León XIV, en su primer Jueves Santo: "El Señor no nos ama porque seamos buenos y puros; nos ama, y por eso nos perdona y nos purifica"

El Papa lavó los pies de doce sacerdotes romanos, y advirtió de que "sistemáticamente deseamos un Dios de éxito y no de pasión", y admitió que "siempre estamos tentados a buscar un Dios que “nos sirva”, que nos haga ganar, que sea útil como el dinero y el poder"

El Papa lava y besa los pies de los sacerdotes
El Papa lava y besa los pies de los sacerdotes | Vatican Media

"El Jueves Santo es un día de ardiente gratitud y de auténtica fraternidad. Que la adoración eucarística de esta noche, en cada parroquia y comunidad, sea un momento para contemplar el gesto de Jesús, arrodillándonos como Él lo hizo, y pidiendo la fuerza para imitarlo en el servicio con el mismo amor". Desde San Juan de Letrán, León XIV presidió su primer Jueves Santo como Papa. Y lo hizo cambiando algunas de las costumbres instauradas por Francisco, como su tradicional lavatorio de pies a presos en las cárceles romanas. En su lugar, el Papa lavó los pies de doce sacerdotes romanos.

León XIV, en san Juan de Letrán
León XIV, en san Juan de Letrán

En su homilía, el Papa animó a cruzar el umbral del Triduo Santo "no como espectadores, ni por inercia, sino involucrados de manera especial por el mismo Jesús; como invitados a la Cena en la que el pan y el vino se convierten para nosotros en Sacramento de salvación". Porque el del Jueves Santo es "un banquete durante el cual Cristo, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin".

"Su amor se convierte en gesto y alimento para todos, revelando la justicia de Dios" señaló en la ceremonia que conmemora los episodios de la Última Cena, la traición de Judas o el prendimiento. En el Día del Amor Fraterno, "en el mundo, precisamente allí donde prevalece el mal, Jesús ama definitivamente, para siempre, con todo su ser".

Por eso lava los pies a sus apóstoles. "Es un ejemplo del sacramento; a la vez que confirma su sentido, nos confía una tarea que queremos asumir como alimento para nuestra vida", incidió el pontífice. "Lo que el Señor nos muestra, tomando el agua, la palangana y el delantal, es mucho más que un modelo moral. De hecho, nos entrega su propia forma de vida; lavar los pies es un gesto que resume la revelación de Dios, un signo ejemplar del Verbo hecho carne, su memoria inconfundible". El Dios que, incluso en sus últimos momentos, sigue haciéndose servidor.

Misa de Jueves Santo en San Juan de Letrán
Misa de Jueves Santo en San Juan de Letrán

Recordando las palabras de Benedicto XVI, el Papa advirtió de que "sistemáticamente deseamos un Dios de éxito y no de pasión", y admitió que "siempre estamos tentados a buscar un Dios que “nos sirva”, que nos haga ganar, que sea útil como el dinero y el poder". En cambio, "no comprendemos que Dios, en efecto, nos sirve, sí, pero con el gesto gratuito y humilde de lavar los pies: he aquí la omnipotencia de Dios. Así se cumple la voluntad de dedicar la vida a quien, sin este don, no puede existir. El Señor se arrodilla para lavar al hombre, por amor a él. Y el don divino nos transforma". 

"Jesús no sólo purifica de las idolatrías y blasfemias que han mancillado la imagen que nos hemos hecho de Dios, sino que purifica también nuestra imagen del hombre, que se percibe poderoso cuando domina, que quiere vencer matando a quien es igual a él, que se considera grande cuando es temido"

Con el gesto de lavar los pies, prosiguió el pontífice, "Jesús no sólo purifica de las idolatrías y blasfemias que han mancillado la imagen que nos hemos hecho de Dios, sino que purifica también nuestra imagen del hombre, que se percibe poderoso cuando domina, que quiere vencer matando a quien es igual a él, que se considera grande cuando es temido". En cambio, "Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos da un ejemplo de entrega, de servicio y de amor".

"Necesitamos su ejemplo para aprender a amar, no porque seamos incapaces de ello, sino precisamente para educarnos a nosotros mismos y a los demás en el verdadero amor. Aprender a actuar como Jesús, Signo que Dios imprime en la historia del mundo, es la tarea de toda una vida", proclamó.

Porque ese Jesús, "Maestro y Señor", es quien "no ofrece su ejemplo cuando todos están felices y lo aprecian, sino en la noche en que fue traicionado, en la oscuridad de la incomprensión y la violencia, para que quede bien claro que el Señor no nos ama porque seamos buenos y puros; nos ama, y por eso nos perdona y nos purifica". "El Señor no nos ama si nos dejamos lavar por su misericordia; nos ama, y por eso nos lava, para que podamos corresponder a su amor", añadió.  

León XIV escucha el Evangelio
León XIV escucha el Evangelio

"Aprendamos de Jesús este servicio recíproco. De hecho, Él no nos pide que se lo devolvamos, sino que lo compartamos entre nosotros", propuso el Papa, citando el primer Jueves Santo del Papa Francisco: "Es un deber que viene del corazón: lo amo. Amo esto y amo hacerlo porque el Señor así me lo ha enseñado".

"El ejemplo dado por Jesús, en efecto, no puede ser imitado por conveniencia, de mala gana o con hipocresía, sino sólo por amor", proclamó Prevost, quien insistió en que", al lavar nuestra carne, Jesús purifica nuestra alma. En Él, Dios ha dado ejemplo no de cómo se domina, sino de cómo se libera; de cómo se da la vida, no de cómo se destruye".

Ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, postrémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos

"Entonces, ante una humanidad abatida por tantos ejemplos de brutalidad, postrémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos", pidió el Papa, porque "toda la historia bíblica converge en Jesús, el verdadero Cordero pascual". León XIV finalizó su homilía recordando la íntima unión entre los dos sacramentos que esta ceremonia recuerda: la Eucaristía y el Orden Sagrado. "El vínculo intrínseco entre los dos sacramentos representa la entrega perfecta de Jesús, Sumo Sacerdote y Eucaristía viva por los siglos. En el pan y el vino consagrados se encuentra, en efecto, el 'sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera'" según afirma el Vaticano II. "En los obispos y en los presbíteros, constituidos 'sacerdotes del Nuevo Testamento'" culminó, citando a Trento, "reside el signo de su caridad hacia todo el Pueblo de Dios, al que estamos llamados a servir, amados hermanos, con todo nuestro ser".  

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