León XIV: "Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir"
El Papa denuncia la "corrupción moral, social y política" que lastra la paz y el desarrollo en Camerún durante una multitudinaria misa en el aeropuerto de Bamenda
Baño de masas de León XIV en la sufriente Bamenda. En una misa en el aeropuerto de la capital de la provincia autónoma, lastrada por la violencia y la corrupción, antes de partir de regreso a Yaundé, el Papa fue acogido por varias decenas de miles de fieles. El color, la música y la alegría contrastaron con la realidad de esta zona, que vive desde hace una década en una larvada guerra de guerrillas, que obtuvo una frágil tregua durante la visita papal.
León XIV recorrió en papamóvil el recinto antes de la Eucaristía, en la que planteó su vocación de "peregrino de paz y unidad", y "compartiendo su camino, sus dificultades y sus esperanzas". Tras agradecer la alegría con que organizan sus liturgias y oraciones, el Papa destacó "su inquebrantable esperanza, su aferrarse, con todas las fuerzas, al amor del Padre, que se hace cercano y mira con compasión los sufrimientos de sus hijos".
No tardó en entrar al trapo el Papa, directo como parece ser su pontificado. "Hermanos y hermanas, muchos son los motivos y las situaciones que rompen el corazón y nos hacen caer en la aflicción", señaló, subrayando cómo "las esperanzas en un futuro de paz y reconciliación, en el que cada uno es respetado en su dignidad y a cada uno se le garantizan sus derechos fundamentales, se debilitan continuamente a causa de los numerosos problemas que afligen a esta tierra bellísima".
¿Cuáles? Prevost los enumeró someramente: "Las abundantes formas de pobreza que últimamente también afectan a muchas personas por la crisis alimentaria actual; la corrupción moral, social y política, sobre todo vinculada a la gestión de la riqueza, que impide el desarrollo de las instituciones y las estructuras; los graves y derivados problemas que aquejan al sistema educativo y al ámbito sanitario; así como la enorme migración al extranjero, en particular la de los jóvenes".
"A la problemática interna, continuamente alimentada por el odio y la violencia, se añade también el mal causado desde afuera por aquellos que, en nombre de la ganancia, siguen entrometiéndose en el continente africano para explotarlo y saquearlo", denunció. "Todo esto nos expone a sentirnos impotentes y debilitar nuestra confianza".
Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación
Frente a esta realidad, el Papa lanzó un reto: "Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación".
Un clamor por la reconciliación y contra el desánimo, ese "riesgo de caer en la resignación y en la impotencia, porque no esperamos ninguna novedad". Pese a todo, proclamó el Papa, "la Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, porque es capaz de poner el corazón en movimiento, de desestabilizar la marcha normal de las cosas a las que fácilmente nos acostumbramos, de convertirnos en protagonistas activos del cambio".
Obedecer a Dios, construir el bien
"Recordemos esto: Dios es novedad, crea cosas nuevas, nos hace personas valientes que, desafiando al mal, construyen el bien", insistió Prevost, recordando a los apóstoles, que denunciaron el mal como "primer paso para cambiar las cosas". "Obedecer a Dios, en efecto, no es un acto de sumisión que nos oprime o anula nuestra libertad; al contrario, la obediencia a Dios nos hace libres, porque significa confiarle nuestra vida y dejar que sea su Palabra la que inspire nuestra manera de pensar y de actuar".
"El que obedece a Dios antes que a los hombres y al modo de pensar humano y terrenal, encuentra la propia libertad interior, logra descubrir el valor del bien y a no resignarse al mal, redescubre el camino de la vida y se convierte en constructor de paz y fraternidad", culminó León XIV, antes de despedirse de los fieles de Bamenda.
"Obedecer a Dios, no a los hombres. Obedecerlo a Él, porque sólo Él es Dios. Y ello nos invita a promover la inculturación del Evangelio y vigilar atentamente, también nuestra religiosidad, para no caer en el engaño de seguir aquellas sendas que mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos", proclamó. "Sólo Dios libera; sólo su Palabra abre caminos de libertad; sólo su Espíritu nos hace personas nuevas con la capacidad de cambiar este país", finalizó.
