El Papa lanza en Lourdes un alegato contra el aborto y la eutanasia: "¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!"
"Ninguna ley humana debe hacernos perder la certeza de su dignidad (...). Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral" afirma León XIV durante su visita al Accueil Notre-Dame
"Ninguna ley humana debe hacernos perder la certeza de su dignidad. Por el contrario, precisamente en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión. Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral". El Papa León lanzó este domingo un alegato contra el aborto y la eutanasia desde el santuario de Lourdes, durante un encuentro con los trabajadores y enfermos del Accueil Notre-Dame, el gran centro de acogida médica y de peregrinos situado dentro del santuario, diseñado específicamente para alojar y cuidar a personas enfermas, con discapacidad o movilidad reducida.
"Es una gran alegría para mí pasar este momento con ustedes aquí en Lourdes, donde desde hace más de ciento cincuenta años, peregrinos de todo el mundo vienen a encomendarle a Jesús, por medio de María, sus sufrimientos, ya sean físicos, psicológicos o espirituales", comenzó el Papa, repitiendo que "aquí, la fragilidad no se esconde, sino que se convierte en el lugar de un encuentro sagrado".
Tras escuchar los testimonios del obispo de Tarbes, del director del centro, de un médico y una trabajadora, el Papa destacó "la humildad y la generosidad" del trabajo llevado a cabo, que demuestra que "ninguno es invisible a los ojos de Dios". "En una época en la que algunas sociedades tienden a apartar la mirada o a cerrar los ojos frente a la dignidad de la vida humana", subrayó el pontífice, citando la Evangelium Vitae de Juan Pablo II, "urge cultivar una mirada contemplativa".
Dirigiéndose a los enfermos, León XIV admitió que "para algunos de ustedes, que sufren a causa de patologías particulares y de dolores a veces terribles, el horizonte puede parecer oscuro, incierto, sin salida". Pero, añadió, "ninguna ley humana debe hacernos perder la certeza de su dignidad". "Aquí en Lourdes, ciudad de los enfermos y de la esperanza, invito a toda la comunidad de los agentes sanitarios a recordar el significado profundo de su vocación: hacerse cargo de una persona que sufre, y no eliminarla", trazó, invitando a los médicos a ser "servidores apasionados de la vida".
"¡Ninguno tiene el derecho, nunca, basándose en algoritmos de laboratorio, de decidir sobre la vida de un embrión determinado o de una persona de la tercera edad determinada! ¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!", proclamó el Papa, en sus palabras más duras contra una legislación que, en el caso de Francia, está llevando a considerar el aborto como un derecho recogido en la Constitución, o avalando la ley de eutanasia.
"En este sentido, les invito, por un lado, a seguir realizando constantemente estructuras de cuidado paliativo y de investigación; por otro, a acompañar con ternura a los enfermos", recalcó. Volviendo a los enfermos, les indicó que "ustedes no son un peso, son el corazón palpitante de nuestra humanidad y un tesoro precioso para la Iglesia". "Mi pensamiento se dirige a todos los que no pueden estar aquí y que, desde sus casas o desde las habitaciones de los hospitales, están unidos a nuestro encuentro", finalizó.
