León XIV consagra las reuniones anuales de cardenales, y hace suyo el clamor unánime por la paz: “No debemos resignarnos a la violencia"
El Papa llora por las víctimas de Venezuela, clamando para que “no falte la solidaridad de la comunidad internacional hacia esa querida nación”; reivindica el carácter sinodal de la Iglesia, el multilateralismo y la participación. “Lo que aprendemos a vivir en estos días no concierne solo al Colegio Cardenalicio. Es un estilo que estamos llamados a promover en toda la Iglesia", subraya, agradeciendo “la libertad, la fraternidad y el sentido eclesial con los que habéis participado en nuestros trabajos”
“No debemos resignarnos a la violencia. La violencia no tendrá la última palabra. Dios sigue abriendo en la historia caminos de reconciliación y de paz. Tenemos la responsabilidad de recorrerlos con valentía y de ayudar al mundo a reconocerlos”. León XIV cerró el segundo consistorio extraordinario, que tendrá continuidad, con un encuentro similar cada año, con un llamamiento unánime de todos los presentes por la paz en el mundo: “Dios desea la paz para cada nación y para cada pueblo”.
El Pontífice inició su discurso expresando su solidaridad, “la mía y la de todo el Colegio Cardenalicio, con la población de Venezuela, duramente afectada por el violento terremoto de estos días”. Así, el Papa aseguró “nuestras oraciones por las víctimas, por sus familias y por todos aquellos que sufren las consecuencias de esta tragedia”, y clamó para que “no falte la solidaridad de la comunidad internacional hacia esa querida nación”.
Entrando en harina, León XIV expresó su “profunda gratitud” a los cardenales presentes por “la libertad, la fraternidad y el sentido eclesial con los que habéis participado en nuestros trabajos”.
“Me llevo conmigo no solo el contenido de vuestras reflexiones, sino también la experiencia que las ha hecho posibles”, subrayó Prevost, quien destacó que “ver a cardenales procedentes de Iglesias, culturas y situaciones tan diversas escucharse mutuamente y buscar juntos lo que mejor sirve al Evangelio ha sido para mí motivo de consuelo y esperanza”.
Del samaritano a Emaús
“Hemos comenzado estos días dejándonos guiar por la imagen del buen samaritano: un hombre que se detiene ante su hermano herido, se conmueve en lo más profundo de su ser y cuida de él”, comenzó el Papa. “Ahora quisiera despedirme con otra imagen evangélica: la de los discípulos de Emaús”, quienes caminaban “marcados por la tristeza y la decepción”, pero el encuentro con el Señor “enciende sus corazones y transforma su camino”.
“Me gusta pensar que también lo que hemos vivido estos días tiene algo de esta experiencia: hemos caminado juntos, nos hemos escuchado mutuamente y, si hemos dejado espacio al Señor, Él ha reavivado de nuevo la esperanza en nuestros corazones y ahora nos envía de vuelta a nuestras Iglesias para retomar el camino con una mirada nueva”, subrayó.
Poner en práctica el Sínodo
Respecto al camino sinodal, el Papa pidió cambiar el foco, y no preguntarse “¿Quién tiene el poder de decidir?" sino “¿Cómo custodiamos juntos el don que el Señor ha confiado a su Iglesia?”. Un cambio de paradigma que afecta a “las cuestiones de la autoridad, la corresponsabilidad y las decisiones”, iluminadas por el evangelio.
Por eso, León volvió a reclamar “la puesta en práctica del Sínodo”. “Os pido que lo acompañéis con convicción en las Iglesias a las que servís, favoreciendo una comprensión auténtica del mismo y animando a todos a participar en él: se trata de ayudar a nuestras Iglesias a crecer en un estilo cada vez más evangélico”.
