El Papa pide a los obispos ser signos "de unidad" en "una época tristemente marcada por una polarización creciente"
León XIV recibió esta mañana en audiencia, en el Vaticano, a un grupo de obispos de todo el mundo amigos del Movimiento de los Focolares, ante quienes expresó su preocupación por las divisiones, los prejuicios, el racismo, la intolerancia religiosa y la violencia que afectan a distintos países
(Alvaro Vargas Martino / Vatican News).- “Como partícipes de la herencia espiritual de Chiara Lubich y como ministros de la Iglesia de Cristo en un mundo fragmentado, están llamados a dar testimonio de la anhelada unidad de la familia humana”, les dijo el Papa León XIV a los obispos amigos del Movimiento de los Focolares, a quienes recibió en audiencia esta mañana, recalcando que “la respuesta a las tristes divisiones que afligen a nuestro mundo” no consiste en “formar más comités ni en lanzar más proyectos, sino en volver a la fuente de nuestra unidad en la Santísima Trinidad”.
Tras recordar que, de hecho, el tema elegido para el congreso para el que han venido a Roma los obispos, “dar testimonio de unidad”, es “uno de los elementos esenciales del movimiento fundado por Chiara Lubich”, y asegurar que le “toca particularmente el corazón”, el Papa destacó que “en una época tristemente marcada por una polarización creciente, nuestro Señor le concedió dar testimonio tanto del sentido como del servicio de la unidad, convirtiéndose así en un signo para su generación y para las futuras”.
“Si esa era la tarea de Chiara hace cuarenta años, hoy lo es con mayor urgencia también para nosotros”, indicó León XIV, recordando también “las difíciles circunstancias y situaciones sociales”, así como “las divisiones” que algunos de los obispos soportan en sus propios países, como “los prejuicios, el racismo, la intolerancia religiosa e incluso la violencia”.
Un momento de la audiencia (@Vatican Media)
“También pienso en la situación aquí en Occidente, ahora demasiado marcada por los efectos del individualismo”, donde “las redes que en un tiempo eran estables”, como “la familia, la amistad y la comunidad, están dando paso a una mayor fragmentación, y donde la libertad se presenta cada vez más como autonomía absoluta, como la capacidad de buscar la felicidad sin ningún límite moral, natural o incluso humano”, señaló el Pontífice.
“Y, sin embargo, observamos una paradoja. A pesar de todo el énfasis que se pone en la libertad individual, hoy en día las personas a menudo se sienten menos libres de ser verdaderamente ellas mismas o de seguir sus ideales más elevados, debido al temor oculto de ser juzgadas o de no estar a la altura”, observó el Papa, quien advirtió que, además, “esta pérdida de apertura hacia los demás, que agudiza un sentido de desunión, al final nos priva de la felicidad para la cual fuimos creados, pues estamos hechos a imagen de Dios Uno y Trino, quien es en sí mismo una comunión de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.
“Al revelar el corazón del Padre, Cristo nos muestra el sentido más profundo de nuestra existencia, de nuestras relaciones y el camino hacia la felicidad. A través del don del Espíritu nos hemos convertido en hijos de Dios, partícipes de la vida divina, y de esta comunión con Dios brota nuestra comunión unos con otros como hermanos y hermanas en Cristo. La Iglesia es esto, un misterio de comunión, signo y levadura de unidad para nuestro mundo”, recalcó León XIV, quien los animó a aprovechar estos días juntos “para vivir esa fraternidad que nos recuerda y confirma nuestro parentesco en Cristo”, y “para nutrir su vida interior”, para ser “testigos, los unos para los otros y para aquellos a quienes sirven, de esa unidad que construye una paz duradera”.
