En la cárcel de mujeres de Chorrillos, en Lima, las reclusas elaboran muñecos de terciopelo con la imagen del Papa, rosarios, collares y otros objetos para ser vendidos fuera del centro penitenciario, como parte de un proceso de rehabilitación y reinserción social
(Giada Aquilino / Vatican News).- “Es simplemente una forma, muy bonita, de sentirse parte de la visita del Santo Padre a Perú”, en el marco del viaje apostólico que lo llevará, entre el 6 y el 17 de noviembre, también a Uruguay y a Argentina. Silvia Alayo, secretaria ejecutiva de la Comisión de Acción Social de la Conferencia Episcopal Peruana, comenta así la última iniciativa llevada a cabo en la cárcel de mujeres de Chorrillos, en Lima.
En el marco de un proyecto estatal de reinserción y con vistas al viaje de León XIV a América Latina, las reclusas cosen muñecos de terciopelo con la imagen del Papa y elaboran rosarios, collares y otros objetos para ser vendidos fuera del centro penitenciario. “Se trata -explica la representante de la Comisión de Acción Social, organismo del que también depende la pastoral carcelaria- de una iniciativa del programa peruano ‘Cárceles Productivas’, una política pública relacionada con el sistema penitenciario de Perú que cuenta con la participación del sector privado, para facilitar la reinserción social y la rehabilitación de las personas privadas de la libertad, a través del trabajo”. Se ofrece “una oportunidad de capacitación profesional, pero también de trabajo dentro de la cárcel”, fundamental para “alcanzar o cumplir el objetivo de la pena privativa de libertad”.
Como Iglesia, observa Alayo, “valoramos y apoyamos mucho esta iniciativa del Estado, que surgió en los últimos seis u ocho años, pero que se basa en la experiencia de los talleres productivos en las cárceles, donde la Iglesia ya había comenzado a trabajar desde hace décadas”.
A pocos días de la llegada de León XIV a Perú, tras las rejas de acero de Chorrillos, el tictac rítmico de las máquinas de coser y el ruido de las tijeras marcan los días en la cárcel de setenta y ocho reclusas. Para estas mujeres, este trabajo representa una forma de escape mental y una forma de mantener a sus familias desde la distancia, tratando de no perder el contacto, sobre todo con sus hijos. “Puede que no estemos con ellos físicamente, pero estamos allí con el alma y con el corazón”, dijo una de las reclusas a la agencia Reuters.
Cárceles en situación extremadamente crítica
En Perú, “tenemos una población carcelaria de aproximadamente 107.000 personas”, continúa Silvia Alayo: “El país cuenta con 69 cárceles donde la situación de reclusión es extremadamente crítica debido al actual índice de sobrepoblación: a nivel nacional ronda el 154%. Las mujeres representan alrededor del 5% de la población carcelaria total y son muy pocos los centros penitenciarios exclusivamente femeninos, que se concentran principalmente en Lima”. En febrero de este año, la cárcel de Chorrillos albergaba a más de 1.500 personas, distribuidas en dos instalaciones, una de las cuales es de máxima seguridad. La capacidad inicial era de 700 personas o un poco más. El hacinamiento, continúa, no es “solo un problema de infraestructura”, sino que afecta “la dignidad, la salud, la convivencia y las posibilidades reales de reinserción social de las detenidas”.
Entre los delitos se encuentran aquellos contra el patrimonio, en todas sus variantes: “Está el robo, el robo agravado”, explica la secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal de Acción Social, “pero el más común es el tráfico ilícito de drogas. Al igual que en el resto de América Latina, se observa lo que se denomina como la ‘feminización’ de estos delitos, ya que la mayoría de las mujeres se encuentran en prisión precisamente por este motivo. Y cuando analizamos sus casos -lo subrayo no con la intención de justificar el delito, sino para evidenciar el perfil de las detenidas-, descubrimos que se trata de mujeres que se ven envueltas en ello por una situación de necesidad, tal vez porque son jefas de familia, o por motivos sentimentales, ya que sus parejas pertenecen a un entorno de violencia o delincuencia”.
En este contexto, el compromiso de la Iglesia “es, por un lado, el de un acompañamiento espiritual, de fe, para ayudar a las personas a encontrar el sentido de la vida en lo trascendente que descubren; por otro lado, está la promoción humana integral y, dentro de ella, el aspecto laboral, no solo con fines terapéuticos, sino partiendo del reconocimiento del derecho al trabajo de las personas privadas de la libertad. En este sentido, hemos tenido diversas experiencias, maduradas a lo largo de muchos años de acompañamiento y apoyo a programas de formación profesional, así como de realización de talleres productivos (juguetes, cerámica, confección, calzado) a través de los cuales las personas, en particular las mujeres, pueden mantener a su familia incluso desde la cárcel. Muchos de nuestros grupos pastorales colaboran con el Instituto Nacional Penitenciario, que se encarga de la administración de las cárceles, ayudándolo a ponerse en contacto con empresarios que buscan mano de obra calificada y capaz de contribuir al crecimiento de sus empresas”, pero tampoco faltan “las parroquias que encargan la elaboración de cruces, rosarios y camisetas para los jóvenes de su pastoral”, agrega.
A la espera de la visita del Papa, hay mucho entusiasmo, cuenta Alayo: “Hay gran cariño por nuestro León XIV. Lo consideramos uno de nosotros”. El 24 de agosto de 2015 se le otorgó la ciudadanía peruana por naturalización: “Es muy conocido y querido aquí. Las reclusas, en particular las de Chorrillos, pero no solo ellas, sienten el deseo de ser parte de alguna manera de su visita. Por eso están haciendo muñecos, rosarios, tazas y camisetas con el rostro del Papa impreso. Es una forma de sentirse libres para poder recibir al Pontífice”. Cuando fue elegido, “en la cárcel de Chorrillos se escribieron cartas a León XIV, se celebraron misas de acción de gracias y se compusieron poemas. Luego, cuando se supo que el Santo Padre vendría a Perú, hubo una alegría enorme”, junto con la oración por su salud. Una reclusa, Milagros, se mostró segura de que en Lima “su espíritu las alcanzará” hasta Chorrillos. “Seguiremos rezando por él y sintiéndonos hermanos y hermanas de nuestro Papa peruano”, dijo.
