Todos estamos expuestos" La ambición de abusar y el riesgo de perder lo mejor

La tentación
La tentación

"Ninguno nos libramos de la tentación y, ésta es un parámetro para ver la realidad de nuestras debilidades. Al mismo tiempo nos permiten ver nuestras fortalezas para trascender. La tentación nos ayudará a ver de qué estamos hechos"

"Quien sólo mira para sí mismo, lo primero que perderá será el respeto por el otro como prójimo o de lo otro como creación. De ahí que la fuerza del dinero pueda estar movida por la avaricia y puede destruir la vida, la dignidad del otro"

"¿Cuántas familias, amistades y matrimonios se resquebrajan por el interés mayor de dinero? Jesús nos invita a ver en el dinero, tan lleno de injusticias, la posibilidad de la caridad "

"Por eso en la segunda lectura a Timoteo se nos invita a orar por todos, todos nos necesitamos, todos estamos expuestos, especialmente quienes ostentan una autoridad de gobierno en la sociedad"

Ninguno nos libramos de la tentación y, ésta es un parámetro para ver la realidad de nuestras debilidades. Al mismo tiempo nos permiten ver nuestras fortalezas para trascender. La tentación nos ayudará a ver de qué estamos hechos y de que somos capaces y de que no.

Quien está al frente de una a tarea o responsabilidad como en la parábola expuesta por Jesús en el evangelio de Lucas de este domingo 25 del tiempo ordinario, se encontrará en diversas tentaciones y será importante la conducción de principios y valores que podrán ayudar a una conducción equilibrada.

Quien sólo mira para sí mismo -que es lo que Jesús nos pide renunciar a uno mismo en el servicio del bien común- y se deja llevar por la avaricia en sus diferentes formas, lo primero que perderá será el respeto por el otro como prójimo o de lo otro como creación.

La primera lectura de este domingo del profeta Amó deja ver a quienes se dejan llevar por la avaricia y que no son capaces de vivir la vida en sus tiempos propios para pausar la existencia de forma serena y equilibrada. Por un lado, el pobre, necesitado de lo necesario, por otro lado, el negociante y más sobrado en bienes, que, ante esta realidad de necesidad del pobre, no sólo eleva precios sino disminuye las cantidades del producto que debe entregar en justicia, nos presenta un escenario con el cual nos encontramos en nuestra vida diaria en los diferentes ámbitos donde nos movemos.

La avaricia es una fuerza que no sabe respetar los bienes del otro, sabe sólo arrebatar quitando algo fundamental para la vida, desarrollo y convivencia de las personas, quita las oportunidades.

Crear oportunidades para todos es una misión noble que hay que enaltecer y facilitar porque es la posibilidad de desarrollo y descubrimiento de cada persona y, al mismo tiempo, deja ver cuáles son los aportes que cada persona puede ofrecer.

"La avaricia es una fuerza que no sabe respetar los bienes del otro, sabe sólo arrebatar quitando algo fundamental para la vida, desarrollo y convivencia de las personas, quita las oportunidades"

Hay quienes nacen en realidades favorables que les permiten tener mejores oportunidades y les dan garantías de un mejor bienestar; hay quienes logran con muchos esfuerzos generarse mejores oportunidades; pero hay quienes ni con los mejores esfuerzos o sacrificios logran tener la oportunidad justa que les permita revelarse en sus posibilidades para ser plenos y felices en esta vida.

De ahí que la fuerza del dinero pueda estar movida por la avaricia y puede destruir la vida, la dignidad del otro, como nos recuerda la primera lectura del profeta Amós o en el evangelio de Lucas donde Jesús nos dice: no puedes servir a Dios y al dinero; porque cuando el afán del dinero se posesiona de la persona no respeta la vida, la dignidad del otro.

De una forma sencilla, ¿de que le valió a Judas Iscariote ser elegido por Jesús como apóstol y ver todos los milagros que presencio del mismo Jesús? si acaba por traicionarlo y venderlo por 30 monedas de plata. No le fue suficiente estar a cargo de la bolsa de los dineros de la comunidad de Jesús y los discípulos, sino que quiso más, sabiendo que ya abusaba de esa administración, como nos recuerda el pasaje aquel donde dice que el perfume de nardo se podría haber vendido en trescientos denarios, porque su miraba estaba puesta en el dinero y no en los pobres.

¿Cuántas familias, amistades y matrimonios se resquebrajan por el interés mayor de dinero?

Jesús nos invita a ver en el dinero, tan lleno de injusticias, la posibilidad de la caridad en la forma de limosnas hacia los más necesitados quienes podrán recibirnos un día en el cielo.

Ante la parábola del mal administrador, que fue muy sagaz, Jesús nos está invitando a que la orientación del dinero sea en beneficio, ayuda y promoción de los necesitados.

El riesgo y cautividad de la avaricia es que tiene oprimida o ahorcada la generosidad, no le deja compartir, no le permite darse en desprendimiento.

Triste realidad, que al final de la vida cuando vemos que no nos llevamos nada, se agrega a la infelicidad o vacío mismo en la vida, la frustración de ver que no nos llevamos nada.

"Los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz porque los que pertenecen a la luz los mueve siempre el bien, se les considera tontos porque evitan abusar"

Queremos que la vida nos dé, que seamos bendecidos, que tengamos suerte o éxito pero con una incapacidad interna y externa de dar.

Los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz porque los que pertenecen a la luz los mueve siempre el bien, se les considera tontos porque evitan abusar. En cambio, el avaricioso de este mundo no tiene en lo alto el sumo bien, sino el dinero y su propio beneficio.

Por eso en la segunda lectura a Timoteo se nos invita a orar por todos, todos nos necesitamos, todos estamos expuestos, especialmente quienes ostentan una autoridad de gobierno en la sociedad.

Avaricia

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