La historia del niño musulmán asesinado en Líbano cuya foto lleva siempre León XIV
Quizás cruzaron sus miradas cuando el Papa viajó al País de los Cedros. El pequeño lo esperaba con un cartel: "Bienvenido Papa León". Murió hace unas semanas en un bombardeo
Fue en el vuelo de regreso al Vaticano, que ponía fin a la gira africana que le llevó del 13 al 23 de abril por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. En todos esos países, no faltó la palabra de León XIV reclamando la paz en “un mundo que está siendo destruido por unos pocos tiranos”. No les puso nombre, pero todos sabían a quienes se refería.
Tampoco puso nombre a una de las más recientes víctimas de uno de esos tiranos. Se habían cruzado unos meses antes, en el marco del que era el primer viaje internacional del primer Papa estadounidense. Fue en el Líbano, adonde lo llevó también su propuesta de paz y fraternidad en un país atormentado por la guerra entre fanáticos pero donde, curiosamente, las comunidades cristianas y musulmanas, con otras religiones minoritarias, dan ejemplos sostenidos de fraternidad.
Unos ejemplo que pudo percibir allí él mismo, en el acto celebrado en el puerto de Beirut, donde familias libanesas agradecieron la acogida dada por otras familias de distintas creencias en su obligado éxodo para huir de los bombardeos entre Israel y Hezbolá .
Uno de aquellos musulmanes era un niño que, como tantas otras miles de personas, se apostaba en las carreteras y calles para esperar el paso de la comitiva de Robert F. Prevost. Le esperaba, paciente, con un cartel. Quizás cruzaron sus miradas. Quizás León XIV leyó lo que aquel pequeño de 11 años había escrito.
Lo que ya no puede saber aquel niño que despertaba a la vida era que aquel hombre de blanco sabe hoy perfectamente quién fue él. Y lo que estaba haciendo. Y sabe también lo que le sucedió cuando, hace unas semanas, Israel acometió una nueva ofensiva contra el Líbano, bombardeando incluso zonas civiles.
Lo que no puede saber aquel niño que era que nunca más volvería a ver a un papa
Lo que no puede saber aquel niño que era que nunca más volvería a ver a un papa. No había nacido cuando, en 2012, había visitado el País de los Cedros el último pontífice, Benedicto XVI, para entregar la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, centrada en la libertad religiosa y la convivencia.
Lo que no puede ya saber aquel niño al que el Papa no puso nombre en su declaración ante los periodistas, ni del que tampoco mostró su imagen, pero que algunas fuentes han identificado como miembro de los Exploradores del Imán al-Mahdi, una organización juvenil chiita del Líbano similar a los scouts, vinculada a Hezbolá, es que su recuerdo viaja ya siempre con él.
Lo que reconoció León XIV en ese vuelo de regreso, cuando, preguntado por los periodistas, sobre la guerra entre Estados Unidos, Irán e Israel, alentó a la continuación del diálogo por la paz y al respeto por el derecho internacional, es que aquel niño y tantas otras víctimas, han estado absolutamente desprotegidas: “Es muy importante que se proteja a los inocentes, como no ha ocurrido en varios lugares”.
Aquel niño ya no lo puede saber, pero fue en ese momento cuando León XIV dijo él lo tenía siempre muy cerca, a su lado. “Llevo conmigo una foto de un niño musulmán que, durante la visita al Líbano, estaba allí esperando con un cartel que decía «Bienvenido, Papa León»; luego, en esta última parte de la guerra, fue asesinado”.
