León XIV clama en Bamenda: "¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!"

"El mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios"

El clamor por la paz del Papa
El clamor por la paz del Papa

León XIV se esplazó hoy a Bamenda y el primer acto que celebró allí fue un encuentro por la paz en la catedral de San José. Tras el canto de entrada y las palabras de bienvenida del arzobispo de Bamenda, el canto del coro y algunos testimonios, el Santo Padre pronunció un nuevo alegato contra la guerra, precisamente en esta "región atormentada" y en "esta tierra ensangrentada, pero fértil; de esta tierra ultrajada, pero rica en vegetación y generosa en frutos!".

El Papa alabó las iniciativas de paz de "sus líderes religiosos se han unido y han fundado un Movimiento por la Paz, a través del cual tratan de mediar entre las partes en conflicto".  Por eso añadió: "Estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro rápidamente que son ustedes los que me la anuncian a mí y al mundo entero".

Y, a continuación, León XIV aprovechó para bendecir a los mensajeros de paz del mundo: "¡En cuántos lugares de la tierra desearía que sucediera lo mismo! ¡Bienaventurados los que trabajan por la paz! En cambio, ¡ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!"

El coro actúa ante el Papa
El coro actúa ante el Papa

Y sin nombrar a los que utilizan a Dios (aunque todos sabemos quiénes son), el Papa descubrió sus artimañas: "Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar. Quienes saquean los recursos de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin"

Su diagnóstico es claro y sincero: "El mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios". Y, a su juicio, a los señores de la guerra sólo se les puede parar con "esa revolución silenciosa de la que ustedes son testigos. Como ha dicho el Imán, demos gracias a Dios porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa, y porque seguimos intentando amarnos los unos a los otros. ¡Sigamos adelante sin cansarnos, con valentía y, sobre todo, juntos, siempre juntos!". 

Fieles en la catedral
Fieles en la catedral

Discurso íntegro del Papa León XIV

Queridas hermanas, queridos hermanos: 

Es una alegría para mí estar entre ustedes en esta región tan atormentada. Y tal como acaban de demostrar sus testimonios, todo el dolor que ha azotado a su comunidad hace que hoy sea aún más evidente esta certeza: ¡Dios nunca nos ha abandonado! ¡En Él, en su paz, siempre podemos volver a empezar! 

El Arzobispo recordó la profecía que exclama: «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz!» (Is 52,7). Así saludaba mi presencia entre ustedes, pero ahora yo quisiera responder: ¡qué hermosos son también los pies que dan los pasos de ustedes, cubiertos del polvo de esta tierra ensangrentada, pero fértil; de esta tierra ultrajada, pero rica en vegetación y generosa en frutos! Son los pies que los han traído hasta aquí y que, a pesar de las pruebas y los obstáculos, los han mantenido en los caminos del bien. Les doy las gracias, porque —¡es cierto!— estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro rápidamente que son ustedes los que me la anuncian a mí y al mundo entero. De hecho, como acaba de recordar uno de ustedes, la crisis que ha sacudido estas regiones de Camerún ha acercado más que nunca a las comunidades cristianas y musulmanas, a tal punto que sus líderes religiosos se han unido y han fundado un Movimiento por la Paz, a través del cual tratan de mediar entre las partes en conflicto. 

El Papa en la catedral de Bamenda
El Papa en la catedral de Bamenda

¡En cuántos lugares de la tierra desearía que sucediera lo mismo! ¡Bienaventurados los que trabajan por la paz! En cambio, ¡ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso! Sí, queridos hermanos y hermanas, ustedes que tienen hambre y sed de justicia, ustedes los pobres, los misericordiosos, los mansos y los de corazón puro, ustedes que han llorado, ¡ustedes son la luz del mundo! (cf. Mt 5,3-14). Bamenda, ¡hoy eres la ciudad puesta en lo alto del monte, espléndida a los ojos de todos! Hermanas y hermanos, sean por mucho tiempo la sal que da sabor a esta tierra, ¡no pierdan su sabor tampoco en los años venideros! Atesoren lo que los ha unido y lo que han compartido en la hora del llanto. Sean aceite que se derrama sobre las heridas humanas. 

En este sentido, quiero expresar mi gratitud a todas aquellas personas —en particular a las mujeres, laicas y religiosas— que atienden a las personas traumatizadas por la violencia. Es una labor inmensa, invisible, cotidiana y, como ha recordado la Hna. Carine, expuesta al peligro. Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir. Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar. Quienes saquean los recursos de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin.

