"La fe no aísla, abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer una verdadera fraternidad"

León XIV concluye su primer día en Argelia visitando la Gran Mezquita, acompañando en privado a las agustinas de Bab el Oued y encontrándose con la comunidad argelina en Nuestra Señora de África. "Comunión, diálogo y paz", claves de la jornada

El Papa saluda a una de las religiosas que presentó su testimonio
El Papa saluda a una de las religiosas que presentó su testimonio

Comunión, diálogo y paz. Estas fueron las claves, junto a la constante lluvia, de la primera tarde de León XIV en Argelia. Primero, con una visita a la Gran Mezquita de Argel; después, acompañando en privado a las hermanas agustinas, que hace décadas sufrieron el martirio; finalmente, encontrándose con la comunidad católica (pero también con episcopalianos o musulmanes) de Argel: "En un mundo donde las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, en las comunidades e incluso en las familias, su forma de vivir juntos, unidos y en paz es un gran signo", subrayó.

Como hiciera en Turquía, el Papa León XIV se descalzó, y recorrió la Gran Mezquita de Argel, junto al rector, Mohamed Mamoun Al Qasimi. El pontífice también optó por un momento de silencio, que no de oración, antes de una reunión privada, a la que también se sumó el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. En el mismo, se escuchó a León decir que "es posible construir un mundo de paz". En su firma en el Libro de Honor, el Papa escribió: "Que la misericordia del Altísimo mantenga en paz y libertad al noble pueblo argelino, y a toda la familia humana".

Tras el encuentro, el Papa se trasladó al Centro de acogida y amistad de las Hermanas Agustinas en Bab el Oued para una visita privada al lugar donde vivieron Esther y Caridad, que, durante la guerra civil argelina, estuvieron entre los 19 mártires asesinados entre 1994 y 1996, ofreciendo su testimonio de fe y dedicación.

El Papa pasea, descalzo, por la Mezquita de Argel
El Papa pasea, descalzo, por la Mezquita de Argel

Posteriormente, desde la basílica de Nuestra Señora de África, el Papa se encontró con la comunidad católica argelina, una "presencia discreta y preciosa, arraigada en esta tierra, marcada por una historia antigua y por luminosos testimonios de fe". Tras escuchar los testimonios de una religiosa de Notre-Dame du Lac Bam, una estudiante pentecostal, una guía de la Basílica, una mujer musulmana y, por último, de un canto interreligioso, el pontífice evocó las "raíces profundas" de este pueblo.

"Son herederos de una multitud de testigos que han dado la vida, impulsados por el amor a Dios y al prójimo", recordó León XIV, citando expresamente a "los diecinueve religiosos y religiosas mártires de Argelia, que decidieron estar junto a este pueblo compartiendo sus alegrías y sus dolores. Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto". 

El Papa reza en la basílica
El Papa reza en la basílica

Un pueblo que también es hijo de san Agustín de Hipona y su madre, Santa Mónica. "Su memoria es una clara llamada a ser, hoy, signos creíbles de comunión, diálogo y paz". Tres palabras que a buen seguro resonarán a lo largo de la gira africana del pontífice, como otras tres, a las que dedicó buena parte de su reflexión: "la oración, la caridad y la unidad". 

En primer lugar, la oración. "Todos la necesitamos", comenzó León XIV, evocando el encuentro de Juan Pablo II a los jóvenes musulmanes en Casablanca, que ha cumplido cuatro décadas. Pero también a Carlos de Foucauld. Y al testimonio de esta tarde de Alí, que trabaja en esta basílica, donde muchos llegan a orar y "compartir las cargasd que lelvan en su corazón". Y es que, apuntó el Papa, "la oración une y humaniza, refuerza y purifica el corazón, y la Iglesia en Argelia, gracias a la oración, siembra humanidad, unidad, fuerza y pureza a su alrededor, llegando a lugares y contextos que sólo el Señor conoce".

Vesco, con el Papa
Vesco, con el Papa

Tras la oración, la caridad, de la que habló la religiosa, hermana Bernadette, que trabaja con niños discapacitados y sus familias. "En sus palabras, percibimos el valor de la misericordia y del servicio no sólo como ayuda a los más frágiles, sino sobre todo como lugar de gracia, en el que cualquiera que se deje involucrar crece y se enriquece". Una labor, que se basa en visitar a los enfermos, y que ha logrado constituirse en "una organización asistencial cada vez más articulada, una verdadera comunidad en la que muchísimas personas participan, tanto en los acontecimientos alegres como en los dolorosos, unidos por vínculos de confianza, amistad y familiaridad".

"Un ambiente así es sano y sanador, y no sorprende el hecho de que, en él, el que sufre encuentre los recursos necesarios para mejorar la propia salud, llevando al mismo tiempo alegría a los demás", recalcó el pontífice, quien volvió a resaltar el testimonio de los mártires, quienes "frente al odio y a la violencia, permanecieron fieles a la caridad hasta el sacrificio de la vida, junto con tantos otros hombres y mujeres, cristianos y musulmanes".

Fieles en Nuestra Señora de África
Fieles en Nuestra Señora de África

Y lo hicieron, añadió el pontífice, "sin pretensiones y sin clamor, con la serenidad y la firmeza de quien no presume ni desespera". Uno de ellos, Fray Luc, el anciano monje médico quien prefirió "quedarme con ellos", y morir, a salvar su vida abandonando a sus pacientes.

Finalmente, "el compromiso por promover la paz y la unidad", que glosan el lema de esta visita. Así lo aclaró León XIV: "En Dios, la paz y la armonía pueden reinar en nuestro vivir juntos", subrayó el Papa, evocando el Evangelio, a San Agustín o a San Cipriano. Un signo de esta unidad es la misma basílica en la que se encontró con la comunidad cristiana del país, "símbolo de una Iglesia de piedras vivas donde, bajo el manto de Nuestra Señora de África, se construye la comunión entre cristianos y musulmanes", unidos "por la misma aspiración a la dignidad, al amor, a la justicia y a la paz".

"En un mundo donde las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, en las comunidades e incluso en las familias, su forma de vivir juntos, unidos y en paz es un gran signo"

Los argelinos, "hijos deseosos de caminar juntos, de vivir, rezar, trabajar y soñar, porque la fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer una verdadera fraternidad, como nos ha dicho Monia, y como ha testimoniado Rakel", otras dos de las intervinientes, una musulmana, la otra episcopaliana. Muchos de los que viven la fe de Jesús en Argelia, lo hacen en un ecumenismo real, como afirmó en sus palabras anteriores el cardenal Vesco, y como confirmó el coro multiconfesional que precedió a las palabras del pontífice. Y así lo agradeció el Papa: "En un mundo donde las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, en las comunidades e incluso en las familias, su forma de vivir juntos, unidos y en paz es un gran signo".

El Papa, con una fiel musulmana
El Papa, con una fiel musulmana

"Así unidos, difundan la hermandad, inspirando en quienes los rodean deseos y sentimientos de comunión y de reconciliación, con un mensaje tanto más fuerte y claro cuanto testimoniado en la sencillez y en la humildad", finalizó León XIV, quien evocó la imagen del desierto y su aspereza para recalcar que "en el desierto no se sobrevive en soledad". 

"Queridos hermanos y hermanas, los animo a continuar su labor en tierras argelinas, como comunidad de fe unida y abierta, presencia de la Iglesia «sacramento universal de salvación». Gracias por todo lo que hacen, por su oración, por su caridad y por su testimonio de unidad. Les aseguro mi recuerdo en la oración ante el Señor y, encomendándolos a María, Nuestra Señora de África, los bendigo de corazón", concluyó.

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