Philipe Ballot, arzobispo de Metz: "La frontera ya no es un lugar de separación, sino un lugar de encuentro"

"Recibir al Papa que, desde el comienzo de su pontificado, insiste en la paz «desarmada y desarmante», es tener ya la impresión de que nos anima a continuar lo que intentamos hacer desde hace años, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, es decir, ser hombres pacificados y pacificadores"

Philipe Ballot, arzobispo de Metz
Philipe Ballot, arzobispo de Metz | Vatican Media
26 ago 2026 - 08:13

(Jean-Charles Putzolu, Vatican News).- Dentro de un mes, día por día, León XIV comenzará su primer viaje a Francia. Previsto del 25 al 28 de septiembre próximo, el Sumo Pontífice visitará París, con una etapa en la sede de la Unesco, la organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura. También acudirá al santuario mariano de Lourdes el domingo 27 de septiembre y terminará su viaje apostólico al día siguiente con toda una jornada en Metz, en el este de Francia, no lejos de la frontera con Alemania.

Esta frontera, combatida durante el siglo pasado, se ha convertido hoy en un puente entre dos pueblos amigos, y en un signo de esperanza en un mundo desgarrado por las guerras, tentado por repliegues identitarios, por veleidades de dominación y sin una gran visión sobre el futuro. Es desde esta región fronteriza desde donde monseñor Philippe Ballot concede una entrevista a los medios vaticanos. El arzobispo de Metz comparte sus sentimientos ante la proximidad de la visita del Papa.

Pregunta. Monseñor Philippe Ballot, el Papa León XIV concluirá su viaje apostólico a Francia con una etapa en su diócesis el lunes 28 de septiembre. ¿Qué sintió al enterarse de que Metz figuraba entre las tres etapas nacionales junto a París y Lourdes?

Respuesta. Sentí mucha alegría y un poco de orgullo por los habitantes de Mosela y los habitantes de Metz debido a su historia. Es una tierra que ha conocido tres guerras, de las cuales dos fueron mundiales, dos anexiones y que, hoy, demuestra que es una tierra del encuentro, de la fraternidad. Los enemigos de antaño se han convertido en amigos. Cooperan en lugar de enfrentarse. Y la frontera ya no es un lugar de separación, sino un lugar de encuentro. Los vínculos con Alemania son muy hermosos. Por tanto, hay un mensaje muy fuerte. Recibir al Papa que, desde el comienzo de su pontificado, insiste en la paz «desarmada y desarmante», es tener ya la impresión de que nos anima a continuar lo que intentamos hacer desde hace años, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, es decir, ser hombres pacificados y pacificadores.

P. Es un verdadero mensaje para Europa, sobre todo en un momento en que el continente europeo se enfrenta a tensiones geopolíticas y repliegues identitarios. ¿Qué mensaje de unidad espera del Papa, desde esta tierra, como usted dice, fronteriza y de reconciliación?

R. Necesitamos estar en una actitud de escucha. Vemos hasta qué punto la paz es esencial cuando él la presentó, en el balcón el día de su elección, con estas palabras: «La paz esté con ustedes», ella es «la salvación de Cristo resucitado». Nos dice que esta paz nos viene de un hombre, el Hijo de Dios, que ha vencido a la muerte. Es una paz divina, una paz que hay que poder vivir. Nos da pistas en todo lo que hemos podido escuchar de él, explicando que esto pasa por el corazón de las personas que deciden trabajar, dialogar con el otro, comprender al otro, aceptar al otro, confiar en el otro.

P. El tema de este viaje es: «Para que el mundo tenga vida». Esto deja entender que la vida será también uno de los grandes temas de este viaje, un tema que resuena en Francia de una manera particular después de la adopción y promulgación de la legislación sobre la ayuda a morir...

R. A través de lo que el Papa ya ha dicho en torno a la vida, vemos que es capaz de hacernos comprender que cuando se trata de la vida, todo está relacionado. Hay que servir a la vida, hay que respetarla en su dignidad, que es constitutiva de la persona humana. Cuando está presente la vida humana, está presente la dignidad. Suprimirla es suprimir la dignidad, ya sea al principio, al final o en medio, cuando se deja, por ejemplo, que embarcaciones atraviesen un Mediterráneo que se transforma en cementerio.

P. En un plano más pragmático, la organización del viaje del Papa es un asunto logístico bastante importante, incluso inmenso, para una diócesis. ¿Qué puede decirnos de la movilización de la comunidad que le rodea y que le acompaña para la organización de este viaje, allí, en Mosela?

R. La movilización es total. Necesitábamos unos 1.000 voluntarios. Ya estamos por encima de esa cifra y la gente quiere participar, cualesquiera que sean sus convicciones religiosas. Las demás confesiones se alegran de su llegada y se sienten honradas. Se siente que la población está realmente conmovida por esta visita. Paralelamente, hay cuestiones de seguridad y de organización que resolver. Metz es una pequeña ciudad de 140.000 habitantes, 250.000 con la aglomeración. No disponemos de espacios inmensos, lo que obliga a una organización que permita a la gente participar plenamente, encontrarse a lo largo del recorrido. Invitamos a las personas a venir a saludar al Papa. Su presencia será algo único y estimulante. Y, finalmente, también será desde aquí desde donde partirá de Francia, y esto nos pone realmente en efervescencia.

P. ¿Qué dice esta movilización sobre la evolución de la Iglesia de Francia? Desde hace algunos años vemos que la llama de la fe vuelve a cobrar vigor en Francia, especialmente a través del número creciente de catecúmenos...

Está ocurriendo algo. Cuando llegué a mi diócesis, hace cuatro años, había 60 catecúmenos. Eran 80 al año siguiente y 200 el año pasado. Se siente que, cuando estamos cerca de la gente, los tocamos en cuestionamientos profundos que los habitan hoy, como los cambios climáticos y la inteligencia artificial. Muchos jóvenes, hasta los 25-30 años, vienen a decirme que no pueden responder por sí solos a estos cuestionamientos. Es una generación que toma conciencia de la dimensión religiosa de su vida. Tienen sed de acompañamiento. Hay que respetar eso. Hay que caminar con ellos, como decía el Papa Francisco. Son jóvenes que están muy atentos a lo que podemos decirles y al respeto que podemos tener hacia su propio camino.

P. ¿El desafío principal, para los pastores, no consiste en saber acompañar esta pequeña llama sin apagarla, sin soplar sobre ella...?

R. Exactamente. El riesgo, cuando soplamos sobre ella, es querer controlarla demasiado. Hay que acompañar a estos jóvenes, dejarles ocupar su lugar y no querer meterlos absolutamente en nuestros sistemas ya hechos. Digo a menudo que hace falta una pastoral de la presencia y de la relación. Cuando estamos presentes ante alguien, se establece una relación, tiene lugar el encuentro y puede entablarse un diálogo. Es una relación gratuita.

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