Lourdes, un mosaico de colores ante la Gruta: Cataluña, Córcega y muchos pueblos alrededor de León XIV

Los pañuelos y las banderas han convertido este domingo el santuario en una geografía humana diversa

León XIV con Diego Ravelli, maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias.
León XIV con Diego Ravelli, maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias. | Vatican Media

Quizá entre unos y otros no se conocían. Pero se tenían cerca. De Cataluña, de Córcega, de toda España, de Francia y de muchos otros lugares, los peregrinos se han encontrado este domingo en Lourdes identificados por los colores de sus pañuelos y por las banderas que sobresalían entre la multitud. Diferentes procedencias, diferentes acentos y una misma espera: ver llegar a León XIV y recibir su saludo desde el papamóvil.

Lourdes permitía este domingo ampliar la mirada y las banderas de muchos territorios continuaban siendo bien visibles junto a la Gruta, como también lo era la presencia de los obispos Javier Vilanova y Xabier Gómez. En una de las imágenes captadas durante la jornada, el obispo de Sant Feliu aparece precisamente entre los colores de Cataluña, en medio de los peregrinos que estos días han hecho del santuario su casa.

Peregrinos catalanes, con sus banderas, junto a la Gruta de Lourdes durante la jornada de la visita de León XIV.
Peregrinos catalanes, con sus banderas, junto a la Gruta de Lourdes durante la jornada de la visita de León XIV. | Cedida

Pero aquel paisaje no era solo catalán. Junto a las señales de identidad de la Hospitalidad, las banderas españolas, francesas y de otras procedencias recordaban que Lourdes volvía a ser este domingo un punto de encuentro internacional. Lo que a primera vista podía parecer solo una sucesión de colores acababa configurando una especie de mapa humano desplegado ante la Gruta.

Córcega también pone color a Lourdes

Entre estas presencias estaba la de Córcega, que ha vivido la visita del Papa con el cardenal navarro François Bustillo, obispo de Ajaccio, al frente. Los peregrinos corsos han ido compartiendo durante el fin de semana fotografías y mensajes de su experiencia en Lourdes, con una expresión que resume bien el sentido de su peregrinación: "Tutti inseme", todos juntos.

Su llegada tenía, además, un componente particular. El grupo ha explicado a través de las redes sociales el privilegio de haber viajado en el avión que anteriormente había transportado al papa Francisco hasta su isla. Más concretamente, el 15 de diciembre de 2024. "Un signo", han escrito los propios peregrinos corsos, convirtiendo esta coincidencia en uno de los pequeños detalles con los que han querido recordar su viaje.

El cardenal Bustillo también ha dejado su propia huella en esta peregrinación. Durante el fin de semana ha sido fotografiado ante la Gruta de Massabielle, en uno de los momentos de oración vividos por los peregrinos corsos. Su presencia recordaba, junto a los obispos que acompañaban a los grupos catalanes, que la visita de León XIV había movilizado a comunidades enteras de procedencias diversas.

El cardenal François Bustillo, obispo de Ajaccio, ante la Gruta de Massabielle durante la peregrinación de los corsos a Lourdes.
El cardenal François Bustillo, obispo de Ajaccio, ante la Gruta de Massabielle durante la peregrinación de los corsos a Lourdes. | Cedida

La presencia de un solo corazón ante la Gruta

Y es precisamente esta diversidad la que León XIV ha querido poner de relieve este domingo. Al comenzar la homilía, ante la multitud reunida en la pradera del santuario, el Papa ha asegurado que contemplaba "el rostro universal de la Iglesia". Algunos peregrinos, ha recordado, habían atravesado continentes, superado fatigas y llevado hasta Lourdes sus alegrías y sus cargas.

La multitud ha respondido a esta universalidad con una imagen difícil de confundir: cientos de colores, banderas e identificaciones que convivían sin perder su singularidad. Cataluña no dejaba de ser Cataluña, Córcega no dejaba de ser Córcega, ni las demás procedencias dejaban de mostrarse tal como son. Pero todas quedaban integradas en una misma escena.

También por eso los pañuelos adquirían este domingo una fuerza especial. Eran una manera de reconocer a los propios en medio de la multitud, pero también de descubrir a los demás. Un color permitía localizar a un grupo; una bandera, intuir su procedencia; un rostro conocido, encontrar a alguien cercano. Y, al mismo tiempo, todos compartían la misma mirada cuando el Papa atravesaba la pradera.

"Aquí no se rechaza ninguna fragilidad"

La jornada tenía, sin embargo, un centro que iba más allá de los colores. En su homilía, León XIV ha situado la fragilidad humana en el corazón del mensaje de Lourdes. Ante los enfermos presentes en el santuario, ha afirmado que "aquí no se rechaza ninguna fragilidad" y ha presentado las muletas, las sillas de ruedas y las lágrimas como una realidad que no es un obstáculo, sino un lugar de acogida y respeto.

Cataluña se hace visible en Lourdes entre banderas y pañuelos, en medio de la multitud reunida para recibir a León XIV.
Cataluña se hace visible en Lourdes entre banderas y pañuelos, en medio de la multitud reunida para recibir a León XIV. | Cedida

La misa ha reunido a una multitud de peregrinos en la pradera, en una celebración marcada por esta dimensión universal y por la presencia de personas llegadas de muchos lugares. El Papa ha pedido que el mensaje de Lourdes no quedara restringido al santuario, sino que los peregrinos regresaran a sus comunidades como testigos de esperanza.

Y esta es una de las imágenes que deja Lourdes después de la visita del Papa: un santuario convertido en un mosaico de pueblos, con Cataluña entre las presencias más visibles, pero compartiendo espacio con Córcega, España, Francia y tantas otras tierras. Muchos colores ante una misma Gruta. Muchas historias bajo un mismo cielo. Y una multitud que, durante unas horas, ha caminado unida.

León XIV saluda a los peregrinos catalanes durante su recorrido en papamóvil por la pradera del santuario de Lourdes.
León XIV saluda a los peregrinos catalanes durante su recorrido en papamóvil por la pradera del santuario de Lourdes. | Cedida

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