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El Papa pide ante Obiang que "crezcan espacios de libertad" en Guinea Ecuatorial

"Se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial", señala León XIV en la homilía de la misa en la Basílica de la Inmaculada Concepción, la patrona del país

León XIV bendice ante Obiang la primera piedra de la Catedral de Ciudad de la Paz
León XIV bendice ante Obiang la primera piedra de la Catedral de Ciudad de la Paz | RD/Captura

En una república presidencialista con un único mandatario desde 1979, lo que ha convertido a Teodoro Obiang Nguema en el líder político con más años ejerciendo el poder a nivel global, que otro líder de una institución global como es la Iglesia católica, pasase por alto ese hecho en su visita a Guinea Ecuatorial, cuando ni el mundo ni la Santa Sede son los de antes de la caída del Muro de Berlín, era una apuesta arriesgada llamada a ser escrutada al milímetro en el actual mundo hiperconectado.

De ahí la expectación sobre el contenido de los discursos de León XIV –sea cuando sea que se hayan escrito– en Argelia, Camerún, Angola y, ahora, en la antigua colonia española, países todos ellos con claras carencias en los actuales estándares democráticos, por más que estos también se encuentren en regresión. Pero en todos ellos, necesitados también de alguna manera de salir de un aislamiento internacional, por más que eso alimente el círculo vicioso de la autocracia, encontró el papa Prevost la forma de ir dejando –fiel a su estilo suave, marca de la casa– preciosas 'perlas' que marquen, sobre todo a la comunidad cristiana, el camino para, también ahí, construir el Reino, donde la libertad, la dignidad y la igualdad entre todos los seres humanos son santo y seña.

Llegada de León XIV a la basílica de la Inmaculada Concepción
Llegada de León XIV a la basílica de la Inmaculada Concepción | RD/Captura

Y de esas piedras preciosas ha habido también esta mañana en su segunda jornada en Guinea Ecuatorial, donde León XIV se trasladó en avión desde la capital, Malabo, hasta Mongomo, donde presidió, en la Basílica de la Inmaculada Concepción, la patrona del país, la eucaristía, y donde bendijo la piedra angular de la Catedral de Ciudad de la Paz y se dirigió luego al Centro de Formación «Papa Francisco», para su posterior visita a la Escuela Tecnológica, acompañado, entre otras autoridades, por Obiang, y su esposa, y el obispo de Mongomo, Juan Domingo-Beka Esono Ayang

"Que crezcan los espacios de libertad"

"Que crezcan los espacios de libertad y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana; pienso en los más pobres, en las familias en dificultad; pienso en los reclusos, a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad", pidió el Papa en un momento de su homilía, frente al presidente del país, que unos instantes antes le había recibido afectuosamente a las puertas del templo.

Para esa labor, León XIV ofreció la receta del Evangelio y del testimonio que llevaron al país hace ahora 170 años los misioneros. "Se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial. Por eso quiero animarlos: ¡no tengan miedo de anunciar y dar testimonio del Evangelio! Sean ustedes los constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación, continuando la obra que los misioneros comenzaron", exhortó el papa Prevost.  

León XIV pronuncia su homilía
León XIV pronuncia su homilía | RD/Captura

"Se trata de participar, con la luz y la fuerza del Evangelio, en el desarrollo integral de esta tierra, en su renovación, en su transformación. Son muchas las riquezas naturales que el Creador les ha dado; los exhorto a cooperar para que puedan ser una bendición para todos", abundó el Pontífice, haciendo votos para que la sociedad ecuatoguineana "trabaje al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos".

"Hay hambre de futuro"

"¿De qué tiene hambre hoy este país?", se preguntó en otro momento el Papa. "Hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad. Y no se trata de un futuro desconocido, que debamos esperar de forma pasiva, sino de un porvenir que precisamente nosotros, con la gracia de Dios, estamos llamados a construir", y en donde, añadió, "pasa por las decisiones que ustedes toman; está confiado a su sentido de la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la dignidad de cada persona". 

"Aunque las situaciones personales, familiares y sociales que vivimos no siempre sean favorables, podemos confiar en la obra del Señor, que hace brotar la buena semilla de su Reino por caminos que desconocemos, aun cuando parece que todo a nuestro alrededor es estéril, e incluso en los momentos de oscuridad", afirmó León XIV, quien también animó "a continuar hoy el camino trazado por los misioneros, los pastores y los laicos que los han precedido".

La petición a los católicos de participar en la construcción de ese nuevo futuro para Guinea Ecuatorial, y en medio de una Iglesia sobre la que se cierne la sombra de connivencia con el régimen, fue constante, explícita durante la mayor parte de la homilía. Nadie, dentro de la comunidad católica, pudo no darse por aludido. "A todos y a cada uno –expresó en otro momento León XIV–se les pide un compromiso personal que abarque la vida por completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos".  