“La sinodalidad no es un conjunto de reuniones, ni un método de trabajo. Es un estilo espiritual”, trazó el Papa, citando al cardenal Grech. Una sinodalidad que “nace del encuentro, crece en la escucha y madura en el discernimiento” y en la calidad de los encuentros. “Cuando nos escuchamos con humildad y libertad, dejando espacio al Espíritu, nuestras conversaciones no se quedan en un intercambio de ideas, sino que se convierten en un lugar de conversión, en el que crecemos juntos en la fidelidad al Señor”, reveló.
Guerras, injusticias, soledad
Sobre lo abordado en la primera sesión, el Papa destacó “los sufrimientos provocados por las guerras, la violencia, la pobreza y las numerosas injusticias que marcan la vida de los pueblos”, dejando claro que “detrás de estos dramas habéis reconocido un sufrimiento aún más profundo: la soledad, la crisis de las relaciones, la pérdida de la esperanza, la dificultad de reconocerse mutuamente como hermanos y hermanas”.
“Es una mirada que no aparta los ojos de las heridas del mundo, sino que busca sus raíces, reconociendo, a menudo ocultas en ellas, una renovada búsqueda de sentido, de autenticidad, de espiritualidad y de comunidad”, recalcó, destacando particularmente “la forma en que habéis hablado de los jóvenes” y la “desesperación extrema” que puede llevarles al suicidio. Pero también “su búsqueda de autenticidad, de relaciones verdaderas y de sentido nos recuerda que el Evangelio sigue respondiendo a las expectativas más profundas del corazón humano”.
Sobre la familia, una “escuela de relaciones” que también conforma sociedad. “Allí donde está herida o aislada, toda la sociedad sufre las consecuencias”. En este sentido, anunció el encuentro que en octubre traerá a Roma a los presidentes de las conferencias episcopales del mundo para evaluar los diez años de Amoris Laetitia.
Sobre la paz, el Papa destacó que “la guerra nace dentro de nosotros, cuando la desconfianza sustituye a la confianza, el miedo a la esperanza y el otro es percibido como una amenaza”, abogando por “un corazón reconciliado” del que “pueden surgir palabras desarmadas, nuevas relaciones y una paz capaz de llegar incluso a los pueblos”.
Cultura del poder vs multilateralismo
En la segunda sesión, resumió el Papa, se abordó cómo “la guerra no es solo un conflicto entre Estados. Nace mucho antes, de una cultura del poder que impregna nuestra forma de pensar, de vivir las relaciones, de ejercer el poder, de utilizar la economía, la tecnología e incluso la religión”.
“Si esta es la raíz de la crisis -apuntó-, la respuesta exige reconstruir una cultura de la cooperación y del diálogo, capaz de dar nueva fuerza también al multilateralismo, para que los pueblos vuelvan a aprender a buscar juntos el bien común de toda la familia humana”. En este punto, recordó que “la contribución de los fieles laicos comprometidos en la vida pública es esencial” para la “cultura de la cooperación”, que crece “a través del diálogo ecuménico e interreligioso, que no atenúa nuestra identidad cristiana, sino que la hace capaz de servir conjuntamente al bien común y a la paz”.
En este punto, el Papa reivindicó “la respuesta no violenta ante las múltiples formas de violencia”, una forma “profundamente evangélica de vivir la historia, fruto de la contemplación de la forma de actuar de Jesús”, que “no consiste en renunciar al conflicto ni en adoptar una actitud pasiva, sino en elegir afrontarlo sin reproducir su lógica”.
Esta respuesta “no renuncia a la verdad ni silencia el mal, sino que se niega a defenderla con violencia y a convertir al otro en enemigo: comienza por desarmarse a uno mismo”, que demuestra que “el amor se manifiesta más fuerte que el odio y el perdón rompe la espiral de la venganza. Esta es la fuerza del Crucificado resucitado: una fuerza que no destruye al enemigo, sino que hace posible reencontrar a un hermano”. Sobre la “legítima defensa”, el Papa pidió una reflexión que se desarrolle más a fondo.