El Papa en Bamenda
El Papa en Bamenda

Esto es un mundo al revés, una distorsión de la creación de Dios que toda conciencia recta debe denunciar y repudiar, eligiendo una vuelta en “U” —la conversión— que conduce en la dirección opuesta, por el camino sostenible y rico en fraternidad humana. El mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios. Son la descendencia de Abraham, tan incontable como las estrellas del cielo y los granos de arena en la playa del mar. Mirémonos a los ojos: ¡ya somos este pueblo inmenso! No hay que inventar la paz, hay que acogerla, asumiendo al prójimo como hermano y como hermana. Nadie elige a sus hermanos y hermanas: ¡sólo tenemos que aceptarnos unos a otros! Somos una sola familia y habitamos la misma casa, este maravilloso planeta que las culturas antiguas han cuidado durante milenios. 

El Papa Francisco escribió en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium algo que vino a mi mente al escuchar las palabras que ustedes decían: «La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (n. 273). 

Queridos hermanos y hermanas de Bamenda, estos son mis sentimientos mientras estoy entre ustedes. ¡Trabajemos juntos por la paz! «Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás» (ibíd.). Así nos exhortó mi querido Predecesor a caminar juntos, cada uno en su propia vocación, ampliando los límites de nuestras comunidades, con la determinación de quien parte de su labor local para llegar al amor al prójimo, sea quien sea y dondequiera que esté. ¡Es la revolución silenciosa de la que ustedes son testigos! Como ha dicho el Imán, demos gracias a Dios porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa, y porque seguimos intentando amarnos los unos a los otros. ¡Sigamos adelante sin cansarnos, con valentía y, sobre todo, juntos, siempre juntos! 

Bamenda
Bamenda

Algunas de las intervenciones antes del discurso del Papa

El Papa escucha los testimonios
El Papa escucha los testimonios

1. Discurso del Jefe Tradicional Supremo de Mankon, Fon Fru Asaah Angwafor IV

Santidad, Papa León XIV,

En nombre de todos los jefes tradicionales y guardianes de las tradiciones de las regiones del noroeste y del suroeste, deseo darle una calurosa bienvenida a Camerún y a Bamenda. Los jefes tradicionales han desempeñado un papel muy importante en la difusión y el crecimiento del cristianismo en Camerún, al oeste del río Mungo. Cuando el catolicismo llegó a Camerún en 1890 y a esta parte del país con los misioneros que llegaron a Bonjongo en 1894, estos fueron acogidos por los jefes tradicionales de la época. La mayor parte de los terrenos sobre los que se construyeron las iglesias y las escuelas fueron donados por los jefes tradicionales, y hoy podemos afirmar con orgullo que, por extensión, también nosotros hemos sido evangelizadores. En particular, me alegra dar la bienvenida al Papa, jefe de la Iglesia católica en el mundo, a tierra de Mankon. La catedral en la que nos encontramos es la catedral de Mankon, y fue construida en un terreno donado por mi padre, sobre el cual se fundó la parroquia en 1935. El pueblo de Mankon desea darle las gracias por este gran honor concedido al pueblo de Mankon.

Discurso del jefe tradicional
Discurso del jefe tradicional

Aprovechamos esta oportunidad para agradecer al Papa la gran labor de evangelización realizada por la Iglesia en los años pasados y aún hoy, así como por los servicios sociales que la Iglesia ha ofrecido a nuestro pueblo. La mayoría de las mejores escuelas y de los mejores institutos de enseñanza superior están gestionados por la Iglesia católica, al igual que hospitales, orfanatos y, hoy en día, también universidades. Esperamos que la Iglesia siga mejorando la vida de las personas a través de estos servicios.

Existían algunas prácticas tradicionales que no eran compatibles con los valores cristianos, y algunas de ellas han desaparecido poco a poco gracias a la educación y la civilización. Le damos las gracias porque durante el Sínodo sobre la sinodalidad de 2023 y 2024 en Roma, el Papa pidió a los obispos africanos que llevaran a cabo un estudio en profundidad sobre la poligamia y que examinaran cómo las personas que se encuentran en estas situaciones pueden integrarse en la vida de la Iglesia. Estamos a la espera de los resultados de dicho estudio, para que los jefes tradicionales y las personas que viven esa situación puedan rendir culto a Dios libremente en la iglesia sin ser juzgados o rechazados en esa misma Iglesia.

