"El Evangelio no puede traducirse directamente en artículos de Ley" Vox, como una organización religiosa

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"Logros reconocidos de Vox que no quiere adaptarse a los cambios de su entorno"

"El tercer Vox (Buxadé y Garriga, hombre del Opus Dei) se asemeja a una ‘organización religiosa’, que actúa, como ha subrayado Jiménez Losantos, con disciplina, sumisión, y obediencia al Papa"

"El catecismo de funcionamiento se concreta en no pensar ni opinar. Sólo obedecer. Lo que importa es el partido"

"El Evangelio puede inspirar una visión del mundo y por ende mover el ánimo a crear una sociedad más justa, pero no puede traducirse directamente en artículos de ley. Cuándo aceptará este criterio el mundo eclesiástico y quienes, en la acción política, se inspiran en él"

"Culpan a los demos de todos los males. Pero no se les ve que hayan ensayado una cierta introspección para contemplarse a sí mismos y valorar su propia responsabilidad para dar una respuesta eficaz al sanchismo"

Deseo iniciar estas reflexiones con un merecido reconocimiento a Vox por lo que ha hecho bastante mal. A mi entender, se han de mencionar, al respecto, logros indiscutibles: perder en Andalucía en medio de un gran ridículo y perder por goleada el 23-J en medio de un estrepitoso fracaso; traicionarse entre ellos con precipitación y alevosía; impedir el triunfo de la única alternativa al sanchismo; polarizar, enfrentar y dividir, al unísono con el sanchismo, a los españoles; evolucionar hacia una organización religiosa con desprecio del dicho de Charles Darwin: la especie más fuerte es la que mejor se adapta a los cambios de su entorno. Y así sigue y seguirá: camino del precipicio. Vamos, que, para este viaje, no se necesitaban tantas alforjas.

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Finiquitado el primer Vox, el de Vidal-Cuadras (Denaes), y el segundo, el de Abascal y su grupo dirigente disuelto, sólo se les ocurre montar un singular tercer Vox. El de Ignacio Buxadé, el hombre fuerte, e Ignacio Garriga, hombre del Opus Dei, como Secretario general. Y lo hacen imponiendo un catecismo de funcionamiento, explicitado mediante un artículo de prensa, ‘Tener opinión’, cuyo contenido ha llevado a Jiménez Losantos a afirmar que “es el manual de una organización religiosa que actúa con la disciplina de un ejército, al servicio del Papa, y en la que cada miembro debe ir a donde le manden los superiores perinde ac cadáver, como si fuera un muerto”. Diagnóstico muy acertado, sin duda.

No obstante, conviene subrayar -no sea que se enfaden- que están en su derecho a organizarse y funcionar como estimen oportuno. Personalmente, no me extraña lo más mínimo que hayan acabado como si fueran una organización religiosa al uso. Tenían y tienen dilatada experiencia. Sus dogmatismos, sus proclamas de poseer la verdad en todo, sus exigencias al resto de partidos y hasta su orientación ética encuentran eco favorable en sus seguidores. No en vano muchos de sus apoyos y votantes, como de sus dirigentes, militan, presuntamente, en la Iglesia católica del pasado y/o tienen que ver con alguna organización católica de carácter fundamentalista y radical. Legítimamente participan, en mi opinión, de un catolicismo entendido como religión de creencias, que tanto tiene que ver con la situación de la misma Iglesia y en el que, por supuesto, la sumisión y la obediencia son piezas claves del sistema. No así la libertad de los hijos de Dios (la libertad del Evangelio) a la hora de decidir y responsabilizarse de la propia vida (autonomía).

Yves Congar, ya denunció en 1937, ese sistema romano y clerical, que todavía pervive en buena parte del catolicismo actual y “en el que se esclaviza a las conciencias y las relaciones del alma con Dios parecen deducibles y controladas” (religión por procuración). Sistema en el que, presuntamente, se manipula la conciencia en base a la voluntad divina expresada mediante la voluntad de la autoridad. Sistema que se ha caracterizado, desde los tiempos más remotos, por marginar de hecho el Evangelio, que ya es decir, incluso en aspectos trascendentales y por expresarse, casi siempre, en términos de un dogmatismo impropio en estos tiempos. Pero, hoy por hoy, es lo que hay, salvo que se opte por el abandonismo. Ese es el mundo en que Vox encuentra su inspiración y su energía.

A fin de salir al paso ante la segura negación del planteamiento que han adoptado como organización política, ofrezco a los lectores algunas perlas más definitorias de su vademécum:

1). "Hoy en día parece triunfar el político que tiene opinión y efectivamente opina de todo. Aunque diga tonterías, o frases hechas. (…) Incluso, se ha llegado a afirmar que es valiente un político por decir cosas distintas de las de su partido; confundiendo valentía con desobediencia, libertad con deslealtad". Está muy claro: nada de opiniones, quieren obediencia y no se llevan bien con la libertad.

2). "No es necesario tener opinión en todo. Más aún, no es sano tener opinión en todo y de todo. En realidad, incluso, hay cosas sobre las que mejor no tener opinión (…). Lo que no es político no merece respuesta política. Aunque la pida el periodista o el tertuliano o el seguidor de la red social. O tu infinita vanidad. En política, la opinión es irrelevante. Es relevante la posición. En política debes posicionarte; no opinar". El ciudadano, en definitiva, no está llamado a pensar sino a obedecer. ¡Magnífico!

Obedecer

3). “El posicionamiento no es personal, sino político, y por ello comunitario o colectivo, y debe ser adoptado en el partido y por el partido. Así, que lo razonable, inteligente, prudente, sensato, es esperar a que el partido se posicione, esto es, afronte políticamente un hecho con efectos políticos. Si tú opinas o te posicionas antes, dañas al partido. Y a ti mismo, pues puedes quedar como un tonto y siempre como un listillo, que es la forma postmoderna de acreditar tontuna". El ciudadano, el individuo, es un cero a la izquierda. Ha de esperar y defender la posición del partido. Lo que importa es el partido. Como en la izquierda. Los extremos se tocan.

Esta posición ideológica en la manera de funcionar se completa, en un plano más sustantivo, con una orientación de carácter ético y, a veces, doctrinal de sus posicionamientos políticos. No aceptan que los Estados democráticos y las sociedades actuales hayan abrazado la laicidad. Con palabras de Claudio Magris, se lo diré de otro modo: “el Evangelio puede inspirar una visión del mundo y por ende mover el ánimo a crear una sociedad más justa, pero no puede traducirse directamente en artículos de  ley, como pretenden los aberrantes fundamentalistas de toda laya” (La historia no ha terminado. Ética, política, laicidad, Barcelona 2008, pág. 30). ¿Cuándo aprenderán este criterio y funcionarán en coherencia con el mismo? Me temo que para largo me lo fiais.

Esto es lo que hay. No hay que darle demasiadas vueltas. Con estos mimbres, es inútil pretender crear una alternativa al sanchismo. Siguen en el monte. Dan la impresión de no haber aprendido nada de sus fracasos. Siguen haciendo lo mismo: poner palos en las ruedas y haciendo y diciendo ‘tontunas’. No están preparados para gobernar. Una pena. Siguen culpando a los demás de todos los males. Pero no se les ve que hayan ensayado una cierta introspección para contemplarse a sí mismos y valorar su propia responsabilidad para dar una respuesta eficaz al sanchismo.

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