"La paz es una misión cotidiana": León XIV, al congreso de la Fundación Vaticana Juan Pablo I
(Agencia Fides).- «Custodiar la paz y promoverla es, una responsabilidad para cada uno de nosotros, y al mismo tiempo, una misión que debemos cultivar con paciencia en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana». Así lo ha recordado el papa León XIV en un telegrama cuyo texto ha leído el cardenal Pietro Parolin durante la apertura del congreso internacional de estudios «Juan Pablo I: Iustitia et Pax. Proteger y promover la paz en este mundo convulso», celebrado hoy, 13 de octubre, en la Pontificia Universidad Gregoriana.
Se trata del tercer congreso organizado por la Fundación Vaticana Juan Pablo I en esta Universidad. La jornada de estudio, ha subrayado Stefania Falasca, vicepresidenta de la Fundación, ha puesto de relieve la actualidad del magisterio del Papa Luciani, así como su fuerza espiritual y su intensidad profética ante los desafíos y las emergencias -como el sufrimiento que las guerras infligen a los pueblos- a los que la Iglesia está llamada a hacer frente en todas las épocas.
Los trabajos se han centrado en la enseñanza de Juan Pablo I sobre la paz y en la naturaleza de la acción diplomática de la Santa Sede. El secretario de Estado ha descrito esta última, a la luz de las palabras y la actuación de Juan Pablo I, como una labor que nace de una mirada de fe, no de la pretensión de ejercer un protagonismo geopolítico.
En su mensaje, León XIV vincula la construcción de la paz con el respeto a la persona y la justicia: «Somos plenamente conscientes de que la paz no es solo la ausencia de guerra. San Agustín habla de ella como fruto de la ‘tranquillitas ordinis’, la tranquilidad del orden. Presupone el respeto a la dignidad y a los derechos fundamentales de toda persona, así como la solidaridad entre los pueblos. Desde esta perspectiva, la justicia se convierte en una condición esencial».
El Pontífice señala en el magisterio del beato Juan Pablo I una enseñanza que interpela también la vida cotidiana: «El beato Juan Pablo I, con su lenguaje sencillo y directo, insistía en la necesidad de la implicación personal, la fraternidad y la caridad para construir relaciones humanas basadas en la confianza. La paz internacional nace en el ámbito familiar, en la escuela y en la comunidad, y se extiende después a las instituciones».
De ahí la invitación a no considerar la paz una cuestión reservada a los responsables políticos e institucionales. «Queridos hermanos y hermanas, considero que la enseñanza de Juan Pablo I puede releerse hoy como una invitación a no considerar la paz una idea abstracta, confiada únicamente a quienes tienen la alta responsabilidad de garantizar la estabilidad de las naciones y la armonía social», escribe León XIV. El mensaje recuerda asimismo la importancia de proteger a los más vulnerables, practicar el perdón, escuchar y reconocer al otro, educar para el diálogo sincero y devolver a la fraternidad una dimensión concreta en la vida eclesial, social y política.
El tema del congreso retoma el último de los seis «queremos» con los que Juan Pablo I delineó el programa de su pontificado en el radiomensaje ‘Urbi et Orbi’ del 27 de agosto de 1978, al día siguiente de su elección: «Queremos, finalmente, favorecer todas las iniciativas loables y buenas que puedan proteger y promover la paz en este mundo convulso». Cuarenta y ocho años después, Parolin ha subrayado que aquellas aspiraciones, aunque pertenecen a un contexto histórico concreto, siguen siendo «terriblemente actuales».
En su intervención, el secretario de Estado ha señalado dos líneas fundamentales del compromiso de Luciani con la paz durante los treinta y cuatro días de su pontificado: la atención a la controversia entre Chile y Argentina sobre la soberanía de las islas del canal de Beagle y el apoyo a las conversaciones de Camp David. Estas últimas, celebradas del 5 al 17 de septiembre de 1978, reunieron al presidente estadounidense Jimmy Carter, al presidente egipcio Anwar al-Sadat y al primer ministro israelí Menachem Begin.
La clave para comprender este compromiso, ha explicado Parolin, aparece ya en el discurso que Juan Pablo I dirigió al Cuerpo Diplomático el 31 de agosto de 1978. En aquella intervención, «Luciani, apartándose de la pretensión de ejercer un protagonismo geopolítico, define con precisión la naturaleza y la peculiaridad de la acción diplomática de la Santa Sede como una acción que brota de una mirada de fe». Las palabras del cardenal sitúan así la actividad diplomática del Papa Luciani en la línea de la Constitución conciliar ‘Gaudium et spes’ y del magisterio de Pablo VI: un servicio a la paz alimentado por la caridad, en el que la dimensión religiosa no está separada de la atención concreta a los conflictos y a las posibilidades de superarlos.
Las fuentes relativas a los contactos con el presidente de Estados Unidos también dan testimonio de esta preocupación. «Como documenta la edición crítica de los textos y documentos del pontificado, que incluye una sinopsis completa y la génesis de las intervenciones escritas y pronunciadas, preparada por el Comité Científico de la Fundación», ha recordado Parolin, «Juan Pablo I mantuvo un intercambio epistolar reservado y directo con el presidente Carter, así como un contacto constante con las cancillerías internacionales para favorecer la superación del conflicto árabe-israelí». El cardenal ha señalado asimismo que se ha recuperado el texto de una carta que Luciani dirigió al presidente estadounidense.
Junto a estos contactos reservados, Parolin ha recordado las intervenciones públicas de Juan Pablo I y, en particular, el Ángelus del 10 de septiembre de 1978, durante las negociaciones de Camp David, en el que invitó a rezar juntos por la paz. «Juan Pablo I desempeñó, por tanto, un papel de gran impacto simbólico y diplomático precisamente durante aquellas semanas de septiembre, en las que se estaba gestando el resultado positivo de los acuerdos de paz de Camp David, mediados por el presidente Carter», ha afirmado el secretario de Estado.
La reconstrucción de estos aspectos del pontificado se enmarca en la labor de investigación promovida por la Fundación Vaticana Juan Pablo I, instituida en febrero de 2020. Parolin ha recordado que la actividad de la Fundación da continuidad al trabajo de investigación sobre las fuentes realizado durante más de una década en el marco de la causa de canonización. El estudio crítico de los documentos y textos originales permite preservar el legado escrito de Albino Luciani y profundizar en su herencia teológica, eclesial, cultural y espiritual, abriendo una nueva etapa en los estudios sobre el pontífice.
Antes del comienzo de los trabajos, el cardenal ha anunciado el nombramiento del profesor Carlo Ossola como copresidente del Comité Científico de la Fundación Vaticana Juan Pablo I. Ossola contribuirá, en cumplimiento de los fines estatutarios, a definir las orientaciones científicas, culturales y editoriales de la Fundación, «con plena confianza en sus elevadas competencias científicas y con el deseo de que su labor al servicio de la Fundación y de la memoria de Juan Pablo I sea fecunda».