León XIV, un "peregrino entre los peregrinos" en la procesión de las antorchas de Lourdes
El Papa cerró su segundo día en Francia, después de encontrarse con las carmelitas y con siete víctimas de abusos, participando en la mítica procesión con el rosario a la Virgen en Lourdes
Uno de los momentos más emotivos para cualquier peregrino a Lourdes es la participación en la procesión de las Antorchas. Cada peregrino, 'armado' con una vela, recorre en oración, rezando el Rosario, la explanada, hasta concluir en la gruta junto a la imagen de la Virgen. No quiso perdérselo León XIV en un día repleto de actos.
En su oración final, el Papa recordó la petición de la Virgen a Bernadette, "que vengan aquí en procesión", y su alegría al poder formar parte de ella. "Doy gracias al Señor por poder responder esta noche a la llamada de nuestra Madre, convirtiéndome en peregrino entre los peregrinos".
La luz de las velas, "la que nos guía y nos atrae, es la de la esperanza que nunca nos abandona, incluso mientras peregrinamos por esta vida, a menudo marcada por las pruebas, pero ya llena de la alegría de sabernos hijos de Dios, amados y salvados por Jesús", reflexionó Prevost, quien citó a los enfermos, esos "testigos privilegiados" del amor de Dios. "Hay que venir aquí a participar en esta procesión con vosotros, queridos enfermos, para sentir toda su realidad".
Una realidad a través de la que Dios "nos permite dirigir la mirada hacia un futuro más lejano, más allá de nuestro horizonte terrenal, un futuro de felicidad infinita en Dios, que estamos seguros de alcanzar si nos mantenemos firmes en la fe y la caridad", sabiendo, como dijo san Pablo, que "no hay comparación entre los sufrimientos del tiempo presente y la gloria que se revelará en nosotros".
"Esta noche, dirijamos nuestra mirada hacia María, tan gloriosa y tan humana, y dejemos que ella nos conduzca hacia Dios", rogó el Papa, pidiendo "su apoyo y su intercesión" "tanto para el mundo como para cada uno de nosotros". Ella, María, "es la estrella del mar que nos socorre en las tribulaciones".
"Así pues, queridos hermanos y hermanas, peregrinos y enfermos, que habéis venido tanto de Francia como de todo el mundo para participar en esta procesión de luz, ferviente y serena, llevemos nuestras intenciones más queridas y más urgentes, y presentémoslas a Nuestra Señora. Al contemplarla en su Inmaculada Concepción, una alegría y una esperanza invencible brotan en nuestros corazones: pues, revestida del sol, con la luna bajo sus pies y coronada de estrellas, es gloriosa, es poderosa; y, al mismo tiempo, es humilde, muy cercana a nosotros. Es la madre de Jesús, es nuestra madre", culminó Prevost, rogando a la Inmaculada "nunca se apague en nuestras vidas, sino que ilumine el futuro, abriéndonos desde hoy a las promesas de la vida eterna".