Defensa de la Doctrina Social de la Iglesia
A su vez, el Papa acogió con especial interés “vuestra insistencia en la Doctrina social de la Iglesia”, que “no ofrece soluciones preestablecidas, sino que educa a la Iglesia en una forma evangélica de vivir la realidad, interpretarla y orientar la acción de manera responsable”.
Junto a ello, la necesidad de ver en el “bien común” no solo un objetivo a perseguir, sino “una realidad que hay que redescubrir juntos”. “Vivimos una época en la que resulta difícil incluso reconocer lo que es verdaderamente bueno para todos”, admitió el Papa, quien invitó a la Iglesia a “custodiar lugares de encuentro, de escucha y de diálogo en los que pueda madurar una cultura renovada del bien común”.
En este camino, los pobres no son solo destinatarios de nuestro cuidado, sino protagonistas de la esperanza que Dios sigue suscitando en la historia
“Esto exige también una labor educativa paciente, que ayude a reconocer la dignidad inviolable de cada persona y la responsabilidad que nos une unos a otros”, recalcó. “En este camino, los pobres no son solo destinatarios de nuestro cuidado, sino protagonistas de la esperanza que Dios sigue suscitando en la historia”.
Por último, otra convicción: “la importancia del testimonio, de la cercanía, de la formación de las conciencias y de la construcción de comunidades fraternas y creíbles”, para “servir al mundo con la fuerza del Evangelio”.
“La Iglesia está llamada a convertirse cada vez más en lo que proclama. Es sobre este fundamento sobre el que también pueden dar fruto las necesarias reformas de las estructuras, las instituciones y los procesos”, culminó.
Polarización y escucha: buscar juntos
“Así, estos días refuerzan mi esperanza. No solo por lo que hemos compartido, sino por la forma en que lo hemos hecho”, finalizó León XIV, quien resaltó cómo “en una época marcada por la polarización, también la forma en que la Iglesia escucha y dialoga se convierte en parte de su anuncio”.
“Si sabemos seguir buscando juntos la voluntad del Señor, dejándonos guiar por el Espíritu Santo, estoy seguro de que nuestra comunión será cada vez más fecunda para la misión de la Iglesia y para el servicio a toda la familia humana”, incidió, asumiendo que “poco a poco, estamos redescubriendo el significado más auténtico del Consistorio”, que “no es un parlamento, ni un congreso en el que prevalezcan opiniones o intereses, sino una experiencia de comunión al servicio de la misión”.
Un Consistorio cada año
“Lo que aprendemos a vivir en estos días no concierne solo al Colegio Cardenalicio. Es un estilo que estamos llamados a promover en toda la Iglesia, para que cada bautizado, según su propia vocación y responsabilidad, participe en la construcción de la civilización del amor y en el servicio del bien común”, señaló el Papa, quien anunció su deseo de “continuar con esta cita anual también a partir del próximo año”, para la que todavía no hay fecha. La comunicará a finales de año.
“Este Consistorio ha sido un momento valioso, pero no debe quedarse en una cita aislada. En toda la Iglesia deseamos promover espacios en los que el Pueblo de Dios pueda escucharse, orar, discernir y caminar juntos. Esta es la esencia del proceso de aplicación del Sínodo”, finalizó León XIV, quien proclamó “el llamamiento unánime que ha surgido de este Consistorio y hacerlo mío”.
“Es más, me gustaría que lo hiciéramos juntos, a través de estas palabras. Digámoslo a nuestros hermanos obispos, a las Iglesias confiadas a nuestro ministerio y a todos los pueblos de la tierra: Dios desea la paz para cada nación y para cada pueblo. Por eso no debemos resignarnos a la violencia. La violencia no tendrá la última palabra. Dios sigue abriendo en la historia caminos de reconciliación y de paz. Tenemos la responsabilidad de recorrerlos con valentía y de ayudar al mundo a reconocerlos”.
