León XIV, a los jóvenes de Mónaco: "Sean, por el bien de todos, en la fe, la esperanza, la justicia y la caridad, constructores de paz"

"El bien es más fuerte que el mal, incluso cuando, en ocasiones, parece que por el momento vaya perdiendo"

El Papa con jóvenes en Santa Devota
El Papa con jóvenes en Santa Devota

En su encuentro con jóvenes y catecúmenos frente a la iglesia de Santa Devota de Mónaco, León XIV les invitó a ser "constructores de paz", siguiendo el ejemplo de Santa Devota y de Carlos Acutis, para dar testimonio a la sociedad de que "el bien es más fuerte que el mal, incluso cuando, en ocasiones, parece que por el momento vaya perdiendo" y anunciar "el evangelio de la vida, de la esperanza y del amor".

"Todo esto, queridos amigos, requiere oración, momentos de silencio y de escucha, para acallar el frenesí del hacer y del decir, de los mensajes, los reels y los chats, y para profundizar y saborear la belleza de estar juntos de verdad y de manera concreta", advirtió el Papa, para concluir con una invitación a la compasión y a la caridad: "Mónaco es un país hermoso, pero la verdadera belleza la llevas dentro de ti, cuando sabes mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad".

Discurso del Papa a los jóvenes y catecúmenos

Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes: 

Estoy feliz de estar aquí con ustedes, y los saludo cordialmente. Agradezco al Arzobispo las palabras que me ha dirigido.  

Como se ha señalado, la iglesia en la que nos encontramos está dedicada a santa Devota, patrona del Principado de Mónaco; una joven valiente que supo dar testimonio de su fe frente a la violencia de sus perseguidores, hasta llegar al martirio. Su cuerpo, procedente de Córcega, llegó providencialmente hasta aquí, a lo que hoy es la costa monegasca. Querían aniquilarla, borrar todo recuerdo suyo y, en cambio, su sacrificio llevó aún más lejos el mensaje de paz y amor del Evangelio. Esto nos ayuda a reflexionar sobre el hecho de que el bien es más fuerte que el mal, incluso cuando, en ocasiones, parece que por el momento vaya perdiendo. No sólo eso, también nos recuerda que el testimonio de la fe es una semilla que puede alcanzar y fecundar corazones y lugares lejanos, mucho más allá de nuestras expectativas y posibilidades. 

Recientemente, en esta iglesia, dedicada a la memoria de la santa mártir Devota se ha sumado la de san Carlo Acutis, otro joven enamorado de Jesús, fiel a su amistad con Cristo hasta el final, aunque en tiempos y modalidades completamente diferentes: en la caridad, en el apostolado en internet —del cual lo veneramos como patrono— y, por último, en la enfermedad. 

El Papa en Mónaco
El Papa en Mónaco

Queridos jóvenes, estos dos santos nos animan y nos impulsan a imitarlos. De hecho, también hoy, como se ha recordado, la fe se enfrenta a desafíos y obstáculos, pero nada puede empañar su belleza y su verdad. Prueba de ello son los numerosos hombres y mujeres de todas las edades que, cada vez en mayor número, desean conocer al Señor y piden el Bautismo. 

En sus testimonios han hablado de todo esto. Benjamin, a quien agradezco lo que ha compartido, pregunta cómo hacer para no alejarse de sí mismo, de los demás y de Dios por las distracciones de un mundo —el nuestro— en constante cambio. Su pregunta es importante y se refiere a un aspecto fundamental de la vida cristiana: la vitalidad de la relación con Cristo y, en ella, el sentido de unidad que se crea en nosotros mismos y con los demás. Al respecto, un gran formador de jóvenes dijo que “la raíz de la unidad de vida está en el corazón, […] es un hecho del corazón, es un don de Dios, que hay que pedir con humildad” (cf. C.M. MARTINI, Da Betlemme al cuore dell’uomo, 2013).  

Las épocas moderna y posmoderna nos han enriquecido con muchas cosas buenas, que nos ofrecen estímulos y posibilidades antes desconocidas y en muchos ámbitos: desde el cultural hasta el médico y de la salud, desde el técnico hasta el de la comunicación. Sin embargo, también nos plantean importantes desafíos que no podemos ignorar y que debemos afrontar con lucidez y conciencia. Como dijo Benjamin, vivimos en un mundo que parece ir siempre de prisa, ávido de novedades, amante de una fluidez sin vínculos, marcado por una necesidad casi compulsiva de cambios continuos: en las modas, en la apariencia, en las relaciones, en las ideas e incluso en dimensiones constitutivas de la identidad de la persona.  

