El Papa vuelve a pedir un "alto en fuego" y "diálogo" cuando se cumplen cuatro años de "la guerra contra Ucrania"
León XIV, en el ángelus, invita en este tiempo cuaresmal a renunciar "a lo superfluo y compartir lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario"
En este primer Domingo de Cuaresma, y tras la visita pastoral a la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en Via Marsala, donde presidió la Eucaristía y se reunió con representantes de los diversos grupos parroquiales, el Papa rememoró en el ángelus el pasaje evangélico de las tentaciones de Jesús en el desierto, donde "siente el peso de su humanidad" y "enfrenta la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas".
Un camino "exigente", reconoció León XIV, pero que durante la Cuaresma se convierte en "un itinerario resplandeciente" mediante el cual, y gracias a la oración, el ayuno y la limosna, "podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible".
"Existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder", advirtió el papa Prevost, y frente a lo cual invitó, siguiendo el consejo de san Pablo VI, a practicar la penitencia que, "al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros".
En este sentido, el Papa exhortó en esta Cuaresma a que se practique la penitencia "generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia". "Demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario".
Recuerdo al "martirizado pueblo ucraniano"
Al margen del texto de esta catequesis, el Papa, tras el rezo de la oración mariana, se refirió a los cuatro años que se cumplen "del inicio de la guerra contra Ucrania. ¡Cuántas víctimas, cuántas vidas y familias rotas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible! De verdad, toda guerra es una herida infligida a toda la familia humana. Deja tras de sí muerte, devastación y un camino de dolor que marca a generaciones".
"La paz –prosiguió– no puede ser postergada, es una exigencia urgente, debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables. Por ello, renuevo con fuerza mi llamamiento a que callen las armas, a que cesen los bombardeos, que se llegue a un alto el fuego y se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz".
"Invito a todos a unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por todos aquellos que sufren a causa de esta guerra y de cualquier conflicto en el mundo, para que pueda resplandecer en nuestros días el don de la paz", expresó el papa Prevost.
Las palabras del Papa
Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo!
Hoy, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos habla de Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto y es tentado por el diablo (cf. Mt 4,1-11). Después de ayunar durante cuarenta días, siente el peso de su humanidad: el hambre a nivel físico y las tentaciones del diablo a nivel moral. Enfrenta la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas.
La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.
Es verdad, se trata de un camino exigente, y existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder (cf. Mt 4,3-8). Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos.
Por eso, san Pablo VI enseñaba que la penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola en su camino hacia un horizonte «que tiene como término el amor y el abandono en el Señor» (Const. ap. Paenitemini, 17 febrero 1966, I). De hecho, la penitencia, al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros.
En este tiempo de gracia, practiquémosla generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia; demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario. Entonces, como dice san Agustín, “nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz” (cf. Sermón 206,3).
A la Virgen María, Madre que siempre asiste a sus hijos en la prueba, le confiamos nuestro camino cuaresmal.