Santo Padre, los jefes tradicionales de esta región de Camerún han atravesado un período muy difícil desde el inicio de lo que hoy se denomina comúnmente la crisis anglófona. Hemos visto esta crisis como un colapso de la autoridad dentro de la sociedad, sobre todo porque nosotros, los jefes tradicionales, nos hemos convertido en blancos fáciles. Algunos fon y jefes han perdido la vida, algunos palacios han sido incendiados y aún hoy muchos fon y jefes viven lejos de sus reinos.

Discurso del jefe tradicional
Discurso del jefe tradicional

Tenemos plena confianza en que su presencia aquí contribuirá a traer la paz a estas regiones que sufren. Nosotros, los jefes tradicionales, seguiremos trabajando para promover la paz y la reconciliación y esperando el restablecimiento bde la autoridad en nuestro país.

Contamos mucho con sus oraciones y le deseamos una agradable estancia en este espléndido país que Dios nos ha dado. Dios bendiga a la Iglesia católica, Dios bendiga al Vaticano y Dios bendiga a Camerún.

2. Discurso del Reverendísimo Fonki Samuel Forba, Moderador emérito de la Iglesia Presbiteriana de Camerún

Santo Padre,

Represento a los cristianos de las Iglesias protestantes y anglicana, así como a las comunidades evangélicas de Camerún, y le agradezco sinceramente su visita a Bamenda y por habernos permitido formar parte de esta gran delegación y reunirnos con usted aquí, en la catedral de San José.

Uno de los frutos positivos de esta crisis que ha sacudido nuestras regiones de Camerún es que ha acercado como nunca antes a las Iglesias cristianas y a la religión musulmana. La persecución y el sufrimiento no conocen ni fe ni raza, ni lengua ni color. La persona que sufre necesita consuelo, y el ser humano que está en guerra necesita paz, sea cual sea su credo. Debido a los sufrimientos comunes vividos, los líderes religiosos de origen anglófono se han unido y han fundado un movimiento de paz a través del cual hemos tratado de mediar en la paz y el diálogo entre el Gobierno de Camerún y los combatientes separatistas. Bajo la guía del arzobispo de Bamenda, monseñor Andrew Nkea, hemos visitado y hablado con muchos líderes de los movimientos separatistas en el país y en el extranjero, y hemos intentado entablar un diálogo con los combatientes separatistas locales sobre el terreno, convenciéndolos de que la paz es mejor que la guerra y de que la guerra nunca puede resolver verdaderamente ningún conflicto.

Fieles en Camerún
Fieles en Camerún

Santo Padre, esta crisis anglófona es una de las crisis olvidadas del planeta Tierra, pero se ha llevado a la atención del Vaticano y este se ha mostrado incluso dispuesto a facilitar el diálogo entre las facciones en guerra. En África hay un proverbio: «Cuando dos elefantes luchan, la hierba es la que sufre». Muchas personas de a pie, entre ellas mujeres y niños, han sufrido terriblemente a causa de los conflictos entre las fuerzas gubernamentales y los combatientes separatistas. En la práctica, todos los aquí reunidos estamos traumatizados y necesitamos sanación tanto psicológica como espiritual. Por ello, le pedimos, Santo Padre, que utilice sus buenos oficios de cualquier manera para ayudarnos a encontrar una solución duradera a este conflicto que ha destruido nuestras hermosas regiones anglófonas. Le pedimos que siga apoyando nuestras iniciativas de paz para que, algún día, podamos volver a disfrutar de una paz duradera.

3. Discurso del imán Mohamad Abubakar de la Mezquita Central de Buea

Santidad,

Le saludo en nombre de Alá, el Todopoderoso y Misericordioso.

La comunidad islámica se alegra de su presencia aquí como representante de Dios, que es el artífice de todo lo bueno, portador de paz y que ama a toda la humanidad.

El 14 de noviembre de 2025, unos hombres armados asaltaron durante la oración la mezquita de Sagba, a unos 20 kilómetros de Bamende, matando a tres personas e hiriendo a otras nueve. El 14 de enero de 2025, varios hombres armados abrieron fuego contra ganaderos de la comunidad étnica mbororo, matando al menos a quince personas, entre ellas ocho niños. La comunidad islámica ha sufrido en muchas ciudades y pueblos anglófonos, y ha habido víctimas musulmanas en lo que ya se conoce como la masacre de Ngabur, en la que en 2020 fueron asesinados 23 civiles. Muchos musulmanes se dedican a la ganadería y comercian con las comunidades de las regiones del noroeste y del suroeste. Pero muchos de ellos han sufrido la pérdida de su ganado y muchas de sus actividades han tenido que cerrar debido a la crisis que está sacudiendo nuestras regiones. Damos gracias a Dios porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa y seguimos intentando amarnos unos a otros a pesar de nuestras diferentes religiones.