El Papa en la capilla de Santa Devota
El Papa en la capilla de Santa Devota

Pero lo que da solidez a la vida es el amor; la experiencia fundamental del amor de Dios, ante todo, y luego, por extensión, la experiencia iluminadora y sagrada del amor mutuo. Y amarse recíprocamente, si por un lado requiere estar abiertos a crecer y, por lo tanto, a cambiar, por otro exige fidelidad, constancia y disposición al sacrificio en la vida cotidiana. Sólo así la inquietud encuentra paz y se llena el vacío interior del que hablaba Andreia, no con cosas materiales y pasajeras, ni siquiera con el reconocimiento de miles de “me gusta”, o con afiliaciones condicionantes, artificiales, a veces incluso violentas. Hay que despejar la puerta del corazón de estas cosas, para que el aire sano y oxigenante de la gracia pueda volver a refrescar y revitalizar sus habitaciones, y para que el fuerte viento del Espíritu Santo pueda volver a henchir las velas de nuestra existencia, impulsándola hacia la verdadera felicidad.  

Todo esto, queridos amigos, requiere oración, momentos de silencio y de escucha, para acallar el frenesí del hacer y del decir, de los mensajes, los reels y los chats, y para profundizar y saborear la belleza de estar juntos de verdad y de manera concreta. San Carlo Acutis, a este respecto, hablaba de la Eucaristía como la “autopista hacia el Cielo” y de la Adoración eucarística como de un baño de sol, capaz de broncear el alma. 

Quizás esta podría ser también una respuesta a la pregunta de Ethan sobre la preparación para recibir el Bautismo la noche de Pascua: es necesario vivir la Semana Santa en la contemplación de los misterios de la Pasión, en un clima propicio para escuchar la voz del Espíritu y lo que ocurre en el propio corazón, convirtiéndola en una ocasión para una serena y profunda revisión de la propia vida, pasada y presente. 

Y si esto es importante para la vida espiritual y la oración, lo mismo vale para el ejercicio de la caridad. Ethan preguntaba cómo podemos dar testimonio del don de la vida que recibimos en Cristo; y Sophie se preguntaba cómo ser testigos de esperanza para quienes, marcados por el sufrimiento, corren el riesgo de perder la luz y el consuelo de la fe. Ante los desafíos, Jesús nos recomendó: «Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir […]. No serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes» (Mt 10,19- 20). Se refería a las persecuciones sufridas por el Evangelio, pero podemos aplicar sus palabras a cualquier circunstancia en la que la caridad nos pida afrontar una prueba importante para nosotros y para los demás. Las palabras y los gestos del testimonio y de la esperanza no se improvisan ni proceden de nosotros mismos: nacen de una relación profunda con Dios, en la que nosotros mismos encontramos las respuestas fundamentales de la vida. Si el canal de su acción en nosotros está abierto, y si también lo está el intercambio recíproco, con el cual hacemos de esa relación de amor un don común y compartido, podemos confiar en que las palabras adecuadas y la fuerza necesaria para actuar vendrán en el momento oportuno. 

Papa en la capilla de Santa Devota
Papa en la capilla de Santa Devota

En este sentido, podríamos interpretar también la hermosa, aunque a veces malinterpretada, frase de san Agustín: «Ama y haz lo que quieras» (Homilía séptima sobre la primera carta de san Juan a los partos, 7, 8). Ama, es decir, sé un don gratuito para Dios y para los demás; sé cercano, no te alejes, incluso cuando no puedas resolver todos los problemas ni arreglar todas las dificultades. Permanece allí, con amor y con fe. Mónaco es un país hermoso, pero la verdadera belleza la llevas dentro de ti, cuando sabes mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad. 

Así fue como santa Devota encontró la fuerza para entregar su vida por completo, y así fue como san Carlo Acutis vivió su camino hacia la santidad, dejando un sendero de luz incluso en el mundo del ciberespacio. 

Queridos jóvenes, no tengan miedo de entregarlo todo —su tiempo, sus energías— a Dios y a los hermanos, de entregarse por completo al Señor y a los demás. Sólo así encontrarán un gozo siempre nuevo y un sentido cada vez más profundo en la vida. El mundo necesita de su testimonio para superar las derivas de nuestro tiempo y afrontar sus desafíos, y sobre todo para redescubrir el buen sabor del amor a Dios y al prójimo. 

A ustedes, jóvenes catecúmenos que se preparan para el Bautismo, y a ustedes que ya han recibido ese don de la gracia, les confío mi más cordial deseo: que puedan vivir en Cristo una vida plena y auténtica; que puedan ser, por el bien de todos, en la fe, la esperanza, la justicia y la caridad; constructores de paz. Ustedes son el rostro joven de esta Iglesia y de este Estado. Mónaco es un país pequeño, pero puede ser un gran taller de solidaridad, una ventana a la esperanza. Lleven el Evangelio a las decisiones de su trabajo, a su compromiso social y político, para dar voz a quienes no la tienen, difundiendo la cultura del cuidado. Hagan que todo sea un don de ustedes para Dios y vívanlo todo como una misión, que los quiere a los unos y a los otros como amigos en Cristo y fieles compañeros de camino.  

CEl Papa en la capilla de Santa Devota
CEl Papa en la capilla de Santa Devota

Los encomiendo a la intercesión de María, nuestra Madre, de santa Devota y de san Carlo Acutis. Y les imparto de todo corazón mi bendición. 

Las noticias de Religión Digital, todas las mañanas en tu email.
APÚNTATE AL BOLETÍN GRATUITO

También te puede interesar

Lo último

stats