El lamento del Papa, en Acerra: "¡Cuánto derroche, cuánto veneno ha generado un modelo de crecimiento que nos ha embrujado!"

León XIV invita a "un estilo de vida y una espiritualidad que forjen la resistencia al avance del paradigma tecnocrático" y a aprender "a ser ricos de una manera diferente: más atentos a las relaciones, más enfocados en potenciar el bien común, más apegados a la comunidad local, más agradecidos al acoger e integrar a quienes vienen a vivir con nosotros"

El Papa en Acerra, con familiares y víctimas de los residuos tóxicos causados por la Camorra
El Papa en Acerra, con familiares y víctimas de los residuos tóxicos causados por la Camorra | RD/Captura

"Confirmar y alentar ese impulso de dignidad y responsabilidad que todo corazón honesto siente cuando la vida brota y se ve inmediatamente amenazada por la muerte". Ese fue el objetivo primero –confesado por él mismo al comienzo de su alocución–de su encuentro en la mañana de esta sabado con los alcaldes y fieles de los Municipios de la «Tierra de Fuegos», en Acerra, una ciudad del sur de Italia, en la región de Campania, cerca de Nápoles, zona afectada durante años por vertidos ilegales y quema de residuos vinculados a las ecomafias

Unos instantes antes, desde las nueve de la mañana, León XIV había vivido un emotivo encuentro en la catedral de Santa María Assunta con familiares de los más de 150 niños y jóvenes –sin contar adultos– que en los últimos años han fallecido por efecto de los tumores malignos causados por esos vertidos y humos tóxicos, hecho que fue denunciado sin ambajes por el obispo de Acerra en su saludo en el templo, ante las víctimas de lo que denominó "una crisis social y sanitaria".

Allí, en la catedral, el Papa reconoció el valor de la encíclica Laudato si', del papa Francisco, reconociendo que también el pontífice argentino tenía intención de haber hecho ese mismo viaje. "He venido a recoger las lágrimas de quien ha perdido a sus seres queridos", vícitimas de "personas sin escrúpulos" señaló Robert F. Prevost, agradeciendo "la denuncia y la profecía" de la Iglesia local, y saludando luego, una a una a las familias.

El Papa saluda a las familias en la catedral de Acerra
El Papa saluda a las familias en la catedral de Acerra | RD/Captura

"¡Asumamos cada uno nuestras responsabilidades, elijamos la justicia, sirvamos a la vida! El bien común está por encima de los intereses de unos pocos, de los intereses creados, sean pequeños o grandes", clamó más tarde el Papa, en la Piazza Calipari, ante los alcaldes de la zona, denunciando "la gravedad de la corrupción y la indiferencia que han permitido que se cometan crímenes".

"Esta tierra ha pagado un alto precio, ha enterrado a tantos de sus hijos, ha presenciado el sufrimiento de niños e inocentes. El valor y el peso de ese dolor nos exigen esforzarnos juntos para ser testigos de un nuevo pacto", exhortó el Papa, que reivindicó la "mirada contemplativa" a la que invitó Francisco en la primera encíclica 'verde' de la historia, y que requiere "un estilo de vida y una espiritualidad que forjen la resistencia al avance del paradigma tecnocrático".

El Papa lee su discurso ante el clero y las familias en la catedral de Acerra
El Papa lee su discurso ante el clero y las familias en la catedral de Acerra | RD/Captura

"Ese paradigma aún se presenta como vencedor hoy: está en la raíz de la proliferación de conflictos, tras los cuales se esconde la carrera por el acaparamiento de recursos; lo vemos resistirse cada vez que quienes ocupan cargos políticos e institucionales son demasiado débiles frente a los fuertes; lo encontramos activo en un desarrollo tecnológico que apunta a las ganancias vertiginosas de unos pocos y es ciego a las personas, a su trabajo y a su futuro. Por lo tanto, si estamos llamados al cambio, este debe comenzar por nuestra propia perspectiva", subrayó el primer Papa estadounidense de la historia.

"Se necesita un verdadero cambio de mentalidad en los ámbitos económico, civil e incluso religioso para construir el bien que sanará esta tierra y el planeta entero", afirmó León XIV, reconociendo y agradeciendo en este punto la labor de "los pioneros", en particular, remarcó, la de las "asociaciones ambientalistas".

Discurso del Papa en Acerra
Discurso del Papa en Acerra | RD/Captura

Instó luego el Papa a la creación "paso a paso, pero con rapidez, una economía menos individualista, un sistema menos consumista", denunciando acto seguidio "¡cuánto desperdicio, cuánto derroche, cuánto veneno ha generado un modelo de crecimiento que nos ha embrujado, dejándonos más enfermos y más pobres!", y exhortando a aprender "a ser ricos de una manera diferente: más atentos a las relaciones, más enfocados en potenciar el bien común, más apegados a la comunidad local, más agradecidos al acoger e integrar a quienes vienen a vivir con nosotros".