Santo Padre, bienvenido, y por favor, ayúdenos a recuperar la paz.

Mohamed Abubakkar
Mohamed Abubakkar

4. Discurso de la reverenda hermana Carine Tangiri Mangu (Hermanas de Santa Ana)

Santo Padre,

Nosotras, las mujeres consagradas de la Provincia eclesiástica de Bamenda, nos alegramos de tenerle entre nosotras. Es un gran consuelo para nosotras, que trabajamos entre los pobres y los necesitados de nuestras comunidades. Nos dedicamos principalmente al trabajo pastoral en las diócesis, al apostolado hospitalario y educativo, a las obras sociales, al apoyo psicosocial a las personas que han sufrido traumas y a las actividades espirituales en nuestras comunidades. Su presencia aquí es un gran estímulo para nosotras, que llevamos a cabo nuestro apostolado en circunstancias muy difíciles.

Desde que comenzó esta crisis, realizamos nuestro trabajo con mucho miedo y gran inseguridad. El 14 de noviembre, mientras regresábamos de Bamenda a Elak-Oku, donde enseñamos en la escuela primaria, la hermana Mediatrix y yo fuimos secuestradas por unos hombres armados cerca de Baba 1 y llevadas al bosque, donde nos mantuvieron como rehenes durante tres días y tres noches. Durante todos esos días y esas noches no dormimos ni comimos. Nos trasladaban en moto de un lugar a otro, a veces a la una de la madrugada para evitar que nos localizaran. Iniciamos una huelga de hambre y explicamos a nuestros secuestradores que simplemente estábamos haciendo nuestro trabajo por los pobres y que no teníamos nada que ver con la política. Exigieron que les diéramos números de teléfono para poder pedir un rescate. Fue un momento difícil para nosotras, porque, además de ser trasladadas de un lugar a otro, no podíamos lavarnos, ni comer o beber agua a nuestro antojo, ni siquiera dormir. Lo que mantuvo viva nuestra esperanza fue el Rosario, que rezamos sin cesar durante todos esos días.

Carine Tangiri
Carine Tangiri

Fuimos liberadas al cabo de tres días gracias a la intervención de los cristianos de esa zona, que se habían enterado de nuestra desgracia.

Santo Padre, estas son las condiciones en las que muchas mujeres consagradas realizan su labor y viven en esta zona de guerra. Algunas han vivido experiencias más dramáticas y traumáticas, pero seguimos confiando en la ayuda de Dios y en la intercesión de la Santísima Virgen María. Contamos con sus oraciones y con su solicitud paterna.

Religiosas cameruneses, con el Papa
Religiosas cameruneses, con el Papa

5. Discurso de una familia de desplazados internos: el señor Denis Salo, su esposa y sus tres hijos. (Desplazados internos de Mbiame, en la diócesis de Kumbo, ahora residentes en Bamenda.)

Santo Padre, se dice que «no todo mal viene para hacer daño». Nunca hubiera podido ni siquiera soñar que algún día de mi vida hablaría con el Santo Padre. Pero gracias a la desgracia que nos ha sobrevenido, aquí estoy dirigiéndome al Santo Padre.

Mi familia y yo procedemos de Mbiame, en la diócesis de Kumbo, donde vendía al por mayor bebidas de las Brasseries du Cameroun y de Guinness. Cuando estalló la guerra en 2017, estas bebidas fueron prohibidas y a quienes las vendíamos nos convirtieron en blanco de ataques. Cinco de mis vecinos fueron asesinados, y también uno de mis amigos más queridos. Mientras estábamos bajo el fuego de los combatientes separatistas, los soldados del Gobierno prendían fuego a las casas.

Testimonio de una familia
Testimonio de una familia

En 2017 huí de Mbiame con mi familia, abandonando todo lo que tenía, entre ello la casa, las granjas y los animales, y llegué a Bamenda. Mis hijos tuvieron que dejar la escuela. Al no haber encontrado nada mejor en Bamenda, me fui a Douala en busca de trabajo, pero al no encontrar nada mejor volví a Bamenda. Ahora vivo en una pequeña casa de alquiler con toda mi familia y trabajo como vigilante en el hospital María Soledad y, al mismo tiempo, como jardinero en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Ngomgham. Gracias, Santo Padre, por haber venido a consolarnos. ___________________

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