El ruego del Papa en la vigilia por la paz: "¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!"

León XIV, en una sentida ceremonia, implora la paz desde la basílica de San Pedro en "esta hora dramática de la historia" e invita a los cristianos a convertirse en "artesanos de la paz"

El Papa reza el rosario
El Papa reza el rosario | @Vatican Media

Siguiendo la tradición de sus predecesores de encomendar el destino de la humanidad a María en los momentos más oscuros de la historia, esta tarde en la basílkica de Sana Pedro, a las 18:00 horas, León XIV presidió una vigilia de oración en la que convocó a los fieles a rezar el Rosario por la paz. Unos minutos antes de que comenzase la ceremonia, el Papa, a través de su cuenta de X, lanzó un mensaje en el que señalana que "renuevo mi invitación a todos para unirse a mí en la Vigilia de Oración por la Paz".

En un momento atravesado por graves conflictos que amenazan la estabilidad global, con la guerra en Oriente Medio o en Ucrania –a pesar de las percarias treguas alcanzadas en ambas– León XIV volvió a apelar, como lleva haciendo en las últimas semanas en distintos momentos y pronunciamientos, a trabajar y rezar por la paz: "La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. Basta un poco de fe, una pizca de fe, queridos hermanos, para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia".

"La oración, de hecho, no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor que desata tanta injusticia. Es, en cambio, la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte: ¡somos un pueblo que ya resucita!", recordó el Papa, clamadno:" ¡Alcemos entonces la mirada! ¡Volvamos a levantarnos de entre los escombros! Nada puede encerrarnos en un destino ya escrito, ni siquiera en este mundo en el que las tumbas parecen no ser suficientes, porque se sigue crucificando, aniquilando la vida, sin derecho y sin piedad".

Con la oración, prosiguió, "pensamientos, palabras y obras rompen la cadena demoníaca del mal y se ponen al servicio del Reino de Dios; un Reino en el que no hay espada, ni drones, ni venganza, ni banalización del mal, ni lucro injusto, sino sólo dignidad, comprensión y perdón", lo que supone, añadió el Pontífice estadounidense, "una barrera contra ese delirio de omnipotencia que se vuelve cada vez más impredecible y agresivo a nuestro alrededor".

El Nombre de Dios, "arrastrado en discursos de muerte"

Sin tratar de ocultar lo más mínimo los peligros que acechan en el presente, León XIV afirmó que "los equilibrios en la familia humana están gravemente desestabilizados. Incluso el Santo Nombre de Dios ―el Dios de la vida― es arrastrado en discursos de muerte. Desaparece así un mundo de hermanos y hermanas con un solo Padre en los cielos y, como en una pesadilla nocturna, la realidad se llena de enemigos. Por todas partes se perciben amenazas, en lugar de llamadas a la escucha y al encuentro".

La basílica de San Pedro, en la vigilia de oración
La basílica de San Pedro, en la vigilia de oración | RD/Captura

"¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida", retumbó con énfasis bajo la cúpula de Miguel Ángel el clamor del papa Prevost. "Unamos, entonces, las energías morales y espirituales de millones, de miles de millones de hombres y mujeres, de ancianos y jóvenes que hoy creen en la paz, que hoy eligen la paz, que curan las heridas y reparan los daños causados por la locura de la guerra". "Escuchemos la voz de los niños", clamó en este punto el Pontífice.

"¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!"

Por supuesto, hubio una apelanción directa del Papa a los líderes mundiales –y aunque no citó a ninguno, no resultaba complicado imaginar a quien se estaba diriiendo fundamentalmente–. "Los gobernantes de las naciones tienen responsabilidades ineludibles. A ellos les gritamos: ¡deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte", exclamó.

Pero junto a eso, apeló también a que entre todos construyamos "la cultura del encuentro" a la que en tantas ocasiones se había referido su predecesor. "Existe una responsabilidad no menos importante para todos nosotros, hombres y mujeres de tantos países diferentes: una inmensa multitud que repudia la guerra, con hechos, no sólo con palabras. La oración nos compromete a convertir lo que queda de violencia en nuestros corazones y en nuestras mentes: convirtámonos a un Reino de paz que se construye día a día".

León XIV, en San Pedo durante la vigilia por la paz
León XIV, en San Pedo durante la vigilia por la paz | RD/Captura

"Volvamos a creer en el amor, en la moderación, en la buena política. Formémonos y comprometámonos en primera persona, cada uno respondiendo a su propia vocación. ¡Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz!", exhortó Robert F. Prevost, añadiendo que "necesitamos no dejarnos arrastrar por la aceleración de un mundo que no sabe qué persigue, para volver a servir al ritmo de la vida, a la armonía de la creación, y curar sus heridas", siendo "artesanos de la paz", señaló citando de nuevo al papa Francisco.

Finalmente, el Papa exhortó a los fieles de todo el mundo a que "regresemos a casa con este compromiso de orar siempre, sin cansarnos, y con una profunda conversión del corazón", sabedores de que "la Iglesia es un gran pueblo al servicio de la reconciliación y de la paz, que avanza sin vacilar, aun cuando el rechazo de la lógica bélica puede costarle incomprensión y desprecio", y que "anuncia el Evangelio de la paz y educa a obedecer a Dios antes que a los hombres, especialmente cuando se trata de la dignidad infinita de otros seres humanos, puesta en peligro por las continuas violaciones del derecho internacional". “Nunca más la guerra, aventura sin retorno; nunca más la guerra, espiral de lutos y de violencia", exclamó, citando la súplica de san Juan Pablo II, en otra oración por la paz en 1991.

Para concluir, León XIV invitó a dirigir al Señor la siguiente súplica

Señor Jesús, 

tú venciste a la muerte sin armas ni violencia: 

disolviste su poder con la fuerza de la paz. 

Concédenos tu paz, 

como a las mujeres asombradas en la mañana de Pascua, 

como a los discípulos escondidos y asustados. 

Envía tu Espíritu,  

aliento que da vida, que reconcilia,  

que convierte en hermanos y hermanas a los adversarios y enemigos. 

Inspíranos la confianza de María, tu madre, 

que con el corazón desgarrado estaba al pie de tu cruz,  

firme en la fe de que resucitarías. 

Que la locura de la guerra llegue a su fin 

y que la tierra sea cuidada y cultivada por quienes todavía  

saben engendrar, saben custodiar y saben amar la vida. 

¡Escúchanos, Señor de la vida! 

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