Todo contribuye para el bien de los que aman a Dios
"Muchas veces en nuestros baúles que conservan nuestras cosas de la vida, nos falta hacer una limpia para quedarnos con los más valioso que nos debe hacer trascender y que aligere nuestro caminar"
En este domingo 17º del tiempo ordinario la liturgia de la palabra nos conduce para meditar en la importancia central de tener un corazón que ame, que sea un corazón lleno de sabiduría, que siga el camino de la prudencia, distinguiendo entre el bien y el mal para escoger siempre le camino de la justicia.
Así el rey Salomón pide esa sabiduría del corazón y Dios se la da junto con riqueza y gloria.
Salomón al dialogar con Dios en sueños, hace mención de que su padre David ha recibido misericordia por haber sido leal y actuado con justicia y rectitud.
- Distinguir entre el bien y el mal para no abusar y promover la justicia
El rey David aprendió a través de los profetas que no debía abusar de cuanto Dios le confiaba y Dios lo corrigió.
Mantenerse en justicia y rectitud delante de Dios significa nunca abusar y corregir delante de Dios cuando se ha abusado para seguir prosperando en el camino de la justicia.
Estar al frente del pueblo de Dios significa que Dios siga gobernando a través de sus siervos que se deben disponer a actuar con esa sabiduría, prudencia, justicia, rectitud y honradez.
Lo anterior hace posible que se tenga paz y que la comunidad pueda confiar en sus autoridades.
- Quedarnos con lo más valioso
En las parábolas que Jesús expone, según el evangelio de Mateo, se nos invita a priorizar y quedarnos con lo más valioso.
En el camino de la vida, caminamos parecido a esa red que se tira en el mar, que saca toda clase de peces, pero que cada uno se debe quedar con lo bueno y lo que da vida, con lo que da garantía de seguir creciendo, de ir adelante, de dar frutos.
¿Qué es lo que nos hace crecer y dar vida, con frutos abundantes?
Por eso debemos siempre dejar lo malo, lo que nos sirve para darnos vida ni dar frutos.
Quedarnos con lo valioso significa que siempre vamos sacando de nuestro tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.
Esto último nos significa una renovación de vida que siempre va creciendo.
Muchas veces en nuestros baúles que conservan nuestras cosas de la vida, nos falta hacer una limpia para quedarnos con los más valioso que nos debe hacer trascender y que aligere nuestro caminar.
Muchas veces cargamos con cosas y situaciones que hacen apesadumbrados nuestros pasos porque no hemos quitado lo que no nos hace bien.
El evangelio de hoy nos invita a desprendernos y vender de lo que haya que desprendernos y vender para quedarnos con el tesoro, con la perla, es decir, con lo más valioso.
Este es el camino de la sabiduría, de la prudencia, de la rectitud, de la justicia. Distinguir lo bueno de lo malo y quedarnos con lo bueno que trasciende y nos permite dar buenos y grandes frutos.
