León XIV: "No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos ofrecen las noticias"

El Papa reivindica el rezo del Rosario por la paz desde Pompeya. "Los tiempos no han mejorado desde entonces Las guerras que aún se libran en tantas regiones del mundo exigen un compromiso renovado, no solo económico y político, sino también espiritual y religioso"

El Papa, en el altar de Pompeya
El Papa, en el altar de Pompeya

"No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que cada día nos ofrecen las noticias", clamó el Papa desde el santuario de Pompeya. "Que del Dios de la paz venga una efusión sobreabundante de misericordia, que toque los corazones, apacigüe los rencores y los odios fratricidas, e ilumine a quienes tienen responsabilidades especiales de gobierno", subrayó el pontífice al final de su homilía, recordando a los fieles que "ningún poder terrenal salvará al mundo, sino solo el poder divino del amor, que Jesús, el Señor, nos ha revelado y donado. ¡Creamos en Él, esperemos en Él, sigámoslo!".

Desde la plaza Bartolo Longo, el Papa dirigió una homilía (muy aplaudida por los fieles) en la que recordó cómo "hace ciento cincuenta años, al colocar la primera piedra de este Santuario, en el lugar donde la erupción del Vesubio del año 79 d. C. había sepultado bajo las cenizas los vestigios de una gran civilización, protegiéndolos durante siglos, San Bartolo Longo, junto a su esposa, la condesa Marianna Farnararo De Fusco, sentó las bases no solo de un templo, sino de toda una ciudad mariana". Esa es la idiosincrasia de Pompeya, con altares dedicados a María repartidos por toda la ciudad.

Fieles en Pompeya
Fieles en Pompeya

Señalando su aniversario, el Papa recordó cómo "hace exactamente un año, cuando se me confió el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Supplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya. Por eso tenía que venir aquí, para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen".

"El haber elegido luego el nombre de León me sitúa tras las huellas de León XIII, quien tuvo, entre otros méritos, el de haber desarrollado un amplio Magisterio sobre el Santo Rosario", explicó Prevost, quien recordó la reciente canonización de San Bartolomé Longo, apóstol del Rosario.

"Sobre los escombros de nuestra humanidad probada por el pecado y, por tanto, siempre inclinada a la opresión, la violencia y las guerras, ha llegado la caricia de Dios, la caricia de la misericordia, que toma en Jesús un rostro humano"

En este contexto, y evocando el Evangelio de la Anunciación, el Papa reivindicó la figura de María, y su "invitación a la alegría" presente en el Ave María: "Sobre los escombros de nuestra humanidad probada por el pecado y, por tanto, siempre inclinada a la opresión, la violencia y las guerras, ha llegado la caricia de Dios, la caricia de la misericordia, que toma en Jesús un rostro humano".

"María se convierte así en Madre de la misericordia" y en "discípula de la Palabra e instrumento de su encarnación". La "llena de Gracia", porque "¡todo en ella es gracia!". "María se convierte a la vez en Madre de Dios y Madre de la Iglesi", reivindicó León XIV, quien resaltó la relevancia del rezo del Rosario.

León leyó su homilía
León leyó su homilía

"Un acto de amor que, a través de las cuentas del rosario, como bien se ve en el cuadro mariano de este Santuario, nos remite a Jesús y nos lleva a la Eucaristía", señaló, abundando en los misterios que se rezan en el Rosario. "Generaciones de creyentes han sido moldeadas y custodiadas por esta oración, sencilla y popular, y al mismo tiempo capaz de alturas místicas y arca de la teología cristiana más esencial".

Así, Prevost definió el Rosario como "un compendio del Evangelio, que San Juan Pablo II quiso integrar con los Misterios de la Luz", y señaló que "si el Rosario se «reza» y, me atrevería a decir, se «celebra» de este modo, es también, como consecuencia natural, fuente de caridad". Con "caridad hacia Dios y caridad hacia el prójimo: dos caras de la misma moneda".

"El Rosario dirige la mirada hacia las necesidades del mundo, como subrayaba la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, proponiendo en particular dos intenciones que siguen siendo de candente actualidad: la familia, que sufre el debilitamiento del vínculo conyugal, y la paz, puesta en peligro por las tensiones internacionales y por una economía que prefiere el comercio de armas al respeto de la vida humana", trazó.

"Cuando San Juan Pablo II proclamó el Año del Rosario —del que el año que viene se cumplirá un cuarto de siglo—, quiso ponerlo de manera especial bajo la mirada de la Virgen de Pompeya", recordó el Papa. "Los tiempos no han mejorado desde entonces Las guerras que aún se libran en tantas regiones del mundo exigen un compromiso renovado, no solo económico y político, sino también espiritual y religioso". Frente a ello, sostuvo, "la paz nace en el corazón".

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