Reconoció Robert F. Prevost antes fieles y autoridades de una tierra que lo tiene cautivado, como reconoció hace dos semanas en su visita a Nápoles, que "ser capaces de corregir nuestro rumbo, actuando cada día sobre los hábitos y prejuicios que hemos arraigado, viendo más allá de nuestras propias fronteras significa", "a veces es un camino empinado y mal señalizado".

Y quiso poner un ejemplo concreto: "El nombre «tierra de fuegos» alude a las hogueras que se encienden en las afueras de las ciudades, a veces por minorías rechazadas y marginadas, hermanos y hermanas a quienes pocos conocen y respetan", ermarcando entonces que "la marginación siempre engendra inseguridad: la lucha cuesta arriba consiste en combatir la marginación, no a los marginados; se trata de romper toda la cadena, no solo de atacar el último eslabón. ¡Ustedes lo saben bien!".

El Papa aplaude al alcalde de Acerra cuando cita al juez Falcone asesinado oor la mafia
El Papa aplaude al alcalde de Acerra cuando cita al juez Falcone asesinado oor la mafia | RD/Captura

Discurso del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días a todos!

Saludo a las autoridades y agradezco a todos los que colaboraron en la preparación de este encuentro. ¡Gracias a todos por estar aquí!

Me alegra pasar esta mañana de sábado con ustedes, para volver a visitar una región cuya belleza ninguna injusticia puede borrar. En la vida, comprendemos que cuanto más frágil es una belleza, más exige cuidado y responsabilidad. Este, queridos hermanos, es el principal sentido de mi presencia hoy en Acerra: confirmar y alentar ese impulso de dignidad y responsabilidad que todo corazón honesto siente cuando la vida brota y se ve inmediatamente amenazada por la muerte. Quienes tienen el don de la fe comprenderán que este impulso proviene de Dios Creador, que busca en cada hombre y mujer colaboradores en sus proyectos de vida.

Hace poco, en la Catedral, me reuní con algunos familiares de las víctimas de la contaminación que, en las últimas décadas, ha convertido tristemente a esta zona en la «Tierra de los Fuegos»: un término que no hace justicia al bien que existe y perdura, pero que sin duda ha fomentado una mayor conciencia sobre la gravedad de la corrupción y la indiferencia que han permitido que se cometan crímenes. Quise agradecer a los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, y laicos que acogieron con prontitud el mensaje de la encíclica Laudato Si' y la constante invitación del Papa Francisco a ser una Iglesia abierta, misionera y sinodal. Caminar juntos, superar el ensimismamiento, atreverse a profetizar a pesar de la resistencia y las amenazas es lo que el Señor nos pide y lo que su Espíritu inspira.

En esta tierra, en efecto, la vida existe y se opone a la muerte; la justicia existe y se hará valer. Por supuesto, debemos elegir la vida y liberarnos de las ataduras de la muerte. Siempre hay una sutil ventaja en la resignación, en el compromiso, en posponer decisiones necesarias y valientes. El fatalismo, la queja y el culpar a otros son el caldo de cultivo de la anarquía y la desertificación de las conciencias. Por lo tanto, quisiera decirles a todos: ¡Asumamos cada uno nuestras responsabilidades, elijamos la justicia, sirvamos a la vida! El bien común está por encima de los intereses de unos pocos, de los intereses creados, sean pequeños o grandes.

Esta tierra ha pagado un alto precio, ha enterrado a tantos de sus hijos, ha presenciado el sufrimiento de niños e inocentes. El valor y el peso de ese dolor nos exigen esforzarnos juntos para ser testigos de un nuevo pacto. Están en camino hacia el tiempo del renacimiento, que no es un tiempo de represión, sino de acción ética y memoria activa. Es un tiempo para una mirada contemplativa, aquella a la que la encíclica Laudato si' llamó a todos los seres humanos, partiendo cada uno de sus responsabilidades. «La cultura ecológica», escribió el Papa Francisco, «no puede reducirse a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas emergentes de la degradación ambiental, el agotamiento de los recursos naturales y la contaminación. Requiere una perspectiva diferente, una forma de pensar, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que forjen la resistencia al avance del paradigma tecnocrático» (Laudato Si', 111). Hermanas y hermanos, ese paradigma aún se presenta como vencedor hoy: está en la raíz de la proliferación de conflictos, tras los cuales se esconde la carrera por el acaparamiento de recursos; lo vemos resistirse cada vez que quienes ocupan cargos políticos e institucionales son demasiado débiles frente a los fuertes; lo encontramos activo en un desarrollo tecnológico que apunta a las ganancias vertiginosas de unos pocos y es ciego a las personas, a su trabajo y a su futuro. Por lo tanto, si estamos llamados al cambio, este debe comenzar por nuestra propia perspectiva.