Basílica de la Inmaculada Concepción
Basílica de la Inmaculada Concepción | RD/Captura

La homilía del Papa

Queridos hermanos y hermanas: 

En esta espléndida basílica catedral, dedicada a la Inmaculada Concepción, Madre del Verbo encarnado y Patrona de Guinea Ecuatorial, nos hemos reunido para escuchar la Palabra del Señor y celebrar el memorial que Él nos ha dejado como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. La Eucaristía contiene verdaderamente todo el bien espiritual de la Iglesia: es Cristo, nuestra Pascua, que se nos entrega; es el Pan vivo que nos sacia; es la presencia que nos revela el amor infinito de Dios por toda la familia humana, que sigue saliendo también hoy al encuentro de cada hombre y mujer.  

Me alegra poder celebrar junto con ustedes, dando gracias al Señor por los 170 años de evangelización en estas tierras de Guinea Ecuatorial. Se trata de una ocasión propicia para recordar todo el bien que el Señor ha realizado y, al mismo tiempo, deseo expresar mi gratitud a los numerosos misioneros, misioneras, sacerdotes diocesanos, catequistas y fieles laicos que han entregado su vida al servicio del Evangelio.  

Ellos han acogido las expectativas, las preguntas y las heridas de su pueblo, iluminándolas con la Palabra del Señor y convirtiéndose en signo del amor de Dios en medio de ustedes; con su testimonio de vida, han colaborado a la venida del Reino de Dios, sin miedo a sufrir por su fidelidad a Cristo. 

Es una historia que no pueden olvidar, que, por un lado, los une a la Iglesia apostólica y universal que los precede y, por otro, los ha acompañado para que ustedes mismos se conviertan en protagonistas del anuncio del Evangelio y del testimonio de la fe, cumpliendo aquellas palabras proféticas pronunciadas en tierra africana por el Papa san Pablo VI: «Vosotros africanos, ya sois misioneros para vosotros mismos. La Iglesia de Cristo está verdaderamente arraigada en esta tierra bendita» (Homilía al concluir el Simposio de Obispos de África, Kampala, Uganda, 31 julio 1969).  

Desde esta perspectiva, están llamados a continuar hoy el camino trazado por los misioneros, los pastores y los laicos que los han precedido. A todos y a cada uno se les pide un compromiso personal que abarque la vida por completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos.  

Este compromiso requiere perseverancia, cuesta esfuerzo, a veces sacrificio, pero es el signo de que somos verdaderamente la Iglesia de Cristo. La primera lectura que hemos escuchado nos narra en pocos versículos cómo una Iglesia que anuncia con alegría y sin temor el Evangelio es también una Iglesia que, precisamente por eso, puede ser perseguida (cf. Hch 8,1-8). Pero, por otra parte, el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que, mientras los cristianos se ven obligados a huir y se dispersan, muchísimos se acercan a la Palabra del Señor y pueden ver con sus propios ojos que los enfermos en el cuerpo y en el espíritu son sanados. Esos son los signos prodigiosos de la presencia de Dios, que generan gran alegría en toda la ciudad (cf. vv. 6-8). 

Así, hermanos y hermanas, aunque las situaciones personales, familiares y sociales que vivimos no siempre sean favorables, podemos confiar en la obra del Señor, que hace brotar la buena semilla de su Reino por caminos que desconocemos, aun cuando parece que todo a nuestro alrededor es estéril, e incluso en los momentos de oscuridad. Con esta confianza, arraigada más en la fuerza de su amor que en nuestros méritos, estamos llamados a permanecer fieles al Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con alegría. Dios no nos privará de los signos de su presencia y, una vez más, como nos dijo Jesús en el Evangelio que acabamos de escuchar, será para nosotros “el pan de vida” que saciará nuestra hambre (cf. Jn 6,35).  

¿Cuál es el hambre que sentimos? ¿De qué tiene hambre hoy este país? El lema de mi visita es “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”, y quizá precisamente este sea hoy el hambre mayor: hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad. Y no se trata de un futuro desconocido, que debamos esperar de forma pasiva, sino de un porvenir que precisamente nosotros, con la gracia de Dios, estamos llamados a construir. El futuro de Guinea pasa por las decisiones que ustedes toman; está confiado a su sentido de la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la dignidad de cada persona. 

Es necesario, por tanto, que todos los bautizados se sientan implicados en la obra de evangelización, se conviertan en apóstoles de la caridad y en testigos de una nueva humanidad. Se trata de participar, con la luz y la fuerza del Evangelio, en el desarrollo integral de esta tierra, en su renovación, en su transformación. Son muchas las riquezas naturales que el Creador les ha dado; los exhorto a cooperar para que puedan ser una bendición para todos. Que el Señor los ayude a convertirse cada vez más en una sociedad en la que cada uno, según sus respectivas responsabilidades, trabaje al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos. Que crezcan los espacios de libertad y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana; pienso en los más pobres, en las familias en dificultad; pienso en los reclusos, a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad.  

Hermanos y hermanas, se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial. Por eso quiero animarlos: ¡no tengan miedo de anunciar y dar testimonio del Evangelio! Sean ustedes los constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación, continuando la obra que los misioneros comenzaron hace 170 años.  

Que la Virgen María Inmaculada los acompañe en este camino. Que ella interceda por ustedes y los haga discípulos generosos y alegres de Cristo. 

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