Papa invita a "edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa"
En la solemnidad de Pentecostés, León XIV, en el 'Regina coeli', recordó que "donde está el Espíritu del Señor nace la fraternidad entre las personas, los grupos, los pueblos de la tierra, y todos hablan el único lenguaje del amor, que une y armoniza las diferencias"
Desde el balcón del Palacio Apostólico, León XIV, glosando el evangelio de la solemnidad de Pentecostés, preguntó a los miles de fieles y peregrinos que le escuchaban en la plaza de San Pedro –muchos antes también en la misa que presidió en la basílica– "¿qué puertas abre el Espíritu Santo?".
"La primera puerta es la del mismo Dios", se respondió el Papa, porque nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley; a reconocerlo en nosotros y a descubrir los signos de su presencia en la vida ordinaria".
"La segunda puerta es la del cenáculo, es decir de la Iglesia", prosiguió Robert F. Prevost. "El Espíritu abre las puertas de la Iglesia para que pueda acoger y recibir a todos, incluso a aquellos que le han cerrado las puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a la alegría de vivir", aseveró, citando luego la homilía de Francisco en la apertura de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, de 2023.
Finalmente, el Papa señaló que "el Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones, ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios, y haciéndonos capaces de vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros".
"En donde está el Espíritu del Señor nace la fraternidad entre las personas, los grupos, los pueblos de la tierra, y todos hablan el único lenguaje del amor, que une y armoniza las diferencias", finalizó el Papa agustino, exhortando a "invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas", porque "necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos".
Al finalizar el rezo de la oración mariana, el Papa recordó que este día se celebraba la Jornada de Oración por la Iglesia en China, mostrando su afecto por los católicos en el gigante asiático, "como signo de comunión con la Iglesia universal y el Sucesor de Pedro", pidiendo para la de China "la gracia de la unidad y la fuerza del testimonio del Evangelio en las fatigas de cada día para ser semilla de esperanza y de paz", a la vez que mostró su dolor por el accidente en una mina en ese país que costó la vida a decenas de personas.
Y, finalmente, el Papa volvió a pedir por las comunidades cristinas de Tierra Santa, Líbano y de todo Oriente Medio, "que sufren a causa de la guerra".
Las palabras del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
En esta solemnidad de Pentecostés estamos llamados a contemplar el don del Espíritu Santo, derramado en abundancia sobre la Iglesia naciente y, hoy, nuevamente dispensado a sus miembros, como luz y fuerza que los acompaña en cada momento de la vida.
Podemos detenernos en una imagen del Espíritu que nos da la liturgia de hoy: el Espíritu abre las puertas. En efecto, el Evangelio nos dice que estaban «cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos» (Jn 20,19) y, al mismo tiempo, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra que el Espíritu llegó como una ráfaga de viento (cf. Hch 2,2), que abriendo las puertas impulsó a los discípulos a salir a anunciar la Buena Noticia de Cristo resucitado. Hoy también nos podemos preguntar: ¿qué puertas abre el Espíritu Santo?
La primera puerta es la del mismo Dios, en el sentido en que nos abre el acceso al misterio de Dios, así como se ha revelado en Jesucristo. Con el don de su Espíritu, Dios nos concede la verdadera fe, nos hace comprender el sentido de las escrituras, se nos muestra cercano y nos permite participar de su misma vida. El Espíritu Santo nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley; a reconocerlo en nosotros y a descubrir los signos de su presencia en la vida ordinaria.
La segunda puerta es la del cenáculo, es decir de la Iglesia. Sin el fuego del Espíritu, la Iglesia permanece prisionera del miedo, temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma y por tanto también incapaz de entrar en diálogo con los tiempos que cambian. El Espíritu abre las puertas de la Iglesia para que pueda acoger y recibir a todos, incluso a aquellos que le han cerrado las puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a la alegría de vivir. Como recordaba el Papa Francisco, estamos llamados a ser «una Iglesia que bendice y anima […] Iglesia con las puertas abiertas para todos» (Homilía de la Misa de apertura de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, 4 octubre 2023).
Por último, el Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones, ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios, y haciéndonos capaces de vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros. En donde está el Espíritu del Señor nace la fraternidad entre las personas, los grupos, los pueblos de la tierra, y todos hablan el único lenguaje del amor, que une y armoniza las diferencias.
Hermanos y hermanas, incluso en nuestros días, especialmente en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas. Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos.
Como los primeros discípulos, nos confiamos a la intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia.
