El Papa agradece a las Islas Canarias por "permitir la llegada" del barco con los enfermos de hantavirus
Tras el rezo del 'Regina coeli', León XIV mostró su agradecimiento al pueblo canario por la acogida en el momento en el que se estaba produciendo el desembarco y traslado de los afectados en el puerto de Granadilla
"Los mandamientos del Señor son una forma de vida que nos sana de los amores falsos; son un estilo espiritual, que es camino hacia la salvación", señaló el Papa este mediodía desde el balcón apostólico, antes de recitar ante los fieles que se congregaban en una mañana nublada, más de otoño que de primavera, en la plaza de San Pedro, la oración del Regina coeli en este sexto domingo de Pascua.
"Dado que Dios nos ama primero, también nosotros podemos amar; y cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros", remarcó León XIV, añadiendo que "Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional. Aquel que no conoce ni el “pero” ni el “quizá”, aquel que se entrega sin querer poseer, aquel que da vida sin pedir nada a cambio".
"Precisamente porque nos ama, el Señor no nos deja solos en las pruebas de la vida: nos promete al Paráclito, es decir, al Abogado defensor, el «Espíritu de la Verdad»", abundó el Papa, recordando que "es un don que «el mundo no puede recibir», mientras se obstine en el mal que oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente".
"Mientras que, quien corresponde al amor que Jesús tiene hacia todos, encuentra en el Espíritu Santo un aliado que nunca falla", incidió el Papa, instando a que "siempre y en todas partes podemos entonces dar testimonio de Dios, que es amor".
A la hora de los saludos a los peregrinos y fieles presentes, el Papa, utilizando el español, señaló: "Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias por permitir la llegada del crucero MV Hondius con los enfermos de hantavirus. Estoy contento de poder encontrarme con vosotros el póximo mes en mi visita a las islas", señaló en alusión al desembarco que en ese momento se estaba efectuando en el puerto de Granadillas de los afectados, entre ellos trece españoles, para ser trasladados en avión a sus países de origen, en una medida que no estuvo exenta de choque político entre las autoridades autonómicas y el gobierno central de España.
Igualmente, el Papa mostró su "preocupación por las noticias del aumento de la violencia en el Sahel, en Chad y en Mali, afectados por recientes ataques terroristas", asegurando su oración por las víctimas.
Las palabras del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
En el Evangelio de hoy, hemos escuchado algunas palabras que Jesús dirige a sus discípulos durante la Última Cena. Mientras transforma el pan y el vino en el signo vivo de su amor, Cristo dice: «si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos» (Jn 14,15). Esta afirmación nos libra de un malentendido, es decir, de la idea de que somos amados si guardamos los mandamientos: nuestra justicia sería entonces un condicionante para el amor de Dios. Por el contrario, el amor de Dios es la condición para nuestra justicia. Guardamos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo. Las palabras de Jesús son, pues, una invitación a la relación, no un chantaje ni una puesta en duda.
Por eso el Señor nos manda que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado (cf. Jn 13,34): es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional. Aquel que no conoce ni el “pero” ni el “quizá”, aquel que se entrega sin querer poseer, aquel que da vida sin pedir nada a cambio. Dado que Dios nos ama primero, también nosotros podemos amar; y cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros. Sucede como con la vida: sólo quien la ha recibido puede vivir, y así, sólo quien ha sido amado puede amar. Los mandamientos del Señor son, por tanto, una forma de vida que nos sana de los amores falsos; son un estilo espiritual, que es camino hacia la salvación.
Precisamente porque nos ama, el Señor no nos deja solos en las pruebas de la vida: nos promete al Paráclito, es decir, al Abogado defensor, el «Espíritu de la Verdad» (Jn 14,17). Es un don que «el mundo no puede recibir» (ibíd.), mientras se obstine en el mal que oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente. Mientras que, quien corresponde al amor que Jesús tiene hacia todos, encuentra en el Espíritu Santo un aliado que nunca falla: «Ustedes, en cambio, lo conocen, —dice Jesús—, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes» (ibíd.). Siempre y en todas partes podemos entonces dar testimonio de Dios, que es amor: esta palabra no significa una idea de la mente humana, sino la realidad de la vida divina, por la cual todas las cosas han sido creadas de la nada y redimidas de la muerte.
Al ofrecernos el amor verdadero y eterno, Jesús comparte con nosotros su identidad de Hijo amado: «yo estoy en mi Padre, y […] ustedes están en mí y yo en ustedes» (v. 20). Esta comunión de vida tan envolvente desmiente al acusador, es decir, al adversario del Paráclito, el espíritu contrario a nuestro defensor. De hecho, mientras que el Espíritu Santo es fuerza de verdad, este acusador es «padre de la mentira» (Jn 8,44), que quiere enfrentar al hombre con Dios y a los hombres entre sí: justo lo contrario de lo que hace Jesús, salvándonos del mal y uniéndonos como pueblo de hermanos y hermanas en la Iglesia.
Queridos amigos, llenos de gratitud por este don, confiémonos a la intercesión de la Virgen María, Madre del Amor Divino.