Según algunos, dejar un mundo mejor a nuestros hijos se ha convertido en una ambición muy elevada. Sin embargo, la misión no debe ser simplemente dejar al mundo mejores hijos e hijas. El compromiso con la educación está a nuestro alcance y es una prioridad. La educación de los jóvenes, por supuesto, pero también la de los adultos; de los niños, pero también la de los ancianos; de los ciudadanos y sus líderes; de los trabajadores y los empleadores; de los fieles y los pastores: todos tenemos que aprender. Todos tenemos algo que dar, pero primero debemos aprender a recibir. No es fácil admitirlo, pero este es el comienzo del futuro: es como una puerta que se abre a aquello en lo que hasta ahora no hemos pensado, creído ni amado lo suficiente. Seguir aprendiendo: esto es lo que nos hace una comunidad. Para los cristianos, significa «recorrer el camino» con Jesús: convertirse, a cada edad, en sus discípulos cada vez mejores.

Queridos amigos, se necesita un verdadero cambio de mentalidad en los ámbitos económico, civil e incluso religioso para construir el bien que sanará esta tierra y el planeta entero. Entre las personas, las instituciones y las organizaciones públicas y privadas, debemos consolidar y ampliar el pacto que ya está dando sus primeros frutos en los ámbitos educativo y social. No solo contrarrestará y desmantelará alianzas criminales, sino que conectará y multiplicará positivamente las mejores fuerzas y grandes ideas que ya residen en sus corazones. Quisiera agradecer a aquellos «pioneros» que, con su valiente compromiso, fueron los primeros en denunciar los males de esta tierra y llamaron la atención sobre la realidad oculta y negada de su envenenamiento: pienso en particular en los miembros de las asociaciones ambientalistas. Ahora todos sabemos que debemos velar por la salud de la creación como velamos por la de nuestra propia casa, rechazando las tentaciones de poder y enriquecimiento vinculadas a prácticas que contaminan la tierra, el agua, el aire y la convivencia. Crearemos, paso a paso, pero con rapidez, una economía menos individualista, un sistema menos consumista. ¡Cuánto desperdicio, cuánto derroche, cuánto veneno ha generado un modelo de crecimiento que nos ha embrujado, dejándonos más enfermos y más pobres! Aprendamos, pues, a ser ricos de una manera diferente: más atentos a las relaciones, más enfocados en potenciar el bien común, más apegados a la comunidad local, más agradecidos al acoger e integrar a quienes vienen a vivir con nosotros.

Es a partir de esta transformación que podemos construir buenas prácticas comunitarias: a través de personas y empresas que cultiven un sentido de los límites, no de la violación irresponsable; que tengan un gusto por la recuperación, no por la lógica de la invasión; un hambre y sed de justicia en lugar de posesión. En particular, estar cerca del corazón humano, y por lo tanto más cerca de Dios que lo creó, significa desear una comunidad más inclusiva, más unida, menos afectada por la marginación y la polarización. Pero el camino a seguir es estrecho, porque comienza con nosotros mismos, desde donde nos encontramos. Ser capaces de corregir nuestro rumbo, actuando cada día sobre los hábitos y prejuicios que hemos arraigado, viendo más allá de nuestras propias fronteras significa unirnos verdaderamente. A veces es un camino empinado y mal señalizado. Un ejemplo concreto: el nombre «tierra de fuegos» alude a las hogueras que se encienden en las afueras de las ciudades, a veces por minorías rechazadas y marginadas, hermanos y hermanas a quienes pocos conocen y respetan. La marginación siempre engendra inseguridad: la lucha cuesta arriba consiste en combatir la marginación, no a los marginados; se trata de romper toda la cadena, no solo de atacar el último eslabón. ¡Ustedes lo saben bien!

En este Año Jubilar de San Francisco, Patrono de Italia, el Poverello de Asís nos recuerda que la paz se fundamenta en el cuidado de los demás, en la fraternidad: hemos sido colocados en un hogar común para aprender a vivir juntos. Los problemas de este hogar son nuestros problemas; su belleza es nuestra belleza. Tenemos la tarea de velar como centinelas en la noche. Podemos estar entre quienes contemplarán el nuevo amanecer.

Hermanos y hermanas, muchas gracias: ¡esta visita es muy valiosa para el Papa! Los incluyo en mis oraciones, encomendándolos a nuestra Madre María, Estrella de la Mañana, a cada uno de ustedes, a sus familias y al presente y futuro de sus comunidades. ¡Gracias!

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