Nuevo clamor por la paz del Papa: "El futuro está en el respeto y la hermandad entre los pueblos"

El Papa anima a transformar la realidad al "compartir el pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo, cubrir al desnudo, sin despreocuparse de los vecinos y familiares", condena los ataques en Nigeria y reza por las víctimas de las inundaciones en España, Portugal e Italia

Banderas españolas en el Vaticano
Banderas españolas en el Vaticano

"Continuemos orando por la paz, porque las estrategias militares no dan futuro a la Humanidad. El futuro está en el respeto y la hermandad entre los pueblos". Vivir las Bienaventuranzas, el 'DNI' del cristiano, es la clave para transformar el mundo. Así lo mostró este domingo, durante el Angelus, el Papa León, quien, como Jesús, invitó a a los discípulos a ser "la sal de la tierra, la luz del mundo", esa alegría verdadera que "da sabor a la vida y hace surgir lo que antes no existía".

"Esta alegría se irradia de un estilo de vida que se desea y elige, de un modo de habitar la tierra y de vivir juntos. Es la vida que resplandece en Jesús, el sabor nuevo de sus gestos y de sus palabras", subrayó el Papa, destacando "su pobreza de espíritu, de su mansedumbre y sencillez de corazón, de su hambre y sed de justicia, que impulsan a la misericordia y a la paz como dinámicas de transformación y reconciliación"

Balcón de la plaza de San Pedro
Balcón de la plaza de San Pedro

¿Cómo se transforma el mundo? Al "compartir el pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo, cubrir al desnudo, sin despreocuparse de los vecinos y familiares", porque "la luz no se puede esconder porque es grande como el sol de cada mañana que disipa las tinieblas". Y porque "la herida que antes ardía, ahora sana".

"Es doloroso, en efecto, perder sabor y renunciar a la alegría; sin embargo, es posible tener esta herida en el corazón", advirtió Prevost. "Cuántas personas —quizá nos ha sucedido también a nosotros— se sienten descartadas, fracasadas; como si su luz se hubiera escondido. Pero Jesús nos anuncia a un Dios que nunca nos descarta, a un Padre que custodia nuestro nombre y nuestra unicidad. Cada herida, aun profunda, sanará acogiendo la palabra de las Bienaventuranzas y haciéndonos regresar al camino del Evangelio". 

León XIV, durante el Angelus
León XIV, durante el Angelus

Por ello, animó a reaccionar con "gestos concretos de apertura y de atención a los demás" que "son los que reavivan la alegría". "Ciertamente, en su sencillez nos sitúan contracorriente. Jesús mismo fue tentado, en el desierto, por otros caminos: hacer valer su identidad, exhibirla y tener el mundo a sus pies. Pero él rechaza los caminos en los que hubiera perdido su verdadero sabor, aquel que hallamos cada domingo en la fracción del Pan: la vida entregada, el amor que no hace ruido", insistió. 

"Hermanos y hermanas, dejémonos alimentar e iluminar por la comunión con Jesús. Sin exhibiciones seremos entonces como una ciudad en la cima del monte, no sólo visible, sino también atrayente y acogedora; la ciudad de Dios en la que todos, en definitiva, desean vivir y encontrar la paz", finalizó.

"Con dolor y preocpuación he seguido los ataques en Nigeria", lamentó el Papa, condenando "toda violencia y terrorismo", y pidió "garantizar la seguridad y la tutela de cada ciudadano". Recordando a santa Josefina Bakhita, León agradeció a todos aquellos que se comprometen para "elminar todas las formas de esclavitud". "La paz comienza con la dignidad", finalizó.

Muchas banderas españoles, que el Papa saludó, recordando la beatificación del cura Valera, acaecida ayer en Almería. "Su ejemplo de sacerdote centrado en lo esencial, que sea estímulo para los sacerdotes de hoy, para vivir en la cotidianeidad". El Papa también recordó a las víctimas de las inundaciones en España, Portugal e Italia.

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