León XIV exige el fin de las "repetidas violencias contra la población palestina en Cisjordania" y reclama la solución de dos Estados
"Somos la Iglesia de Cristo en un mundo atormentado, que busca la paz". León XIV clama en el Angelus, desde Castel Gandolfo, contra las "insoportables desigualdades, discriminaciones y barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios"
"Renuevo mi llamamiento para que cesen las repetidas violencias contra la población palestina en Cisjordania y pido con urgencia a la comunidad internacional que encuentre el modo para progresar en la solución de los dos estados, para una paz justa y duradera". Interrumpido con aplausos de los asistentes, el Papa volvió a recordar a la martirizada población palestina durante su reflexión previa al rezo del Angelus desde la plaza de la Libertad de Castel Gandolfo.
Una mujer cananea, 'extranjera', a la que ni siquiera Jesús parecía muy por la labor de ayudar. Sin embargo, la grandeza de la fe mueve montañas. "Somos la Iglesia de Cristo en un mundo atormentado, que busca la paz", subrayó este mediodía
En sus palabras, Prevost recordó cómo la resurrección de Jesús "no es un acontecimiento del pasado, sino una vida nueva que nos compromete", tal y como demuestra la mujer cananea, que pese a las dificultades "intenta con insistencia hablar con Jesús, siguiéndole como una discípula que ya tiene un vínculo con Él".
"Probablemente nunca se habían encontrado, pero, misteriosamente, la fe ya había surgido en ella. No desea algo para sí misma, sino la paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, a quien reconoce como el Mesías, descendiente de David", explicó el Papa, quien admite que la lectura del Evangelio "no oculta los obstáculos a los que se enfrenta esta mujer. Los discípulos la ven como una persona molesta, y el propio Jesús se resiste a sus peticiones".
Sin embargo, "en ese momento ocurre algo inesperado. Al meditar sobre ello, podemos comprender la obediencia de Jesús, que cumple su misión dejándose conmover por lo que ve y lo que oye. Al final le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas»".
Aguzar el oído, abrir los ojos y el corazón
"También hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo más allá de las fronteras ya trazadas", invocó el pontífice, quien recordó que "su misión es anticipada por la gracia divina, que actúa en lo más recóndito de las conciencias, de modo que en cada encuentro, incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el oído, abrir los ojos y el corazón a lo que Dios quiere decirnos".
De la mujer cananea, añadió León XIV, "aprendemos la humildad y la determinación". "Gracias a su fe, aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas, porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre. A la luz de esta fe, resultan insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios", denunció.